Mi Piel DÁmara

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Ivah parte 2

 

 

A pesar de lo joven que parece, Ivah tiene un Audi A4 recién matriculado aparcado frente a mi casa. Cuando la veo abrir el coche con un bip de su mando y rodearlo para entrar en el asiento de copiloto me quedo momentáneamente paralizada. Después no me queda otra que apresurarme en subirme al asiento del copiloto. Me maravillo con los detalles del salpicadero y la elegancia del interior. Sin duda, no es el modelo más bajo, sino el que venía con todos los extras del mercado.

—¿A qué te dedicas? —le pregunto curiosa cuando ya circulamos por las calles de mi barrio.

Ivah me lanza una rápida mirada de sorpresa, antes de regresar su atención a la pantalla del navegador insertada en su salpicadero.

—¿Evans no te ha hablado de mi en absoluto? —inquiere con cierta diversión y eso me hace apretar los dientes. Se me ocurre entonces que su relación probablemente tenga más de un mes, y que estuvieron juntos durante ese año en el que Evans estuvo fuera. Lo que me convierte a mí en la amante. La idea me revuelve el estómago y acaba por dejarme una sensación de culpa y repulsión hacia mí misma, pero me recuerdo que yo no sabía de su existencia y que por lo tanto no tengo la culpa.

¿Debería contarle a Ivah lo que ha habido entre Evans y yo desde que volvió de Glinen?

Tenemos que cuidarnos las unas a las otras.

Abro la boca al recordar su frase, pero mis ojos descienden a su abultado vientre, que casi le llega al volante, y decido tragarme la información junto con mi el sabor amargo en mi boca.

Ivah está diciendo algo sobre que Evans es demasiado responsable y que su disciplina le irrita. Su razonamiento debe estar relacionado con el hecho de que no me haya hablado de ella antes.

—¿Por qué estás acelerando tu embarazo? —Decido apartar la conversación de Evans. El semáforo en el que nos hemos detenido cambia a verde y ella arranca su flamante coche, pendiente del tráfico y los transeúntes.

—Porque me estoy muriendo.

Un momento de silencio sigue a esa confesión, en el que, yo contemplo su perfil, preguntándome si la he escuchado mal; mientras ella intercala su mirada entre la imagen del navegador que le indica cómo llegar al Parlamento y la calle, como si acabara de comentar que más tarde va a llover.

Cuando parece que no va a tener que desviarse durante un par de kilómetros, me echa un vistazo.

—Lo siento —me dice—. Tengo esa forma de soltar las cosas.

—No...yo, yo lo siento —tartamudeo, y contra todo pronóstico mis ojos se humedecen mientras me debato entre contemplarla bajo la luz de esa nueva información y mirar hacia otro lado avergonzada.

—Tengo cáncer de páncreas —continua, con voz suave—. Ya sabes, el que suele diagnosticarse demasiado tarde como para hacer nada. Hace año y medio que lo sé, por eso hablo de ello con esta frivolidad.

También sé que el cáncer de páncreas actúa rápido, y si hace año y medio que lo sabe... La palidez de su bonito rostro y las ojeras cobran peso en sus facciones ahora que lo sé.

—¿Los sanadores?

—Es tarde —me interrumpe, y para alguien que está hablando de su propia muerte, lo dice con admirable suavidad.

Estoy tan chocada que me siento tensa en el asiento y no sé qué decir o hacia dónde mirar, hasta que una idea cruza por mi mente. Electric Blue ha sido su vecino desde pequeños.

—¿Electric Blue no predijo tu enfermedad cuando eráis niños? —no puedo evitar indagar, aunque sepa que es inútil. La razón por la que el cáncer de páncreas es mortal, es por lo tarde que se diagnostica, pero de saberlo desde su niñez, sin duda podrían haberlo parado.

Ivah sonríe sin apartar la vista de la carretera.

—Electric Blue es la mayor ironía de mi vida —dice al fin, como si ya hubiera pensado en eso millones de veces—. El chico que creció a la puerta de alado de la mía podría haber salvado mi vida, si yo le hubiera dejado. Si yo lo hubiera sabido...supongo que soy una víctima más de nuestra estúpida sociedad. Una víctima más de la ansia de poder y el egoísmo de dámaros y humanos.

No entiendo a qué se refiere, pero no puedo hacerle más preguntas porque hemos llegado al aparcamiento del Parlamento y hay tantos automóviles en fila para aparcar que nos piden que bajemos. Han convocado a los teletransportadores para que hagan desaparecer los coches de los dámaros que van llegado. Los harán aparecer en algún descampado a las afueras de la ciudad donde no molesten. Es el procedimiento habitual cuando Yadra declara asistencia obligatoria.

 



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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