Mi Piel DÁmara

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Ivah parte 3

KAREN ARMSTRONG

 

 

Queridas lectoras, como sabéis estoy desarrollando las ideas de esta novela conforme escribo. Por esa razón habrá cosas que os suene a chino, como normas de la sociedad damara, lugares geográficos y menciones a animales con origen religioso. Gracias por vuestra paciencia.

 

El Parlamento dámaro es como un teatro clásico a la intemperie. Tiene capacidad para albergar a veinte mil personas, lo que solía ser suficiente en la época en la que se construyó, hace unos dos mil doscientos años; pero actualmente la población mundial ha crecido y los dámaros no somos una excepción. Por esa razón, hay decenas de cámaras grabando el interior para retransmitir lo que ocurre a los dámaros que no han sido convocados, por lejanía, trabajo, salud o falta de plazas.

A pesar, de lo milenario del edificio, ha sido reformado una treintena de veces, y ahora mismo es de lo más moderno. Conserva la forma redonda y los centenares de arcos superpuestos, pero en lugar de piedra arenosa, están hechos de yeso blanco intercalado con cristaleras azuladas.

Me encanta acudir al Parlamento, y no es porque tenga gustos extraños. Yadra se ha encargado de hacer de la pólitica algo atractivo para todos. Es por eso que no me sorprende escuchar Desert Rose de Sting cuado penetramos los arcos de una de las entradas. Millares de dámaros ocupan ya en interior repartidos en grupitos de distintos tamaños, aunque aun falte una hora para el discurso. Camareros humanos se pasean con bandejas cargadas de copas champán y cava, otros con aperitivos.

—Siempre me he preguntado por qué no usan inválidos en lugar de contratar a humanos para cosas como estas —me dice Ivah, mientras nos abrimos paso por el perímetro, directas hacia el patio central.

Nunca pensé que alguien como ella, una humana que vive en Glinen y que no puede tener más de dieciocho años se preocupara por cosas como esas.

—Si un inválido trabajara, para ganarse el pan en lugar de tener que depender de la caridad de su familiares se acabaría el mundo —le susurró con mi habitual tono sarcástico.

Ella me mira confusa, quizá preguntándose si hablo enserio. Aun no está acostumbrada a mis ironías.

—Lo digo enserio, los ciervos descenderían de las montañas para juzgarnos, y los leones correrían de la sabana para devorarnos a todos antes de la hora.

Es extraño hablar de religión y economía dámara con una humana, pero por otro lado ella ha crecido junto a Electric Blue, y sin duda también se relacionaba con Ozrrat. Quizá sepa tanto como yo de mi especie.

Hay un malabarista lanzando incontables bolas mientras escupe fuego por la boca, también él es humano.

—Yo soy prácticamente inválida —me atrevo a decirle, mirándola de reojo. Pensé que la odiaría en cuando abriera la boca, pero Ivah ha resultado ser alguién con quien puedo hablar como si fuera Cas—. Por lo de tener un poder que nadie quiere contratar...así que valoro tu idea de dar trabajos humanos a los inválidos. Odio pensar que tendré que vivir siempre de mis padres, siempre un carga...

—Y cuando ellos mueran, ni siquiera sabes quién va a estar ahí para darte de comer —termina por mí, y noto que odia esa noción incluso más que yo.

Asiento, reconsiderando que quizá con ella sea incluso más fácil hablar que con Cas. Parece entenderme a la perfección aunque seamos completamente distintas.

Cuando mis padres ya no estén, me quitaran la casa. Sin poder ofrecer mis servicios como dámara no tendré derecho a vivienda ni a paga. Dependo de que algún familiar lejano se apiade de mi, o podría acabar en albergues de beneficencia humanos como tantos inválidos sin conexiones.

—Estoy segura de que hay humanos que contratarían tus servicios —me corrige entonces con una sonrisa. Ivah le pide a un camarero una botella de agua, mientras considero sus palabras.

—Sin tan solo no fuera ilegal transformar heterosexuales en homosexuales porque alguien de su mismo sexo se ha encaprichado de ellos... —bromeo con tono soñador, y nos reímos.

—Recibirían un montón de llamadas para tocar a Adam Levine —me asegura, aun riendo.

—Adam Levine ¿eh? —inquiero apreciativa— ¿Es ese tu famoso favorito?

La idea de que el cantante de Maroon 5 no se parece en nada a Evans me recuerda con quién estoy hablando y tinta de amargo un momento que estaba siendo divertido.

—Sí, ¿quién es el tuyo?¿Con qué famoso te casarías? —me pregunta, intentando abrir la botella de agua sin éxito.

Se la quito de las manos, estas cosas son más fáciles con mis guantes.

—James McAvoy —respondo, devolviéndosela.

Ivah inclina la cabeza hacia un lado, y entorna los ojos.

—¿En serio? —su incredulidad está presente en el tono de voz.

—Lo sé... es delgaducho, pálido y bajito, pero no creo que jamás una se canse de estar junto a un hombre como él.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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