Mi Piel DÁmara

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Agradecidos parte 3

 

Cuando paso por la apertura de mi cortina me detengo con una exclamación. Evans está sentado en el alféizar de mi ventana contemplando las preciosas vistas de la montaña de noche.

Lo miro boquiabierta y él se lleva un dedo a los labios, indicándome que no haga ruido. Nadie sabe que está ahí porque ha debido llegar antes que nosotros.

—¿Qué haces aquí? —pregunto en tono quedo.

Levanta la pantalla de su teléfono para mostrar mi mensaje.

No era mi intención hablar con él en persona, de noche y a solas en mi habitación. No era mi intención en absoluto.

—Me refería a que me llamaras, no a que te presentaras aquí —corrijo.

—El colchón que habéis pisoteado es el mío —me responde, y vuelve a mirar por la ventana.

¿Eso qué quiere decir?¿Que piensa compartir mi cama? ¡Ni de broma! Doy varios pasos hasta colocarme frente a él.

—Vete a tu alcoba.

—Creí que querías hablar.

—Hablaremos por la mañana.

—¿Y por qué no ahora? —Hay un brillo malicioso en sus ojos, como si supiera que me pone nerviosa estar tras esas cortinas con él, a oscuras, sin que nadie lo sepa. Aun suena el altavoz que hemos puesto al llegar, y la planta es lo suficientemente grande como para que no nos escuchen—. Ya lo hemos pospuesto demasiado, ¿no crees?

Entorno los ojos, preguntándome si soy yo, o todo lo que dice parece ir con segundas. Debe ser la sonrisa burlona en sus ojos.

Me quito los guantes bajo su atenta mirada. Si cree que después de todo lo que ha hecho y ocultado voy a desnudarme frente a él para su propio disfrute como aquella noche en mi habitación, ya puede ir despertando.

Pongo mi mano desnuda frente a su rostro en una muda amenaza.

—No quiero hablar contigo ahora.

Evans esboza una sonrisa ladeada, y pasa su ojos de la palma de mi mano a mi cara.

—¿Te da miedo estar conmigo de noche? —se burla en un susurro—. Quizá porque ya sabes como suele acabar.

Se me acelera el pulso, y exhalo sonoramente. Espero que piense que es por irritación.

Doy un paso más, colocando mi mano a escasos centímetros de su rostro, y alzo una ceja desafiante.

Evans suelta una suave risa antes de inclinarse y besarme la palma desnuda de la mano.

Soltando una exclamación de sorpresa, intento apartarla, pero él me sujeta. Sus cálidos dedos directamente sobre la fina piel de mi muñeca.

—¿Qué haces? —exhalo petrificada. ¿Es que se ha vuelto completamente loco? —Suél... —comienzo, pero se me atragantan las palabras cuando su pulgar empieza a rozar la cara interna de mi muñeca y la base de la de mi mano. Las cosquillas que provoca su piel en mi me dejan muda, y no soy capaz de reaccionar cuando vuelve a posar sus labios en el centro de mi palma. Va depositando besos lentos y deliberados por toda la superficie, subiendo por el interior de mis dedos, mientras mi corazón late frenético y mis rodillas ceden un poco hacia delante.

Pasa su brazo por mi cintura entonces y me apoya contra su pecho. Aun está sentado en alféizar de la venta, su perfil contra el cristal.

—¿Evans? —consigo soltar preocupada, sosteniéndome en una de sus rodillas dobladas.

—Por fin te puedo hacer esto, Baker —susurra contra mis boca y me besa. Sus labios tienen la temperatura ideal, y la suavidad contrasta con la fricción que ejerce su barba en mi piel. No tarda en profundizar el beso, dejándome probar la suavidad y el calor del interior de su boca, de su lengua contra la mía. Su forma de moverse, la velocidad y la fuerza es inmejorable, y me pregunto si alguien le ha entrenado en como besarme completamente a mi gusto, porque es un puto beso perfecto. Quiero ser besada así para el resto de mi vida...y a la vez, hay un leve recordatorio al fondo de mi mente de que no debería estar haciendo eso con él. Pero la idea no llega a convertirse en pensamiento, y no es hasta que el hueso de mi cadera choca contra el asiento de la ventana, que recupero la cordura. Empujo sus hombros para apartarme de él y dar dos pasos hacia atrás.

Veo cierta impaciencia en sus ojos, pero enseguida su rostro se transforma en una máscara de tranquilidad y deja caer los hombros rendido.

—Supongo que tienes preguntas —me dice sin aliento, y se pasa la mano por la nuca—. Por cierto, eso ha sido un beso alucinante.

Parece tan desconcertado como yo.

Asiento aun absorta en las sensaciones que acabo de experimentar. Nuestras respiraciones agitadas se despliegan entre nosotros ¿de qué me serviría negarlo?

Evans sacude la cabeza.

—Tenemos una química de la ostia, Baker.

Trago saliva imaginando todo lo que eso puede significar. Si tan solo un beso me ha puesto así...

Céntrate, Tori. No dejes que te distraiga con tentaciones.

—Supones bien... tengo muchas preguntas —me apresuro en soltar, cruzándome de brazos para recuperar algo de control sobre mí misma. Quizá sea mejor que me aparte un poco más de él, decido reculando hasta la cama—¿Por qué puedes tocarme ahora?

Evans se gira para darle la espalda a la ventana y que estemos enfrentados.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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