Mi salvación

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XXXIII

Porque somos los dueños de nuestro propio destino,

somos los capitanes de nuestras almas.

No hay forma de que nos separemos,

porque somos de oro.

(Lust for Life – Lana del Rey).

 

No le sorprendía el hecho de no haber podido pegar un ojo en toda la noche, ni su incapacidad para quitarse a Madison de la cabeza. Solo podía pensar en ella y en cuanto le molestaba asumir que alguien más la había tocado, que sobre los labios femeninos, aquel territorio que él conocía de memoria, había sido explorado por otro. Días atrás sentía que la estaba perdiendo, pero de repente la confesión de Madison le cayó como un balde de agua fría, sintiéndose como un idiota por darse el lujo de perder a la única persona que logró hacerle ver el mundo con otros ojos... A verse a sí mismo con otros ojos. La chica le enseñó a no cargar todo sobre sus hombros, a librarse de responsabilidades y culpas que no le correspondían, pero por alguna razón siempre las cargó con él. Evidentemente, las cosas habían mejorado desde que la conoció y aunque su carga se había aligerado, cargaba con la pesada culpa de sentir que estaba perdiendo a Madison, dejándola ir, como si no hubiera significado nada. No lo dudaba, él era capaz de hacer cualquier cosa por ella. Y entonces algo en su mente hizo un click y ya no se trataba de un impulso que lo hacía actuar sin pensar, se trataba de un sentimiento que se posicionó para guiarlo, un sentimiento que lo llevó de inmediato a donde quería estar... Madison.

 

♡♡♡♡♡♡

 

Cuando despertó, la cabeza le dolía como el infierno, recordándole la ardua noche de fiesta que había vivido. Le echó de inmediato un vistazo a la cama de su compañera, notando que Amy no había llegado. No le resultó extraño, dado que la rubia acostumbraba de vez en cuando a pesar la noche en otros sitios. Cuando se levantó lo primero que hizo fue dirigirse al lavabo para verse al espejo. Las ojeras resaltaba en su rostro por el estrés que sufría y porque no fue capaz de internarse en un sueño relajante. Se peinó el cabello, se sacó el pijama para vestirse con su ropa de día y empezó a buscar el cargador de su celular, porque la betería había muerto. No recordaba en que sitio dejó aquel cable y lo necesitaba.

Sin embargo, la búsqueda se vio interrumpida cuando escuchó que tocaban la puerta de su habitación. Confiada, ni siquiera preguntó de quién se trataba, creyó que era Amy. Pero se llevó una sorpresa...

—Matt— pronunció enseguida. — ¿Qué estás haciendo aquí otra vez?— cuestionó, algo cansada porque no tenía ganas de ver a nadie.

—Quería ver que estuvieras bien— le explicó. —Y te debo una disculpa por lo de anoche, si algo de lo que pasó te hizo sentir mal, lo siento. No era mi intensión— sonó sincero, haciendo que la expresión de Madison se suavizara.

—Gracias, Matt. Y sí, estoy bien— moduló una pequeña sonrisa. —Lo que pasó... ¿Podemos olvidarlo? No fuiste tú el que me hizo sentir mal, son otras cosas— se encogió de hombros, sin explayarse más acerca de lo que la tenía triste. Él asintió.

—Por cierto, me crucé con alguien preguntando por ti, por los pasillos— recordó mencionar. —Pero no me atreví a decirle tu cuarto, ya sabes, no quiero meterme en problemas si es un desconocido o alguien con malas intenciones, o quién...— planeaba seguir hablando, pero la castaña de inmediato interrumpió.

— ¿Cómo era? La persona que me buscaba, ¿Cómo era?

—Um, un sujeto alto, de pelo oscuro, intimidante de cierta forma.

—Thayer— susurró la chica suponiendo de quién se trataba.

— ¿Quién?

— ¿Hace mucho que lo cruzaste?

—Quizá hace como... Media hora.

—Oh no. Lo siento Matt, me tengo que ir— se despidió del muchacho acelerada, tenía que encontrar a Thayer porque tal vez era la última oportunidad que tenían para arreglar las cosas.

Bajó las escaleras a toda prisa y recorrió los pasillos preguntando a las personas que se cruzaban por su camino si habían visto a Thayer. Alguien le dijo que creía haberlo visto salir al campus, entonces Madison tomó ese camino, a travesando la puerta de salida. Una extensa zona verde distanciaba a su residencia del estacionamiento de la universidad y fue allí, en medio del campo, que contempló a Thayer de espaldas a ella, caminando hacia donde se encontraban los autos.

—¡Thayer!— exclamó tan fuerte como pudo, ansiosa porque por un instante creyó que no lo alcanzaría. El muchacho, se había desecho del entusiasmo después de llamar a Madison a su celular varias veces, sin ser atendido. Después de buscarla y no lograr encontrarla, sintiendo que la chica se estaba escondiendo de él. La vio, sintiendo que finalmente tenía frente a sus ojos lo que más quería. —Lo siento— continuó acompañada de su respiración acelerada. —Soy un desastre, perdí el cargador de mi celular y en esta universidad casi nadie me conoce— comenzó a explicar, mientras Thayer se acercaba cada vez más a ella. —Probablemente le hayas preguntado a medio mundo por mí, pero nadie...— su hablar se vio interrumpido por el pelinegro apropiándose de sus labios, recordándole que encajaban a la perfección sobre los de él, que allí era el lugar donde pertenecían. Madison rodeó su cuello instintivamente, mientras se dejaba llevar por el ritmo que él había establecido. El beso sabía a ansiedad, algo que los dos habían estado deseando con fuerzas y que finalmente tenían. Ansiedad por volverse a querer.



queenev

Editado: 24.07.2018

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