Mi Plan B

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Capítulo 4. Confundida.

 

Me desperté con el peor dolor de cabeza de mi vida. Nunca volveré a tomar Tequila. Me sentía fatal. 
Hasta que recordé lo bien que la había pasado junto a Mateo. Recordé el bar, como bebimos y bailamos toda la noche y el beso.

Maldición. Mateo y yo nos besamos anoche. 
Aunque ahora que lo pienso, no estuvo tan mal. Podría enamorarme de alguien que me bese así, pero no de Mateo, nunca podría enamorarme de él.

-Arriba dormilona-gritó Caleb, tras la puerta.

-Ya, déjame dormir.

El entró a la habitación.

-Ya levántate Ali, es un día precioso. Hoy Daniela estará con sus amigas todo el día. Tengo el día libre y me gustaría pasarlo contigo. Hace mucho que no hacemos algo juntos.

Genial. Soy su segunda opción.

-No lo sé. Me duele mucho la cabeza.

-Por favor Ali-el sonrió.

¿Quién podría decirle que no?

-Esta bien. Dejame ducharme.

-Esta bien. Te espero abajo. Mamá y Maria se han ido, y nuestros hermanos aún duermen. Voy a preparar unos mates para nosotros.

-Genial.

De inmediato pensé en Mateo. 
¿Estará arrepentido de haberme besado? ¿Por qué lo hizo? Se que yo jamás podría gustarle. 
Tanto a Mateo como a mi hermano, siempre le han gustado esas chicas que son como muñecas. Con rostros y cuerpos perfectos. Lo que yo llamo "barbies"

Rápidamente lo quité de mi mente y me duche. 
Me puse un short ajustado y una musculosa. No sin antes ponerme la bikini debajo.

Caleb tenía el mate listo para tomar conmigo. Se veía tan tierno esperándome. 
Mi corazón volvió a doler. Pensando en todo eso que amo en el, que nunca será mío.

-Oye. ¿Por qué esa cara?

-No es nada.

-¿Saliste con Mateo anoche, verdad?-el tono de su voz cambió de repente y su rostro se volvió serio.

-Así es. La pasamos bien.

-Imagino que si. Pero ten cuidado Ali, no deberías haber bebido tanto. Se nota que tienes resaca a kilómetros de distancia.

-Tu no eres mi padre.

-Lo sé. Pero me preocupo por ti.

-Te eché tanto de menos-me coloqué detrás de él y mis brazos envolvieron su cuello.

-Y yo a ti preciosa. Siempre pienso en ti.

Eso no me lo esperaba.

-¿Ah si?

-Claro que sí. Siempre hablamos de ti y de Santi, con Mateo. Es horrible que estén tan lejos.

En ese momento, un Mateo despeinado, con resaca y en ropa interior entró a la cocina.

-¿Interrumpo algo?-por su tono de voz supe que estaba malhumorado.

-¿Qué dices tonto? ¿Cómo estás?-pregunté. Y me alejé de Caleb,volviendo a mi lugar.

-¿Te importa?

-Hey-dijo Caleb.

-¿Qué te sucede?-pregunté desorientada, ante su mal trato Repentino.

-Solo tengo resaca. Estoy bien.

Sacó una botella de agua de la heladera y volvió a su habitación.

-No dejes que te afecte. Sabes como es el.

-Lo sé. ¿Adónde iremos?

-Ya verás.

Unos minutos más tarde nos encontrábamos esperando el autobús. Que nos llevaba hacia las sierras más altas donde se encontraban todos los atractivos turísticos.

<<Genial>>pensé. Si hay algo que me gusta es disfrutar de la naturaleza y conocer los diferentes paisajes, y más si lo hago junto a Caleb, el amor de mi vida.

El viaje en autobús habrá durado al rededor de una hora. El no dejaba de hablar de su último año escolar, de sus ganas de ir a la universidad y de sus sueños y metas. Yo solo podía contemplarlo hablar con fascinación. De a momentos me sonreía y tomaba mi mano como si fuera mi novio, y yo no podía sentirme más feliz. 
Aunque sabía que estaba engañandome a mi misma, me permití disfrutarlo igual.

Finalmente llegamos a destino y nos colocamos al final de una larga cola de personas que esperaban su turno. Cuando levanté la vista, vi un maravilloso e infinito paisaje frente a mi. Y las aerosillas a las que cargaban a la gente.

-Oh Caleb. Esto es genial.

-Sabía que te gustaría. Y espera a subirte a ellas. Es maravilloso.

-Admito que me da un poco de vértigo, pero quiero hacerlo.

-Oye, no debes tener miedo. Estas conmigo Ali. Yo te cuidaré.

-Lo sé-le dediqué una sonrisa, y me atreví a tomar su mano.

La experiencia fué maravillosa. Nunca, en todos los veranos que pasé aquí. Había subido a una aerosilla. Es increíble lo pequeño que se ve todo desde aquí arriba. Lo insignificante que parecemos ante la naturaleza, infinita y hermosa.

-¿Has venido antes?

-Así es. Vine con.. Daniela.

Oh no. ¿Por qué tuvo que nombrarla?

-Ahh.

-¿Estas bien? Luces algo pálida.

-Estoy bien-mentí.

Al terminar el paseo en aerosilla, fuimos a almorzar a un pequeño restaurante que había en la parte más baja de la sierra.

-Eres maravillosa-afirmó el, despertandome de mis pensamientos, cuando comía un pedazo de pizza.

-No lo soy.

-Ali. Eres la chica más increíble que conozco.

-Y tu eres la persona más maravillosa en este mundo para mi-confesé. A lo que respondió con una enorme sonrisa.

-¿Puedo preguntarte algo?

-Claro.

-¿Te gusta Mateo?

¿QUÉ?

-¿Por qué me preguntas eso? Claro que no.

El suspiró aliviado.

-Mejor. El no es el indicado para ti.

-Pues parece que nadie lo es-admiti, apenada.

-No digas eso-el acarició mi mejilla, haciendo que mi corazón de un brinco.

No pude evitar observar sus labios. 
A los que tanto deseaba besar. 
Si tan solo tuviera una oportunidad con el. Si tan solo fuera mío. 
¿Por qué tuve que enamorarme de él?

Comenzó a acercarse a mi lentamente desde su lugar. Podría jurar que iba a besarme. Nunca habíamos tenido um momento así con el. 
Hasta que su celular sonó por un mensaje y eso me trajo a la realidad bruscamente, y al parecer a el también, ya que se vio incómodo de pronto.

-Ya deberíamos volver. Pronto va a anochecer.

-Volvamos a casa.

El viaje de vuelta a casa en autobús fue deprimente. Ninguno dijo una palabra y no volvimos a tomarnos de la mano.



Emi Castillo

Editado: 17.10.2019

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