Mi Protector

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EL INCIDENTE

CAPÍTULO 1

 

¡Que diablos! Me eh dormido, ¿la alarma no a sonado? O ¿la eh apagado inconscientemente? ¡Siempre tan atolondrada Dafne! Me decía a mi misma, miéntras sacaba mi bolso rápidamente de uno de los colgadores de mi cuarto, para bajar las escaleras y marcharme. 

MI estado financiero era lo bastante caótico para darme el lujo de llegar tarde, seguramente me regañarian hasta los huesos y lo peor es que nisiquiera solía decir algo en mi defensa por lo que mi jefe debia disfrutar humillarme, mas a una persona con tan poco carácter y poco agraciada como yo. 

Llegue casi corriendo y tropezando con todo lo que encontré a mi paso, y en el alboroto alerte a tanto clientes como a mis colegas y por supuesto a mi jefe. ¡Que maldita desdicha! 

  • - ¡Señorita Smitch! Otra ves tarde, sin duda alguna es una vergüenza para la sociedad.
  • - Lo siento señor Cooper no volverá a pasar.
  • - Estoy arto de escuchar su "No volverá a pasar" a diario y lamento decirle que esta ves eh llegado a mi limite. ¡Esta despedida!
  • - No señor Cooper, se lo imploro necesito el trabajo
  • - igual que todos en este lugar, pero a diferencia de usted lo valoramos, algo que a usted no le importa y si realmente necesitará el trabajo lo hubiera pensado dos veces antes de ser tan impuntual. ¡Lo siento la decisión esta tomada! Retire sus cosas y venga por su cheque mañana por la mañana. El pelón hombre se dio la media vuelta y se alejo, dejándome con un nudo en la garganta y con el calpso a punto de llegar.

 

¡Estaba en graves problemas! Hace dos meses que había abandonado la casa de mis padres, para vivir sola alquilando un pequeño departamento en la ciudad de Manhattan y sin trabajo ¿Como correría con los gastos? Tampoco era mi intención volver como una fracasada a casa de mis padres, aunque ellos me aceptarían de vuelta con los brazos abiertos, pero el burlesco y bromista de mi hermano tendría material para atormentarme por semanas, por lo que regresar o simplemente mencionarle mi infortunio no era una opción. 

Admito que trabajar en un banco, era agotador y estresante, sobre todo por la fluidez de público a todas horas del día, apenas teníamos tiempo de probar bocado por lo que ya casi estaba desnutrida pero ¡Rayos! era el primer trabajo que había conseguido no podía darme el lujo de simplemente rechazarlo.. 

MI vida era un maldito reloj de bolsillo todos los sagrados días 8:30 de la mañana en punto y de lunes a viernes debía estar en el banco atendiendo público. 5:00 de la tarde en la maldita universidad, lugar en el que mi vida era aún más caótica que en el trabajo. Primero por las desagradables chicas que hablaban todo el día de mi, por encontrarme algo antisocial a su criterio era una chica autista que solo vivía en su propia burbuja. Y luego por los chicos que se la pasaban conquistando chicas para solo llevarlas a la cama, para luego inmaduramente romper con ellas

¡Indiotas cabezas huecas! Yo no tenía el tiempo de pasarme la vida mirándome al espejo, ni mucho menos para andar de aquí para allá consiguiendo chicos a quienes besar todos los fines de semana, ni mucho menos para embriagarme como una vulgar cualquiera y en entregarme a cualquier acalorado que se prendiera conmigo. mi vida era una bomba de tiempo y si no le prestaba la atención suficiente me explotaría en la cara en cualquier momento, por lo que el tiempo para mi era algo más que oro. 

Después de que el Señor Cooper me gritara en frente de todos sin importarle ni un poco mi imagen. Tome las pocas cosas que se encontraban en mi escritorio y salí de allí lo más pronto posible, no quería que nadie me viera derramar lágrimas por mi desafortunada existencia. Con la mañana libre y mi poca autoestima por el suelo, de camino a casa decidí desviarme un poco y pasar a visitar a mi más grande y única amiga Dana Jones. Ella y yo habíamos sido amigas por años y me había demostrado su lealtad de todas las maneras habidas y por haber, la amaba y estaba segura que ella también a mi. 

