Mi Stalker

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11. "Tenía que ser justo hoy"

Liz

Despierto repetidas veces en la madrugada a causa del frío, y la tos por el resfriado. Así me cubra con cinco mantas enormes, no deja de darme frío. Me siento tan, pero tan mal y cansada físicamente. Me duele la cabeza, tengo temperatura de treinta y ocho y medio, y me duele el cuerpo. Para variar, no puedo dormir, por más que intente, no logro conciliar el sueño.

—Eso me pasa por jugar en la lluvia —murmuro con un poco de tos y cambiando de lado, mirando a la ventana. Está lloviendo, las gotas caen ruidosamente, pero me tranquiliza ver la lluvia.

Cierro los ojos, intentando dormir un poco antes de la competencia, y suelto un suspiro. Siento algo acariciando mi cabello mojado, y me alarmo, sentándome de golpe y con la respiración agitada. Un dolor se instala en mi cabeza por levantarme de golpe.

— ¿Christopher? —Me relajo al ver esos ojos azules, y presiono una mano en mi pecho, mi corazón está a mil por hora. Me muestra una sonrisita y me recuesto de nuevo con un suspiro.

—Perdón, no quería asustarte.

—Pues lo hiciste —toso, me sonrojo cuando mira todo mi cuerpo con algo de descaro antes de mirar mis ojos después. — ¿Qué haces aquí?

—Quería cuidarte, mi princesa me contó que te enfermaste. Y que la última vez que pasó algo similar, no podías levantarte sin exigir tu cuerpo más de lo normal.

Se me encoje el pecho, apoyo mi cabeza en mi brazo doblado, y lo miro con una sonrisa.

— ¿Viniste a cuidarme?

—No te encuentras bien por jugar bajo la lluvia. ¿Hasta qué horas estuvieron?

—La verdad, no lo sé. Solo... —miro sus labios. —Quería divertirme un poco. Olvidar todo por un rato —me acomodo mirando el techo, con un brazo sobre mi frente.

— ¿Hice algo mal? —pregunta de repente. —Es por Melanie, ¿verdad? Si es por eso, no debes preocuparte, ella...

—Es por ella —lo interrumpo. —Me dieron celos, al verla tan pegada a ti, ni una garrapata se pega así a un caballo —sonrío. —Pero no importa, no me darán celos de alguien que no puede ni pisar un establo.

Ríe, y sonrío escuchando ese sonido. No se cansa de ser tan lindo, me encanta estar con él. Siento una confianza, y una pequeña felicidad al escuchar su voz, cuando me habla, y está conmigo o cerca de mí.

Siento su mano tomar mi mano izquierda, y entrelazarlas, provocando que varias descargas pasen por mi cuerpo, y causando el tono carmesí en mis mejillas. Miro nuestras manos antes de dirigir mi mirada a sus ojos, llenos de deseo, y cariño.

—Chris...

—No quiero que te esfuerces demasiado. No es bueno para tu salud. Sé que amas esto, pero no quiero que empeores luego de la competencia, o en una práctica.

—Estaré bien.

—Liz, preciosa, mi niña me ha contado que un día casi te desmayas, en el colegio. Tú, estando enferma, asistes a donde se requiere mucho esfuerzo, y tú lo haces ignorando el hecho que puedes colapsar.

—No necesito que me des un sermón, Christopher.

—No quiero que vayas a la competencia si no te sientes bien para la mañana.

— ¿Qué estás diciendo? Voy a ir así llueve o truene. Es una competencia importante para mí.

— ¿Y si te pasa algo en medio de los saltos?

—No me pasará nada —digo ya estresada, me siento en la cama y suelto su mano. —Si me sintiera mal antes de mi turno, se lo diré a Andrés, hasta entonces, iré a las instalaciones a presentarme para competir. Te guste o no.

Se queda callado, noto claramente sus intentos por calmarse, y no armar un número en medio de la madrugada, cuando mi hermano está presente, y puede decirles todo a mis padres.

—Si te pasara algo...

—No pasará —digo con la voz tenue, y tomo su mano, acercándome a él. —Si no me siento bien, yo..., prometo avisarte primerito que a todos. No te preocupes por mí.

— ¿Lo prometes?

Tardo unos pocos segundos en responder.

—Lo prometo.

Sonrío mirando sus orbes azules con un brillo muy lindo. Beso su mejilla, haciendo que se sorprenda, y me acomodo en la cama sin dejar de mirarlo.

—Son las dos de la mañana —río mirando el reloj digital junto a mi cama. — ¿Te quedarás a cuidarme toda la noche, de verdad?

—Todo por ti, cariño —muerdo mi labio para evitar sonreír, una felicidad inunda mi pecho cuando toma de nuevo mi mano, y la entrelaza con la suya.

— ¿No prefieres mejor salir? Te vas a contagiar si te quedas conmigo.

—Entonces usaré esto —saca de su chaqueta una mascarilla. Se la pone, pareciendo un doctor, y haciendo que ría por su aspecto. — ¿De qué te ríes?

—De nada, ¿de dónde sacaste eso?

—Es un secreto —dice apoyando sus brazos en la cama y dejando su rostro a centímetros del mío. —Descansa —baja la mascarilla a su barbilla, y me da un beso en la frente antes de volver a ponerse bien la mascarilla. —Estás caliente.

— ¿Eh? —me sonrojo demasiado, y de inmediato me arrebata las cobijas, provocando que el frío pase por todo mi cuerpo y comience a temblar.



Elizabeth Barzola

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En el texto hay: amor, amistad, equitacion

Editado: 26.08.2018

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