Mi Primer y Último Amor

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Capitulo 15: “El reencuentro”

En la oscuridad, allí, aprendí a ver la realidad a la que tendré que afrontar para convertirme en el orgullo de mi propia voluntad.

– “Su madre se complicó, los resultados nos revelaron que la señora Elizabeth tiene problemas del corazón, por lo cual deberíamos hacerle una operación a corazón abierto, pero es algo riesgoso, sin embargo, si no se le realiza es probable que la perdamos en cualquier momento”.

Aún tenía aquella voz del doctor en mi mente. Así como una espina en mi pecho, era ese el dolor que sentía en mí. Debía tomar una decisión muy clara, y esto dependía de aquella la cual tomara, pues era esto entre la vida y la muerte. Podía escoger la operación pero mamá correría el riesgo de no soportar aquella y sería lamentable perderla así, mientras que si dejaba que se quedara así, permitiría que muriera naturalmente como seguro ya estaba trazado.

– Usted decide, señor Norab. –Dijo el médico de lo más tranquilo.

Aquella espina había sido clavada en mí y de alguna forma debía sacármela, le pedí un momento al doctor para pensar, fui hacia la habitación de mi madre acercándome hasta donde ella se encontraba y la observe, pude contemplar como su belleza estaba opaca, por ahora, después de haber sido tan fuerte, su débil cuerpo, así se veía su piel pálida, hace unos minutos atrás estaba buena y sana, ahora se encontraba moribunda en esa camilla. Es increíble cómo puede cambiar el destino de una persona, pues podría sentir nuevamente aquél frio de muerte, era obvio que esto no se trataba de la voluntad de Dios, pero ¿Por qué lo permitía?, quizás era cierto que a veces hay que hacer sacrificios para obtener lo que realmente quieres, sin embargo, era claro que éste no se encontraba a mi favor.

Mientras su mano besaba, ella miraba admirada hacia el fondo, sus ojos dirigidos a la puerta de aquel cuarto; por un momento pensé que seguramente estaba ella alucinando o incluso de que podía estar mirando a lo lejos mientras sus pensamientos divagaban en el lugar. En aquel instante como niño curioso no pude evitar voltear a ver que era, o mejor dicho quién era, a la puerta se encontraba aquel chico de traje, elegante y con una sonrisa pícara, sus ojos azules los cuales pudo haber heredado de su padre, cabello corto y lizo, color tintado de rubio cenizo, y de piel blanca. ¿Quién lo diría? Aquél galán solo necesito un motivo de urgencia para aparecer de la nada, después de haber desaparecido hace 11 años. Lo más irónico, como obra del destino tal vez, había llegado un poco antes de la fiesta.

– Tanto tiempo… -Dijo aquél por sorpresa.

– Dijiste que jamás volverías pero incluso te esperé.

Así mismo yo simplemente me cuestionaba, mientras tanto mi madre solo sorprendida callaba. La incredulidad se encuentra en todas partes, se incrementa en la mente de aquél que para sí en el momento nada parece posible, para cada quien es real a lo que así de simple desea darle existencia. Cada quien busca satisfacer sus propias necesidades sin siquiera pensar en los demás, pero existe algo llamado “corazón” el cual nos lleva a preocuparnos por los demás, aunque algunos más que otros, simplemente es algo espiritual. Fue así como en este momento llegue a pensar que aquél en quien creí no encontrar un corazón, ahora preocupado venía a verla a ella, a esa bella mujer a la cual había abandonado, esa que ahora en cama, débil se encontraba.

– En la vida muchas veces nos llenan de ilusiones pero detrás de aquellas siempre encontraras esa mirada que dirá, sin siquiera decir una palabra: “Te lo dije”. –Dijo aquél y sus teorías. -¿Es eso lo que quieres que sepa? Que tenías razón al decir que algún día me esperabas volver, sé que quieres que te diga “lo siento”.

Era algo irónico no poder ponerse de acuerdo con uno mismo, antes quería verlo llegar, abrazarlo, decirle cuanto tiempo lo he extrañado, pero ahora simplemente lo estaba rechazando, seguro era porque sabía bien que no vendría por mí, sino por ella que mientras discutíamos nosotros, estaba ésta que le daba un infarto de la emoción. Nos abandonó y se había ido con aquellos que hicieron igual.

– No vengas con tu filosofía, no digo que tengas que pedirme disculpas, solo hubiera sido mejor que jamás hubieses venido, así podrías cumplir tu promesa. –Mientras yo me alejaba un poco de ella abriéndole el paso, él se fue acercando hacia ella, la cual no evito sollozar.

– Arthur, hijo mío… mi niño… ¡Estas aquí!... –Así empezó a llorar aquella de felicidad, era obvio que cuando un hijo tuyo desea abandonarte es como si media vida se te hubiera ido.

– Te extrañe mami, aunque no parezca lo hice… -Dijo aquél asomando un poco las lágrimas.



JAMB

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En el texto hay: el primer amor, transgresores

Editado: 07.01.2019

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