Mi Plan B

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Capítulo 5. La Histeria de Caleb.

 

Mi madre, Estela y mi hermano se fueron a la cama. En cambio yo, decidí sentarme afuera, en el patio, un rato. 
Mateo salió detrás de mi.

-Es una hermosa noche. ¿Verdad?

-Así es. Maravillosa. El cielo se ve diferente aquí, sin las luces de la ciudad arruinando la escena.

-Nunca voy a entender porque no se mudaron aquí. Sería genial tenerlos cerca.

-¿Por qué? ¿Nos echas de menos? Vamos, puedes decírmelo, no se lo diré a nadie-bromee.

-Jaja que graciosa eres-bufó, con sarcasmo. Y luego encendió un cigarrillo.

-No deberías hacer eso.

-No eres mi madre Ali.

-Dame una pitada.

-Ni loco.

-Oyee, dale.

-Esta bien. Solo una-el me pasó el cigarrillo y le di una pequeña pitada. El humo hizo que me ahogue y le brinde a Mateo un patético show gratuito. El rompió a carcajadas.

-¿Qué hicieron con Caleb hoy?

-Me llevó a las aerosillas-di un suspiro atontada-fué maravilloso.

-Deberías limpiarte. Tienes baba aquí-dijo, señalando mi mejilla.

-Eres un idiota.

-Tu eres la idiota, sigues enamorada de él, sabiendo que tiene novia, y que si le gustaras ya hubiera intentado algo contigo hace años.

-Ouch. Eso dolió. No hace falta que seas tan directo.

-Lo siento. Realmente me enfada ver como juega contigo. No se que pretende.

-Solo somos amigos. No creo que el tenga otro interés en mi-admiti apenada.

Se hizo un largo e incómodo silencio entre nosotros.

-Oye, ¿que querías decirme esta noche cuando nuestras madres llegaron?-interrogué, y mi pregunta lo tomó por sorpresa. Parecía nervioso.

-Oh no lo recuerdo. Seguro no era nada importante. Ya deberíamos ir a dormir.

-Es verdad, ve tu, yo iré en un momento.

-Esta bien. Hasta mañana Ali.

-Adiós-sonreí.

Unos minutos más tarde decidí irme a la cama, pero antes fui a la cocina en busca de un vaso de agua. 
En ese momento, Caleb entró a la casa.

El atravesó la puerta y se chocó el sofá, luego comenzó a reír.
Ahí me di cuenta de que estaba borracho.

-Hey ¿estas bien?

-Ali. ¿Qué hacesssss aquí princeeeesa?

Definitivamente esta borracho.

-Nada, ya me iba a dormir. Pero creo que no te sientes muy bien. ¿Quieres un vaso de agua o un té?

-Estoy bien hermosa-el se acercó peligrosamente a mi y tomó un mechón de mi cabello.

-Dios. Hueles delicioso.

-Caleb...

-¿Alguna vez te he dicho cuanto me gustas?

-¿Eh? ¿Qué estás diciendo? Estas borracho.

-Lo estoy, probablemente me arrepienta de esto en la mañana.

-¿Arrepentirte de qué?

-De esto-el tomó mi rostro y comenzó a besarme con pasión. Sus labios sabían a vino mezclado con refresco.

Esto no era real. Caleb estaba besandome. Nunca en mil años hubiera imaginado que sería en esta circunstancias, pero fué perfecto. A pesar de su estado.

-Eres hermosa-dijo, cuando se separó de mi-ahora me iré a dormir ¿dormirías conmigo?

-Estas loco. Ve a dormir de una vez.

El rió y tiró un beso al aire, luego subió las escaleras.

Yo permanecí unos minutos abajo. Tocando mis labios, recordando el instante en el que me besó.

Nunca me hubiera imaginado que el me besaria estando borracho, pero ahora sabía que yo le gustaba, al menos lo suficiente para besarme aunque tenga novia. 
Sonriendo y tocando mis labios como tonta, no me percaté de que alguien me estaba observando, ya que escuché un ruido en las escaleras. Pero cuando fui hacia allí. No había nadie. 
Me pregunto quien me habrá visto.

Finalmente me fui a dormir, con el sabor de los labios de Caleb aún en los míos.

Cuando desperté era el mediodía. Los chicos se habían ido al arroyo. Hacia un día maravilloso afuera.
Pero antes de ir con ellos decidí tomar unos mates con mi madre y Estela, que conversaban en la cocina.

-Buen día mi niña-dijo Estela.

Saludé a ambas con un beso en la mejilla y un abrazo y me senté junto a mi madre.

Ellas conversaban de la peluquería y Estela nos contaba anécdotas de sus clientas. 
En un momento se hizo un silencio y ella sacó el tema del que más me avergonzaba hablar.

-Lamento que este con Daniela. Si me preguntas a mi, siempre quise que este contigo. Además, entre nosotras, esa chica no me cae bien.

-Yo...

-Vamos Ali, se que te gusta Caleb desde pequeña. Sólo un tonto no se daría cuenta al ver como lo miras.

-¿Tan obvia soy?-di un suspiro de frustración.

-Tranquila mi niña. Ya encontraras el amor, y algo me dice que será muy pronto.

Cambié de tema bruscamente y luego fui a ponerme el bikini para ir con los chicos.

Llegué al arroyo y los hallé de inmediato. 
Solo que no esperaba encontrarlos acompañados.

Ellos estaban con Daniela y sus amigas. Una de ellas estaba sentada en el regazo de Mateo, lo que me provocó una horrible sensación en mi interior.

Mi hermano hablaba con una rubia y podía ver desde mi lugar cuanto le gustaba ella. 
Decidida a no pasar un mal momento, los saludé con la mano, pero no me acerqué adonde ellos estaban.

Coloqué mi manta en el suelo y me puse a tomar sol con los auriculares a todo volumen.

Hasta que alguien me tapó el sol, y me obligó a quitarme los lentes y los auriculares. 
Cuando miré hacia arriba un muchacho muy guapo estaba parado frente a mi.

-Hola-sonrió-soy Adam.

-Hola, soy Ali. ¿Necesitas algo?

-¿me prestas protector solar?

El se sentó junto a mi, lo que hizo que me reincorpore y lo mire con sorpresa. 
Busqué a mi hermano y a los chicos y vi que me miraban con detenimiento.

Genial. Esto los hará enfadar.

-¿De dónde eres?

-Soy de Mendoza.

-Oh. Yo soy de Buenos Aires. ¿Es la primera vez que vienes?

-No, vengo todos los veranos.

-Yo también, que raro que nunca nos hayamos visto.

Le pasé mi protector.

En ese momento Caleb apareció frente a nosotros.



Emi Castillo

Editado: 17.10.2019

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