Mi Piel DÁmara

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Celda de cristal parte 2

Antes que pueda reaccionar ante las descabelladas palabras de Cas, Electric Blue resurge de entre las sombras y se aproxima a nosotros. Ahora entiendo a quién ha estado mirando Drake.

—Esperadme en el coche —se limita a decir, sin apartar sus ojos de mi.

Cas frunce el ceño, y sé que hay mucho más que quiere discutir conmigo pero no tengo ganas de hablar de nada de lo ocurrido, empezando por mis salidas a cazar violadores, de las que ella no sabía nada, hasta Evans. La conozco y sé que no va a parar hasta que me desahogue y lo saque todo de dentro, pero tengo miedo de abrir esa puerta. Tengo miedo a derrumbarme más allá de lo recuperable.

Por esa razón no protesto cuando Electric Blue los echa. Cas me mira dolida al ver que no voy a pedirle que se queda más tiempo, y Drake intercala una mirada ceñuda entre el joven y yo.

—¿Por qué a solas? —le susurra.

—¿Estas celoso? —inquiere Electric Blue sin apartar los ojos de mi.

Drake se encoge ligeramente ante la acusación y acaba por retirarse un tanto renuente.

Cuando se han ido, Electric Blue se aproxima aun más a los barrotes de láser de mi celda, me contempla con sus preciosos ojos azules y esboza media sonrisa. Lleva un gordo jersey de cuello alto, de un negro moteado de pequeñas partículas más claras. El tiempo ha debido cambiar fuera durante la semana que llevo aquí.

Todos los días me sacan a un patio exterior para que me ejercite y tome el sol, pero este dispone de una bóveda del mismo material que mi celda y la temperatura interior está controlada. Algunos de los presos pueden usar bajas o altas temperaturas como un arma.

—Cariño, ese color le da una elegancia regia a tu piel —me dice, pasando sus ojos por mi atuendo—. Si alguna vez atiendes una boda de la realeza de mi país, debes llevar algo en ese tono.

Sonrío a pesar de mi misma. Electric Blue no ha perdido su capacidad de decir siempre algo que no esperas en absoluto.

—Me sorprende que lo llames tu país. Eres dámaro, al fin y al cabo.

—Pero crecí en Glinen, y mi corazón es glinean —me corrige con otra sonrisa—. Tienes buen aspecto, no te tratan mal aquí ¿verdad?

Frunzo el ceño ante su pregunta. Si fuera otra persona hubiera creído que está simplemente charlando, pero Electric Blue no es así, y me da la impresión que el hecho de que esté bien cuidada le parece la prueba de algo.

—¿Qué tienes en la cabeza? —le preguntó directamente. Sé que es en vano, pero nunca me rendiré en intentar atisbar lo que pasa por esa magnífica mente.

Esta vez se ríe.

—¿A qué te gustaría saberlo? —me provoca—. Pero estás de suerte, hoy vengo a compartir mi mente contigo. Pero antes necesito entrar en esa celda y ponerte las manos encima. Lo he echado de menos, ¿sabes?

Electric Blue ignora mi perplejidad ante sus palabras y se vuelve hacia la zona cubierta por las sombras.

—¿Puede venir un momento? — Llama con su mano a uno de los guardias; y es mi amigo Harvey quien se acerca, y le dedica una mirada inquisitiva—. Quiero entrar ahí con ella.

Harvey frunce el ceño, contemplando a Electric Blue con una incipiente sonrisa. Debe estar preguntándose si bromea, pero Electric Blue no suele hablar por hablar. Él dice que lo que de verdad piensa hacer, o bien lo dice para que los demás reaccionemos de algún modo.

Cuando Harvey se da cuenta de que habla enserio, sacude la cabeza con media sonrisa sorprendida.

—No puedes entrar ahí, muchacho.

El rubio lo llama con un movimiento de dedo a que se le acerque un poco más. Cuando Harvey está justo frente a él, Electric Blue se inclina para susurrarle algo al oído.

El rostro de Harvey se vuelve pálido de repente, con los ojos muy abiertos contempla a Blue y después mira hacia la salida de la sala, también oculta por las sombras. Sé que tiene el poder de congelar a alguien e incapacitar su movimiento. Por eso trabaja en la prisión de Dámara, lo veo considerar la opción de congelar a Electric Blue, pero también veo el momento en que lo descarta.

Se saca un mando del bolsillo frontal del uniforme y desactiva los barrotes de laser azulado. Electric Blue le sonríe agradecido, como si no acabara de amenazarlo con algo, y se aproxima a la puerta de mi celda.

—Da dos pasos atrás —me ordena Harvey antes de abrir la puerta. Sabe que no soy peligrosa, pero todos ellos cumplen el protocolo de forma rigurosa.

Electric Blue entra en mi celda y Harvey cierra la puerta tras él, volviendo a activar el láser.

Me da un abrazo que me sienta de maravilla después de una semana sin contacto humano, ni si siquiera tras la tela de la ropa.

—¿Dónde está Evans cariño?

Aprieto los dientes y me aparto de él, para ir a sentarme en la cama. Electric Blue me sigue y se deja caer a mi lado.

—Dímelo tú —me limito a decir entre dientes, mientras me abrazo las rodillas contra el pecho.

—De verdad, no lo sabes —entiende, sorprendido—. Pensé que te lo diría antes de marcharse.

Suelto una risa nasal, y sacudo la cabeza.

—¿Por qué iba a decírmelo a mí?



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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