Mi Piel DÁmara

Tamaño de fuente: - +

Ivah parte 1

 

 

Una vez leí que la resaca no es más que una deshidratación. Tu cerebro se encoge por la pérdida de líquido y al hacerse más pequeño comienza a chocar con las paredes del cráneo provocándote ese dolor de cabeza tan característico. Pues bien, cuando al día siguiente me levanto de la cama debo de tener el cerebro del tamaño de media nuez, porque parece un diminuto coche de choque dentro de mi gigantesco cráneo.

Hay varias cosas que necesito con urgencia: una ducha, lavarme los dientes para quitarme ese repugnante sabor de la boca y todo el agua que cabe en la piscina de los Armstrong. Hago una mueca mientras bajo las escaleras de mi casa, y esta vez es por acordarme de cierta familia en lugar de por mi malestar. Tengo que borrarlos de mi mente para siempre, pero primero necesito agua para que mi media nuez vuelva a tener el sano tamaño de los sesos de una mujer adulta.

Estoy llenando mi segundo vaso de agua mientras me arrepiento por haber bajado descalza, el suelo está helado, al igual que la planta baja, pues mis madres no están en casa y no nos podemos permitir usar la calefacción a la ligera.

—Tienes mal aspecto.

Doy un grito y se me cae el vaso sobre la encimera y acaba estrellándose en el suelo, y haciéndose añicos.

No sé como procesar todos estos hechos a la vez: hay una extraña en mi salón, y estoy descalza junto a un vaso roto; lo que me impide moverme con la velocidad que requiere el primer hecho. Me giro como puedo y miro a la joven que me ha hablado.

—Ivah —lo digo más para mí misma que a modo de saludo, pero ella lo entiende de otra forma.

—Sabes quién soy —nota en tono plano. Su acento Glinean es tan bonito como el de Electric Blue.

Pestañeo y miro mis pies.

—Espera, no te muevas —me pide entonces. Se aproxima a donde estoy en la cocina y se acuclilla junto a mí para coger los trozos más grandes de cristal.

—Ten cuidado con no tocar mis pies —le advierto, aunque una retorcida parte de mi, cree que sería la venganza perfecta si homosexualizara a la novia de Evans.

En lugar de apartarse horrorizada, Ivah se ríe, y me pregunta donde tengo la escoba y el recogedor. Es surrealista ver a la chica de Evans barrer a mi alrededor mientras no me muevo.

—¿Alguna vez has escuchado esa antigua superstición que dice que si te barren los pies jamás te casaras? —me pregunta divertida, mientras pasa el cepillo cerca de mis pies.

Frunce el ceño, preguntándome si es una retorcida amenaza, o si me está echando algo en cara, o si tal vez simplemente ha recordado eso y me lo está comentado.

—Mi abuela solía decirme eso —le respondo, decantándome por la tercera opción. No pienso ser la típica mujer que odia a la otra tipa cuando la única culpa es del hombre—. Pero en mi caso, no hace falta que me barran los pies. Ya nací con esa predicción.

Ivah alza la vista hacia mí, para echarme una mirada curiosa.

—¿Evans no te ha explicado mi poder? —me cuesta pronunciar su nombre, y más ante ella.

—Sí —se limita a admitir.

—Bueno, me imagino que lo habrá llamado maldición —me río sin humor.

Ivah sonríe, y me indica con la mano que ya puedo moverme.

—¿Tu lo llamas maldición? —me pregunta con curiosidad. Su rostro tiene algo infantil e inocente y a la vez sus ojos parecen ser los de una superviviente capaz de cualquier cosa por salir adelante.

Suelto una risa bufido.

—¿No lo llamarías tu maldición?

—Dependen de para quién —comienza y apoya los antebrazos en la barra de la cocina—. Para Ellie, tu poder es una bendición, ¿no crees? Sino no tendría el amor de tu madre. También lo es para mí.

Tardo un segundo en entender lo que me está diciendo. Es un poco triste pensar que solo puedes tener a un hombre porque otra mujer tiene una condición que les impide estar juntos, pero si a Ivah le vale, no soy quien para criticarlo. Sobre todo cuando no puedo evitar notar su barriga que está incluso más grande que en el video de Cas.

No me molesto en preguntarle cómo conoce a Ellie, sin duda ha debido ser ella quien le ha abierto la puerta.

—¿No se te ocurre nadie más para quién tu poder haya resultado una bendición? —vuelve a preguntar con genuina curiosidad.

Pienso en Electric Blue y lo prendado que está de Drake.

—Ah, así que hay más gente —deduce ella, por mi rostro—. ¿Reconoces entonces que nada es blanco o negro y que incluso tu poder ha traído cosas buenas a este mundo?

Suspiro, incapaz de saber cómo interpretar o manejar a esta muchacha. Me tiene completamente confusa.

—¿Por qué estás aquí Ivah?

—Soy tu niñera, mientras Evans se da una ducha y come algo. Ya sabes cuanto come... —me responde con una sonrisa.

Pestañeo incrédula. Evans ha enviado a su novia a vigilarme.

—¿Es que cree que voy a salir esta mañana a cazar violadores? —pregunto incrédula.

Ivah abre mucho los ojos.

—¿Es qué haces eso? —inquiera anonadada.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar