Mi Piel DÁmara

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Ce;da de criistal parte 1

Mi celda es en realidad un moderno cuarto con una decoración minimalista en la que predomina el tono blanco, y cuatro paredes de cristal resistente. También mi uniforme se reduce a una camiseta y pantalones sueltos color crema. Una película de luz casi invisible es la única prueba de los sensores que rodean los cristales por dentro para que no pueda tocarlos. De hacerlo, me quemaría la piel. Por fuera, decenas de rayos láser azules que van del techo al suelo crean un efecto de barrotes entre mi celda y los visitantes.

Cas y Drake me miran a través del vidrio, y deben estar preguntándose si poseo otros poderes ocultos, pues es totalmente innecesario internar a una dámara como yo en un lugar tan seguro.

—¿Tori? —me llama Cas dubitativa. Su voz resuena en mi celda a través de un sofisticado micrófono.

—Te escucho —confirmo. Se por mis padres que ella me oye con la misma calidad de sonido.

—Por dios, ¿es esto necesario? —exhala, echando un vistazo a mi alrededor.

Me cruzo de brazos y doy varios pasos hacia ellos, alejándome de mi cama. Hay un escritorio con una silla ergonómica justo frente al cristal, y tengo la costumbre de sentarme ahí cuando vienen a visitarme.

—Resulta que solo hay un tipo de celda en Dámara; y como los dámaros que acaban en la cárcel suelen poseer poderes más espectaculares que el mío, toda esta seguridad es por lo visto necesaria.

Uno de los guardias me ha entretenido toda la semana, contándome anécdotas de mis predecesores y sus intentos de fuga; y he visto cicatrices de aspecto variopinto entre los dámaros que vigilan las celdas.

—Me da igual que no tengan celdas normales, tu no deberías estar en ningún tipo de celda —espeta Cas, airada.

Tras echarle una mirada a Drake, le dedico una sonrisa triste a mi amiga.

—Puede que este sea el lugar ideal para mí.

—No digas tonterías. Evans...

—No lo menciones —le grito, mortalmente seria.

Los hermanos me contemplan con sorpresa ante mi brusco cambio de humor.

—No vuelvas a decir su nombre delante de mí —le ruego con firmeza. Intento suavizar mi expresión, al fin y al cabo, ella no tiene la culpa de que me rompieran el corazón, para años después coserlo sin anestesia con la única intención hacerlo añicos más pequeños.

He tenido mucho tiempo durante esa semana en mi celda para cuidar y alimentar las semillas de mi nuevo odio por Evans. Ha crecido como una bonita planta en las circunstancias de luz humedad y temperatura ideal. Ha echado raíces fuertes y robustas en lo más profundo de mi mente.

Me doy cuenta de que estos años atrás nunca llegué a odiarlo de veras. Excusé su abandono de nuestra amistad en algo necesario para ocupar su posición social en Dámara, y para no decepcionar a su familiar. Pero ahora, ahora que me ha engatusado hasta que me ha hecho enamorarme completamente de él, mintiéndome a la cara cada segundo de nuestros últimos días juntos...ahora mi odio es puramente odio. No queda resquicio de amor, y eso es mi mayor alivio. Le desprecio por ser capaz de torturarme cuando tengo un lado humano con sentimientos que él ha ignorado, e incluso utilizado en mi contra. Le desprecio por creer que tiene derecho a hacerme daño porque no tengo un puto poder que nuestra sociedad considere glorioso. Le desprecio por encerrarme por intentar limpiar las calles de escoria machista y violenta.

Él debe ser como ellos, para encarcelarme por esto. Evans está a la altura te Tim Lewis, metros por debajo del suelo que pisan mis botas; y me da igual que digan nuestras costumbres. Me niego a considerarme peor que él por las características de nuestras habilidades.

—¿Tori? —llama mi atención Drake, tiene los hombros encogidos y las cejas alzadas en el medio como si le asustara mi reacción. Me pregunto si le gustará verme encerrada, pagando por lo que le he hecho— ¿Nos preguntábamos si sabes dónde está?

Pestañeo ante su pregunta.

—¿Quién?

Drake esboza media sonrisa cohibida, y echa un vistazo rápido a su hermana, antes de encogerse de un hombro.

—Nos has prohibido que digamos su nombre.

Evans.

—¿A qué te refieres con que sí sé dónde está?

Cas se muerde el labio y da un paso hacia el cristal.

—Ha desaparecido, Tori. Nadie le ha visto desde que te encarcelaron —me explica, mirándome con seriedad—. Primero te denuncia y luego desaparece, es muy peculiar ¿no crees?

Frunzo el ceño y me mojo los labios. Tengo la boca reseca, pero la última cantimplora de agua que me han traído está vacía.

—No es la primera vez que desaparece...

—Pero...

—¡No quiero saber nada de él! —la interrumpo con un grito.

Cas y Drake se miran resignados.

—Hay algo más —comienza Drake con tono suave. Tiene una mano metida en el bolsillo del vaquero. Antes de proseguir echa un vistazo sobre su hombro—. Han encontrado aquién pertenecen las huellas dactilares que había en tu habitación la noche que dejaron al despojado atado a tu radiador.

—Los despojados no dejan huellas dactilares, tienen la piel arrancada —los contradigo confusa.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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