Dana administraba un pequeño Restorant en la calle Astor Row, una de las avenidas principales de la ciudad. Ella había ganado algo de dinero extra por componer las canciones principales de algunas películas de Disney. Dinero que invirtió en ese Restorante que en el día funciona como tal y durante la noche se vuelve un distorsionado bar. 

Entre en el y ella sintió mi presencia de inmediato pues giro su cabeza y al verme le entregó su lugar en la caja a Adán, su mano derecha y ahora tambien socio. 

  • - ¡Cubreme!
  • Le había dicho por lo bajo y se había acercado a mi con una sonriza corchetiada en su rostro que apenas si desaparecía, para soltar palabra.
  • - Dafne Querida ¿Que haces aquí a esta hora? ¿No deberías estar en tu trabajo? Pregunto curiosa de que yo hubiera abandonado mis obligaciones por visitarla ya que por alguna razón solo la veía los fines de semana cuando me quedaba algo de tiempo fuera del estudio.
  • - ¡Me despidieron! Le dije con una enorme sensación y sentimiento de derrota.
  • - ¿Volviste a llegar tarde?
  • - ¡Si!
  • - Pero Dafne, te lo dije muchas veces que si continuabas llegando tarde, ese hombre desagradable de Alasthor Cooper terminaría por Botarte.
  • - No es mi culpa Dana, sabes que mis sueños sobre una vida pasada son tan hermosos que me impiden despertarme a tiempo.
  • - ¿Has vuelto a tener esos sueños extraños?
  • - Cada noche sin falta y creo que desde que llegué a vivir a la ciudad lo e estado experimentando con más frecuencia.
  • - creo que deberías dejar de pensar en esos sueños, para que no interfieran en tu vida diaria.
  • - Lo sé, pero no es algo que pueda controlar.
  • - Si claro, nadie puede controlar los sueños pero si puedes olvidarlos.
  • - Es que no se como hacerlo Amiga.
  • - Bueno que tal si empezamos por un cambio de imagen.
  • - Dana no empices.
  • - ¡Shuuuuuu! Tu calla, y solo sigue mis órdenes.
  • - ¿Que harás?
  • - Tu solo sígueme y observa.  - Adán Salgo, ya vuelvo. Le había gritado al chico tras del mostrador y este con una seña de manos me había saludado.
  • - Esta bien Dana, no demores.  - ¡Que tal Dafne! Pareces algo más demacrada el día de hoy
  • - Larga historia Adán, luego te cuento.
  • - Esta bien, esperare esa charla. Me dijo con una amplia sonriza.
  • - ¡OK! Ya basta de coqueteos, luego terminan de hablar, ahora tu y yo amiga tenemos algo muy importante que hacer. Y mi loca amiga me jalo del brazo para arrastrarme hasta la puerta.
  • - Eres una tonta Dana, ¿como se te ocurre decir que el y yo estábamos coqueteando? ¡Que vergüenza! ¿Ahora como lo veré a la cara?
  • - no seas inocente Dafne, a leguas se ve que le gustas y no se porque no le haces caso, si Adán es un chico increíble. Claro tu no te has dado cuenta porque eres demasiado distraída para hacerlo.
  • - No tengo tiempo para los chicos Dana
  • - ¡Oh no! Si que lo tienes, pero tu no te lo das, solo porque vivas el día a día encerrada en tu mundo, no significa que los chicos no te vean.
  • - Quizás pero.. aun no es tiempo o simplemente no a llegado el indicado. Le dije mirando el despejado y brillante cielo.
  • - hay no Dafne, no me digas que... ¿Crees que el hombre de tus sueños en verdad existe?
  • - No lo creo Dana, lo se y estoy segura de que el esta esperando por mi, como yo espero por el.
  • - Estas mal amiga, ¡muy mal! Ese tipo de hombres no existe y menos en este mundo.
  • Había dicho con un tono un poco molesto, mientras caminábamos por la avenida D
  • Llegamos a una estética de gran renombre y entramos justo en el momento en que dos mujeres de un estatus muy superior al nuestro salían del lugar. Charlaban y reían como si aquel tema de comverzacion fuera lo único importante en sus vidas.
  • - Ven Dafne, nos esperan. Me dijo Dana sacándome de mi pequeña charla conmigo misma



Marytha

Editado: 21.08.2019

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