Mi Piel DÁmara

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Agradecidos parte 1

 

 

Si hay algo que siglos de historia dámara han dejado claro es que el populismo funciona.

Se nos han presentado tres opciones de voto:

1. Alguien capacitado para el puesto que parece saber de qué habla, y probablemente desperdiciar tu voto porque nunca va a salir electo.

2. Alguien cuyos cambios en educación y legislación van a solucionar, de forma lenta pero efectiva, fallos de nuestra sociedad, y cuyos resultados se harán visibles solo décadas más tarde.

3. Alguien que te promete tres lujosos días esquiando en las montañas de Gelia.

Por supuesto, la mayoría de los dámaros ha elegido la tercera opción. No es que el viaje vaya a solucionar sus problemas, pero la idea de ver un puto cambio inmediato con su voto es más tentadora que la idea de reeducar a toda la jodida sociedad para que deje de dar tanto asco. Eso, por supuesto, si crees que tu sociedad debe ser reeducada. Hay muchos que se creen perfectos y que el problema son otros, los inferiores.

Como consecuencia de ambas visiones, Timothy Fox es el nuevo miembro que completa el parlamento dámaro, y su nombramiento ha inclinado la balanza de poder de nuevo hacia los Armstrong. Yadra vuelve a estar en minoría y la muerte de millares de Bolidianos no ha servido de nada. La guerra entre la reina y los Armstrong ha vuelto al punto inicial. El punto que ha generado más muertes de las que puedo contar.

Claro que solo dos dámaros sabemos eso. El resto debe creer que ha votado lo correcto.

Tenemos a un fanático del elitismo dámaro con dos votos en el parlamento, y a una inmortal con una psicopatía ocasionada por los siglos de vida, dispuesta a arrasar toda una ciudad para quitárselo de encima. Debería estar respirando dentro de una bolsa de papel, preguntándome como vamos a controlar a Yadra y a Parker, pero en lugar de eso me estoy carcajeando conforme mi trineo baja veloz por la nieve.

—Tori, frena, ¡frena! —me grita Evans. Su brazo rodea mi cintura con fuerza mientras usa sus pies para crear resistencia contra la nieve. Me ha prometido que no va a usar su poder para sacarnos de esta. ¿Qué emoción tendría sino? La posibilidad de hacerme daño es lo que vuelve locas a las mariposas de mi estómago. Me pasa en un trineo y me pasa con él. Siempre ha sido así, el miedo a perderle, a que me hiciera daño. Si sabes con total seguridad que alguien siempre va a estar ahí para ti ¿se te acelera el pulso con su proximidad?

Cuando al fin volcamos de lado por su uso brusco del freno derecho, no puedo parar de reír a pesar de que me he golpeado el hombro en la caída.

—¡Estás loca! —me acusa Evans, pero cuando veo que tiene el pelo y la barba llenos de nieve me carcajeo de nuevo —. Ni siquiera has intentado frenar.

Tengo las piernas aun metidas en el trineo volcado, y la espalda sobre la nieve, pero mi acolchada ropa de montaña hace bien su trabajo. El hombro de Evans está enterrado junto al mío, mientras me mira ceñudo. Cuando levanto la mano y le sacudo la nieve de la barbilla sus ojos se ensanchan sorprendidos.

Le he medio perdonado.

Lo he hecho porque es parte de mi grupo de amigos y de mi vida, y estar enfadada con él no me gusta. El rencor por alguien a quien aún amas es peor para la salud que tragarse el orgullo. Procuro darle el mismo trato amistoso pero distante que le doy a Drake, y de alguna forma parece que eso le hace más daño que mi enfado.

Por supuesto, a Drake no le hago caricias en la nieve. Ni nos miremos en silencio con los ojos húmedos de la risa. Pero tirados sobre ese precioso manto blanco, en el relajante silencio de la montaña, es como si el resto de mundo no existiera. Ni los Armstrong, ni Ivah, ni su bebé...

Hasta que escucho el grito de Cas y la risa maquiavélica de Drake.

Evans carraspea y se incorpora, para inmediatamente ofrecerme su mano. Todos llevamos guantes ahí arriba, y eso me hace sentir normal por una vez.

El trineo de los hermanos López choca contra un árbol cercano a nosotros, y corremos hacia ellos para comprobar si están bien.

Aunque Cas está pálida como un fantasma, no tarda en reaccionar y empezar a darle golpes en el hombro a su hermano, quien se ríe tanto que acaba cayéndose del trineo.

—Vamos a buscar a Kyle —dice Drake, con innegables síntomas de abstinencia. Llevan dos horas separados y ya empieza a faltarle el aire. Electric Blue es un loco del snowboard por haberse criado cerca de las montañas del alto Glinen, y no hay forma de separarle de las pistas expertas. Mientras que yo nunca he esquiado al ser de categoría inválida con padres válidos. Cas y Drake se turnan para estar conmigo en las pistas de principiantes, y Evans...bueno Evans no se ha separado de mi ni un instante. Dice que no tiene ganas de esquiar, pero le he visto contemplar las bajadas difíciles con evidente anhelo.

Ivah, más embarazada y enferma cada día que pasa, se ha quedado abajo en el hotel del pueblo. Sus padres han venido de Glinen para cuidarla. Son una pareja encantadora y educada que me ha dado buenas vibraciones desde el principio.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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