Mi Piel DÁmara

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El hombre invisible

 

No paro hasta que alcanzo ese dichoso estado de letargo en el que mi mente enciende el piloto automático y no profundiza en ningún pensamiento el tiempo suficiente como para que me afecte.

Mi boca está acolchada, mis labios adormecidos, y a penas soy consciente de la música que resuena en la oscura y abarrotada sala, donde luces blancas parpadean, mientras que rayos de colores cruzan la pista de baile, sobre una marea de cuerpos.

—¿Estás bien? —me grita Cas en el oído.

—Ahora sí —le indico, sonriente. Pero mi sonrisa debe ser menos cool de lo que pretendo porque ella me pone la mano en el hombro y me lo aprieta. ¿Por qué me consuela?

Evans.

Frunzo el ceño cuando cierto dámaro pasa por mi mente de refilón, quizá sea hora de pedir otra copa, antes de que mis pensamientos se vuelvan más claros. Pero cuando doy dos pasos hacia la barra vuelvo a tener la peculiar sensación de que alguien me observa. Miro a mi alrededor, después a la planta de arriba que asoma a la pista de baile, pero no veo ni un solo rostro familiar o sospechoso. Tampoco es que mi visión esté en plenas facultades.

—¿Qué ocurre? —indaga Cas, gritando en mi oído.

Llevo toda la noche con la sensación de que alguien me vigila, quiero decir. Pero lo que suelto en realidad es —Alguien me mira.

Cas se separa de mi, para mirarme con los ojos achicados y sé que no ha entendido nada. Me concentro en controlar el movimiento de mi boca en un nuevo intento.

—Alguien me está vigilando.

Mi amiga se pone sería y echa un vistazo a nuestro alrededor. Estamos rodeadas de parejas y tríos de bailarines que se menean al ritmo de la música y algunos al de sus lenguas y caricias.

—Ahora vengo —le grito y me encamino hacia la barra más cercana. Cuando regreso con media copa ya vaciada, Cas está hablando a gritos con Drake. Me pongo a su lado, dándole vueltas a mi bebida con la pajita.

Drake está engullendo una hamburguesa, que no tengo ni idea de dónde ha sacado.

—Acabamos de cenar, Drake —le recrimina Cas indignada. Después alza una ceja como si se hubiera dado cuenta de algo—. Has invisibilizado a Kyle con un beso...

Electric Blue aparece a espaldas del muchacho rodeándole la cintura con los brazos, y Drake niega con la cabeza mientras mastica.

—¿Entonces a quién... —Cas se calla de repente, y se queda mirando a su hermano con ojos entornados—Está aquí ¿verdad?

Drake traga de golpe y se limpia la boca con una servilleta arrugada que guardaba en la palma de su mano, mientras aparta la vista de su hermana.

Cas mira a nuestro alrededor y yo hago lo mismo conectando en ese momento con lo que está pasando. Sabía que alguien nos observaba.

Me coge de la mano.

—Drake, ¿cómo puedes ayudarle después de lo que ha hecho? —le grita mi amiga enfurecida. Me hace daño en la mano de lo fuerte que me la aprieta—. Dile que no se acerque a ella —termina y tira de mi hacia la salida del club.

Ambos chicos nos siguen fuera. Hay un grupo de cinco jóvenes fumando en la entrada, y dos chicos besándose sobre el capó de un coche.

—No puedo creerlo —suelta Cas enfurecida y me suelta la mano. Se vuelve hacia su hermano—. Voy a por el coche, vigílala.

Uno de los humanos del grupito me ofrece una calada de su cigarro. Niego con la cabeza y me mareo al hacerlo.

—¿Tan pronto te vas? —me pregunta antes de darle otra calada.

—Eres gay...— suelto.

El chico se ríe, dándose cuénta de que llevo unas copas de más.

—No, estoy aquí con unos amigos que sí lo son, pero yo soy hetero —me explica señalando el club de ambiente con un movimiento de cabeza.

—Te gusto —razono en alto.

Vuelve a reírse.

—¿Quieres que te traiga una botella de agua? —me pregunta.

Pestañeo dándome cuenta de que es un buen chico, y sus gestos son confiados. Emana buenas vibraciones, así que le sonrío.

—Ojalá pudiera.

—¿Ojala pudieras beber agua? —me pregunta entre extrañado y divertido.

Asiento, pensando que explicarle a qué me refiero es demasiado complicado.

El chico inclina la cabeza hacia un lado.

—Vale, tienes novio.

Niego con la cabeza.

—Eres lesbiana —prueba entonces.

—Hoy no.

El chico alza una ceja, y da un paso hacia mí.

—¿Entonces por qué no puedes...aceptar mi botella de agua? —me pregunta con una sonrisa ladeada.

Abro la boca sin saber bien qué voy a responderle, pero antes de que pueda decir nada, su hombro derecho se mueve hacia atrás y él pone una expresión entre sorprendida y asustada. Gira en un círculo, pero no hay nada en su proximidad, y entonces me mira con una ceja alzada.

Frunce el ceño y contemplándome con desconfianza recula hasta volver con sus amigos. Lo oigo susurrarles algo, pero la única palabra que entiendo es dámaros. Un instante después han desaparecido al interior del pub.

No es nada extraño que algunos humanos nos teman, y solo los más osados se atreven a salir de fiesta con nosotros.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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