Mi Stalker

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1. "Mía"

Liz

¿Dónde está? Se supone que ya debió haber llegado hace como media hora, o eso dice su mensaje.

Mía, mi mejor amiga desde que tenemos diez años, vendrá a Buenos Aires desde Estados Unidos para pasar sus vacaciones de verano conmigo. Es muy tierna y dulce, pero también es egocéntrica y súper enojona, a veces.

Es muy bonita también, igual que yo. Sí, digamos que yo también soy egocéntrica. Si no fuéramos distintas físicamente ni cumpliéramos en fechas distintas, seríamos prácticamente gemelas. Soy mayor a ella solo por tres semanas. Ambas tenemos el cabello ondulado, solo que yo lo tengo negro y poco más corto que el de ella, que es castaño y le llega a la cintura. Sus ojos son verdes grisáceo y los míos cafés. El resto, somos casi idénticas.

Ya me estoy hartando, llevo esperando en este aeropuerto desde que Mía dijo que ya aterrizó. ¡Pero no aparece!

Mi celular suena y contesto sin ver quién es.

— ¿Hola?

Elizabetha estúpida.

— ¿Qué pasa, idiota? —respondo con una risa del mismo modo a Paulina, como siempre.

—Hoy, tú, el grupo, yo, mi casa.

— ¿Por?

Reunión, obvio.

— ¿Y la reunión es por?

Últimamente no han hecho muchas reuniones, no después de los desastres que dejamos en casa de Paulina. Y no todos tienen tiempo, ninguno más bien. Todos estamos con el estrés de las universidades y la carrera que cada uno quiera.

— ¿Vendrás o no?

—Estoy en el aeropuerto, no puedo.

 ¿Ya te vas del país, Elizabetha?

—No... Solo es para ver a Mía.

—Entonces no vienes, estúpida.

—Aprendo de la mejor.

 ¿Qué intentas decir? —escucho más voces al otro lado de la línea.

— ¿Ya están todos ahí?

Sí.

— ¿Para qué quieren hacer una reunión?

Mejor otro día, adiós, Elizabetha.

Antes que pueda decir algo, cuelga la llamada y suelto un suspiro. Me siento en uno de los asientos del aeropuerto, no guardo mi celular mientras sostengo la correa de Toby, es un lindo perro que me dieron al cumplir los catorce años, no tiene más de cuatro años y es una monada.

Reviso Instagram y veo las fotos que publicó Mía hace unas horas. Está con otros cinco chicos, muy guapos a decir verdad, aunque uno de ellos me llama mucho la atención. Castaño oscuro, ojiazul y más alto que Mía, o sea que también sería más alto que yo.

— ¡HOLA! —gritan en mi oído y me aparto sobresaltada.

— ¡¿Qué te pasa?! —le reclamo y solo ríe abrazándome.

—Uy, qué enojada —se burla y se separa. —Solo saludo a mi mejor amiga.

—También te extrañe, Mía.

—Todos me extrañan —y ahí está el ego que tanto extrañaba. —También te extrañe, estúpida.

—Bueno, vamos ya, que Toby odia estos lugares —lo mira y lo carga haciéndole mimos, solo río y miro a los chicos que se acercan a nosotras. — ¿Quiénes son ellos?

—Hola, soy Simón, novio de Mía —dice tomando de la cintura a mi amiga, pero ella solo rueda los ojos y se aparta.

—No es mi novio, no le creas, Liz.

—Así que ella es la famosa Liz de la que tanto escuchamos —ahora todos me miran de arriba a abajo y miro a mi amiga que sigue con Toby.

—Oh, aún no te los presento.

—No, si no me decías no me daba cuenta —le digo sarcástica y ríe.

—Bueno, ellos son mis mejores amigos Lucas, Ricardo, Adrián, Simón y... ¿Dónde está Chris?

—Hablando con Valen, no le dijo que vendría —ríe Simón.

—Bueno, ya lo vas a conocer —asiento.

—Mía, hablemos a solas un momento —asiente y me sigue. —Tus amigos me caen bien, son agradables, pero... ¿Dónde se quedarán? Te recuerdo que mi departamento aún lo pagan mis padres y solo hay espacio para las dos.

—Y tú hermano menor.

— ¿Ves? —olvidé a mi hermanito, no es tan menor tiene quince años y le paso por dos años y medio. Pero mis padres me obligaron a cuidarlo cada fin de semana en mi departamento. Esa fue la condición para poder vivir sola.

—Oye, tranquila, ya lo resolví.

— ¿Qué, cuándo?

—Antes de venir, alquilaron un departamento para los cinco y nosotras estaremos tranquilas en el tuyo. Y con Toby, con Fabián, viendo películas y comiendo cupcakes.

Río por eso, olvidé que siempre tiene un plan y soluciona algunos problemas antes que yo los recuerde. Así éramos en la secundaria, muy unidas y nos apoyamos mutuamente.

—Entonces, vamos.

—Vamos —dice y volvemos con los chicos, aún no vuelve el tal Chris. Me imagino que es el de la foto, porque solo él falta. —Chicos, la dirección del departamento se las envíe, yo ya me voy con Liz.



Elizabeth Barzola

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En el texto hay: amor, amistad, equitacion

Editado: 26.08.2018

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