Mi Piel DÁmara

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Lo que decido ser

 

A parte de Evans y Karen, quienes ya parecen estar familiarizados con la recuperación de un despojado, Drake, Cas y yo nos hemos quedado completamente átonitos.

Ozrrat mira a la niña y deposita su mano en la coronilla, dejando un ristra de sangre en las hebras doradas.

—¿Qué ha pasado? —le pregunta, y a pesar de la sangra que lo cubre parece encontrarse bien.

—¡Vamonos! —apremia Evans, llamando a su hermana con la mano.

Karen coge a su vez la mano de Ozrrat observando al joven con más adoración de la que he visto nunca en su inanimado rostro y tira de él hacia nosotros.

—¿Qué...pero....cómo? —intento, pero Evans me coge del codo y me fuerza a moverme hacia delante. Una idea cruza por mi cabeza entonces y me paro en seco.

—Tienes que sacar a Electric Blue y que Karen lo cure.

Evans pone una mueca que no me gusta nada.

—No es posible, Tori. Lo siento —. Pasa su brazo por mi cintura para obligarme a avanzar.

No se lo pongo fácil.

—¿Cómo que no? ¡Acabo de verla hacerlo con mis putos ojos!

—¿Qué pasa? —pregunta Drake confuso—. ¿Dónde está Kyle?

—Está en el coche, te lo he dicho —mienta Cas, preocupado con la reacción de su hermano.

Me pongo a llorar. No puedo evitarlo. Solo de pensar que Electric Blue no está en el coche sino en ese sótano a punto de transformarse en un monstruo...solo de pensar en cómo se va a sentir Drake cuando lo sepa.

Evans me abraza y me alza en sus brazos.

—Lo siento —me susurra al oído.

—¿Qué pasa? ¡Me estáis mintiendo! —protesta Drake, intentando acercarse a mí. Le aparto la cara y hundo mi nariz en el pecho de Evans incapaz de dejar de llorar.

—Tenemos que salir de aquí, Drake —le grita Evans intransigente.

Pero cuando llegamos al sitio donde lo habían dejado no hay rastro del automóvil.

—¡Serán hijos de puta! —grita Cas, indignada.

—Tenían niños con ellos, les ha entrado el pánico —los excusa Evans, totalmente derrotado.

—Tenemos que ir hacia los telesillas —propongo entre lágrimas, obligándolo a ponerme en el suelo.

Miro a Ozrrat mistificada por su presencia entre nosotros.

—¿No tienes frío? —le pregunto, dándome cuenta de que solo lleva una especie de chándal blanco que está rosado por toda la sangre.

—Le pongo esa ropa para identificarle entre los demás —me explica Karen, siguiendo la dirección de mis ojos. Aunque ya no van de la mano, la niña no se aparta de él.

Quiero hacerle tantas preguntas, pero Evans nos pone en marcha. Él podría simplemente alcanzar el telesillas en unos segundos pero se queda junto a nosotros y avanza a nuestro paso.

—Estamos a unos diez minutos de allí —jadea cuando apenas hemos empezado a caminar. la nieve y el hielo nos ralentiza y el pobre Ozrrat ni siquiera va vestido para la montaña, pero no se queja ni una sola vez.

—¿Le ha pasado algo verdad? —el tono de súplica de Drake me parte el corazón—. El despojado le ha matado, ¡decídmelo! —chilla de pronto.

Ozrrat lo mira con gravedad, y parece alarmado.

—¿Qué despojado? —pregunta y mira a Karen con desconfianza.

—Ha sido un accidente —se excusa la niña, y casi a la vez se escurre en la nieve.

Ozrrat se apresura en levantarla. A pesar de que parece colérico, le sacude la nieve de las rodillas.

—¿Qué has hecho Karen?

—Sí, ¿qué cojones has hecho? —le grita Drake fuera de sí.

Karen se esconde detrás de Ozrrat. Se me ocurre que quizá la niña pueda transformarlo de vuelta en despojado cuando quiera y que Drake no tiene ni idea de a qué se está enfrentando.

—¡Basta! —grita Evans entonces—. No quiero ni una puta discusión más hasta que estemos todos a salvo.

Caminamos con los tobillos hundiéndose en la nieve todo lo rápido que podemos hasta que llegamos a una carretera y se hace más rápido el avance. De pronto veo el hilo del telesillas en el horizonte.

—Ahí está —exclamo apuntando esperanzada.

Las sillas están paradas en lo alto porque aun no empezado a funcionar. Avanzamos hasta colocarnos justo debajo de las fuertes cuerdas negras por las que se conduce sujero de las pequeñas ruedas.

—Bien, voy a levantaros uno por uno —nos informa Evans. Alza a Cas hasta sentarla en una de las sillas, después a Drake y lo coloca junto a ella. Después me lanza a mi por los aires hasta sentarme en la silla contigua y hace lo propio con Ozrrat, colocando al muchacho a mi lado.

Es entonces desde mi posición privilegiada en la altura que los veo llegar.

—Evans, vienen —le grito, señalando el horizonte. Avanzan monstruosamente rápidos repletos de energía dámara hacia nosotros. Nos huelen, y ahora están lo suficientemente cerca como para vernos también, lo que los hace aumentar la velocidad.

Evans se apresura en subir a su hermana y después intenta impulsarse a sí mismo para llegar a la silla. Debe estar agotado por tanta telequinesis pero para cuando los despojados estan bajo nuestros pies, estamos todos en los alto.



Beca Aberdeen

Editado: 12.02.2019

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