Mi Plan B

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Capítulo 2. No me esperaba eso.

 

Tenía trece años cuando di mi primer beso. Nunca me podría haber imaginado que sucedería de esa manera. Siempre pensé que sería con Caleb, y algo muy romántico, como las estúpidas películas de princesas que solía ver de pequeña. 
Mi hermano y Mateo tenían catorce en ese entonces, ellos ya habían besado chicas antes, al menos, según lo que ellos decían. Pero Caleb y yo aún no habíamos besado a nadie, por lo que ellos dos solían molestarnos para que nos demos nuestro primer beso. Pero nunca pasó. Cuando ellos lo sugerían Caleb solo sonreía y cambiaba de tema, lo que me hizo sospechar que el me quería como a una hermana. Ya que para ese entonces, habíamos pasado siete veranos juntos, y los cuatro éramos inseparables cuando nos veíamos.

Aún puedo recordar cada detalle y cada acción que me llevó a ese primer beso.

Como niños tontos que éramos, decidimos ir a un cementerio de noche, en busca de fantasmas. Por supuesto, la idea fué de Mateo. 
Al principio todo iba bien, caminando entre las tumbas en las oscuridad nos sentíamos invencibles. 
Pero resulta que ir al cementerio no era el único plan que Mateo tenía para esa noche. En un momento determinado, el desapareció, por lo que empezamos a buscarlo desesperados. 
Hasta que llegamos a una tumba que estaba semi abierta, y por curiosidad no pudimos evitar mirar que había dentro. En ese momento, Mateo salió detrás de la tumba, dándome, probablemente el susto más grande que me he llevado. En ese momento no me di cuenta que era el y de un momento a otro me encontraba corriendo sola por un cementerio en medio de la noche. Cuando me detuve y quise volver junto a los chicos, estaba perdida.

Inevitablemente comencé a llorar como un bebé, y para mi pesar, los ruidos de la noche, solo hacían que tenga más miedo.

Hasta que en un momento, una silueta apareció frente a mi. Corriendo, agitado y desesperado, Mateo se dejó caer a mi lado.

-¿Estas bien? Lo siento Ali, perdóname-suplicó.

Mi única reacción fué abrazarlo, y sentirme segura entre los brazos de alguien familiar. El me abrazó con fuerza y susurró a mi oído cuanto lo sentía. Dulcemente, limpió mis lágrimas y me tomó la mano.

-Eres un idiota-afirmé, entre sollozos.

Y justo cuando levanté mi mano para darle una bofetada, el se acercó a mi y me dió un beso en los labios. 
Sentí mi cuerpo debilitarse ante la dulzura de aquel momento y pude calmarme.

-Lo siento por eso también-rió.

Justo en ese momento mi hermano y Caleb aparecieron, también habían corrido hasta aquí, ellos se veían agitados y preocupados, y cuando me vieron se vieron aliviados. 
Me alejé de Mateo y me lancé sobre los brazos de Caleb, que me abrazó fuerte por un momento, y no me soltó la mano hasta que volvimos a casa de Estela. 
Mateo y yo nunca volvimos a hablar de lo acontecido. Creo que nadie sabe que el fué mi primer beso. 
Es nuestro secreto. Uno de los tantos que tengo con los chicos.

~~~~~~~~~~~~~~~

Cuando terminamos las cervezas volvimos a casa de Estela. Fué agradable pasar la primer noche aquí en el arroyo junto a los muchachos. 
Volví a la casa sujetada a Caleb, como si fuera un ebrio al que llevan a casa.

Algo se sentía diferente entre el y yo. 
El me miraba diferente esta vez. Tal vez este verano tenga la oportunidad de probar sus labios. 
Cuando estábamos llegando a la casa, el tomó mi mano, y mientras mi hermano y Mateo hablaban de universidades, el no dejaba de verme a los ojos, sonriendo. 
Comencé a dibujar círculos en la palma de su mano con mis dedos y el se acercó más a mi.

Mateo se dió cuando de que estábamos teniendo un momento, y como siempre, tuvo que arruinarlo. Sólo que esta vez, lo que diría, no me lo esperaba ni de casualidad.

-Mañana deberías presentarles a Daniela-dijo a Su hermano. Caleb se puso tenso de inmediato y soltó mi mano.

-Si, claro-dijo, y tragó con dificultad.

Se veía incómodo y nervioso. Supe en ese instante que era eso lo que el tenia para decirme, pero que por algún motivo no se había animado a decírmelo.

Quería morirme ahi mismo. De repente todas mis esperanzas se desvanecieron y mi corazón dolió. De pronto tuve la sensación de que este verano sería horrible, ya no quería estar allí.

Como pude, disimulé mi malestar y sonriendo débilmente, miré a Caleb. Que aguardaba por mi reacción, como si el supiera. Como si supiera lo que yo sentía. O tal vez pudo oír a mi corazón romperse en mil pedazos ante las novedades de su vida amorosa.

-No me dijiste que tenías novia-dije,y por el rabillo del ojo vi que mi hermano me miraba con preocupación y detenimiento.

-Iba a contarte pronto. Mañana podrán conocerla. Salimos desde hace unos meses. Es una chica muy especial. Se llevarán bien. Y ojalá, sean buenas amigas.

Cada palabra que salía de su boca era como un puñal en mi pecho. Tenía ganas de salir corriendo. Pero no quería hacer una escena, y darle el gusto a Mateo de ver como me había fastidiado.

-Eso sería genial-mentí, con la más falsa de mis sonrisas y luego apuré el paso, quería llegar a la casa cuando antes, para poder llorar en mi cama.

Lo sé. Soy patética.

Todos permanecían en silencio detrás de mi.

-Deberíamos encontrarle un novio a Ali, para que pueda dar su primer beso-bromeó Mateo y me detuve en medio de la calle. Me di la vuelta y lo fulminé con la mirada.

-No te preocupes por mi vida amorosa, no es de tu incumbencia. Y además, ya es tarde para mi primer beso, ya que un idiota alguna vez me lo robó y me quitó la oportunidad de dárselo a quien yo quería.

-No pudo haber sido tan malo Ali.

-Fué lo más horrible que me sucedió-dije,para herirlo, y luego entré a la casa, sin mirar atrás.

Rápidamente entré a mi cuarto y me dejé caer en la cama, golpeando mi rostro contra la almohada por sentirme tan estúpida de haber creído que este verano tendría una oportunidad con Caleb. Yo no le gusto, y nunca le gustaré. De haber sido así, alguna vez, en todos estos veranos, me hubiera insinuado algo.



Emi Castillo

Editado: 17.10.2019

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