Mi salvación

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II

"Y todo lo que soy, todo lo que tengo

ni siquiera importa ahora.

No puedo entender porque me siento de esta manera

Pero lo hago"

(I do – Susie Suh).

 

Thayer se detenía en la gasolinera casi todas las mañanas, para luego dirigirse a su trabajo. Paraba el auto, descendía, esperaba a que cargaran combustible y luego se acomodaba para marcharse. Madison podía verlo, el bar donde trabaja estaba justo al frente de la gasolinera. Se le había hecho costumbre mirarlo cada mañana, aunque esforzándose para disimular porque no quería que alguien más la descubriera. Sin embargo, fue imposible ocultarlo antes su amiga Rose, que cada tanto le tiraba algún comentario para bajarla a la tierra.

—Seriamente, tienes que dejar de mirar a Thayer— le murmuró cuando pasó a su lado para limpiar una mesa que acababa de vaciarse.

— ¿Qué? Yo no estoy mirando a nadie— quiso mostrarse desentendida, pero su amiga no iba a creerle una palabra.

—Tiene novia— le recordó. Pequeño detalle que Madison no olvidaba. —Llevan cuatro años juntos y se rumorea que ella está esperando que él le pida compromiso. Y él lo hará, estoy segura. Ya sabes, ella es rica, no creo que un chico como él vaya a perderse tal fortuna— su ceño se frunció al oír tal absurda teoría. No le gustaba en absoluto lo que escuchaba, en primer lugar, porque eran puras conclusiones hechas por personas ajenas al tema.

—No creo que

Thayer sea ese tipo de personas— mencionó, mientras intentaba disimular y volver echar un vistazo hacia la gasolinera. Él seguía ahí. Tardaba más tiempo de lo normal. —Y la verdad no me importa si tiene novia o no. No quiero nada con él— fingió una vez más desinterés, a pesar de que sus ojos se fijaron una vez más en

Thayer, quien ya no estaba solo. Hablaba con un chico, Madison lo reconoció como un amigo de Maxine. Desde allí no se veía como una buena conversación, más bien, se veía como si estuvieran discutiendo y la discusión se volvía cada vez más acalorada.

—Ahora mismo se ve como el tipo de persona que va a darle una paliza a alguien— Rose también miraba a los muchachos, con los brazos cruzados por delante como si estuviera mirando una película. Un par de hombres habían intervenido, separando a los jóvenes antes de que pasaran a las manos.

—Shh. Eso no va a pasar— preocupada, Madison no lo analizó demasiado. Se quitó el delantal que traía como uniforme y lo dejó sobre una mesa, mientras se encaminaba a cruzar hacia la gasolinera del frente. El muchacho más joven justo se marchaba, pero

Thayer había apoyado sus manos sobre el capó del auto, todavía su expresión delataba furia. Ella se acercó despacio, no le temía a él, le temía al hecho de quedar como una entrometida, cuando en realidad solo quería ayudar.

—Madison, ¿Qué estás haciendo aquí?— cuestionó, sorprendido de verla justo en aquel momento.

—Trabajo aquí enfrente— le respondió, señalando el bar. — ¿Qué pasa contigo? Casi golpeas a ese chico.

—Debí partirle la cara. Eso debí haber hecho— resopló. Tenía demasiada ira dentro de sí mismo, que odiaba seguir guardando. —Ese idiota estaba cubriendo al tipo que drogó a mi hermana en la fiesta.

— ¿Te lo dijo?

—Tuve que obligarlo—

Thayer desde que Maxine salió del hospital, se la pasó interrogando a todos sus conocidos para que le dijeran cualquier cosa que supieran sobre el culpable. Maxine no lo recordaba. O quizás sí, pero se lo guardaba para sí misma para impedir que su hermano cometiera alguna locura. Todos en el pueblo conocían a los Hemmings, los hermanos abandonados por su problemática madre. Todos en el pueblo sabían que no debían meterse con Maxine, porque

Thayer haría lo que sea por ella.

— ¿Y no deberías ir con la policía? Ellos sabrán que hacer— propuso, pero Thayer no compartía la idea.

—Yo ya sé lo que tengo que hacer— abrió la puerta el auto y se metió dentro. Madison tenía aquella intuición... Thayer estaba a punto de hacer justicia por su cuenta, no había dudas. Seguramente él podía manejarlo, pero ella sintió miedo. ¿Qué tal si salía lastimado? Quizá era algún hombre peligroso con el que no debía meterse. Esas razones le alcanzaron para, sin preguntar, meterse en el auto. Se sentó en el asiento de co-piloto, sabiendo que dejaba su trabajo (tendría que pensar una muy buena excusa para justificarse con su jefe) pero tranquila porque ella estaría justo ahí para detenerlo si se lanzaba a hacer algún tipo de locura. Estaba haciendo lo correcto. Thayer la miró, confundido.

 

— ¿Qué? Voy contigo. Necesitarás a alguien que pida ayuda si te metes en demasiados problemas— se inclinó un instante, abrochándose el cinturón de seguridad. Nada la movería de ese aquel sitio.



queenev

Editado: 24.07.2018

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