Mi Stalker

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25. "Intento olvidarlo"

Liz

Al siguiente día, estaba hablando con Nathan mientras me ayudaba con los equipos de equitación de Zeus, al parecer llegaron con demasiado polvo y con algo mohoso, que creo le cayó de alguna otra maleta, o quien sabe y sea de un animal. Así no se puede trabajar bien, sin contar que el polvo me causa una terrible alergia.

—Ni más vuelvo a confiar en las aerolíneas.

—Tranquila, solo es polvo.

—No es solo polvo, este cuero inglés es algo sensible, y esta cosa mohosa es extraña —digo limpiándome el dedo que se ensució con el moho, y limpio con un trapo mojado la montura. —Además, no pienso ensuciar este atuendo con esta suciedad.

—Vaya, yo que creí que no eras diva.

—No lo soy, la mayor parte del tiempo. Es solo que el uniforme es caro.

Los guantes, y el casco no me importa ensuciar, pero los breeches, botas, y el blazer, eso no me atrevo a ensuciar por nada. Así me den un concierto privado con mis cantantes favoritos, o me den veinte mil dólares para ensuciarlos, no lo haría. Este uniforme es caro y no pienso desperdiciar dinero por alguna estupidez mía. Y las monturas también son algo caras, las riendas, cabezadas y bocados, todos juntos cuestan poco menos que la montura, pero eso no cambia que sea caro.

Sonrío al ver como Nathan tose al momento que le soplo el polvo a la cara. Es un poco de diversión, para mí al menos. Siento una mirada en mí, demasiado intensa y volteo, pero no hay nadie. Solo la pista de obstáculos y algunos jinetes entrenando. Qué raro, juraría que alguien me estaba viendo... Debe ser mi imaginación, dormí muy tarde ayer, y hoy me desperté algo temprano, por eso comienzo a alucinar un poco.

Vuelvo mi vista a Nathan y ya está mejor luego de haber tosido el polvo que le tiré a la cara.

—Ayúdame a ponerle esto a Zeus —digo ignorando su mirada amenazante, se ve ridículo así.

—Eres muy mala, pude haber muerto.

—Sí, ajá, claro. Solo es polvo, además, tú tuviste la culpa. Me provocaste.

—Cómo sea, yo te estoy ayudando en esto, Liz.

No respondo, solo río un poco antes de poner todo el equipo a Zeus. Ajusto mis botas, me pongo el casco y subo a mi caballo, Nathan sube a su yegua, y me acompaña a la pista bajo techo que hay aquí. La otra pista está ocupada.

Es más espaciosa de lo que creí, con algunas aberturas que dejan entrar la luz del sol y bastante arena distribuida por todo el lugar. Muy adecuado de hecho, me encanta. También hay algunos obstáculos de salto bien distribuidos.

—Vale, a entrenar —dice Nathan y comienza con paso alrededor de todo el lugar, y lo sigo.

Había investigado la universidad y el establo de esta ciudad, pero no pensé en todas las posibilidades y oportunidades. Aquí hay más accesorios, y la mayoría son unos que no había visto tan seguido. No es que no haya en Buenos Aires, pero estos son de último modelo y Andrés casi ni los usaba por miedo a que se dañen o algo, solo pocas personas los usaban allá.

***

Luego de algunas horas de entrenamiento con Nathan, digamos que decidió ya darme el recorrido por Madrid, o una parte, como esta ciudad es demasiado grande, solo me llevó por las calles que rodean la Universidad TAI.

La Plaza de Cibeles, el Palacio de Cibeles, y más calles que me encantaron, en definitiva, Madrid es bellísima. Para finalizar todo esto, nos quedamos en la Puerta de Alcalá, nunca la había conocido y veo que es hermosa. No se ve como un mal lugar para estar a solas y pensar cualquier cosa, o incluso para estudiar para un examen importante.

Sin contar que está a la vuelta de la esquina de la Universidad TAI.

Una llamada me hace salir de mis pensamientos, contesto al ver que es mi mejor amiga.

— ¿Hola?

Holis, ¿cómo te va?

—Pues, bien. El departamento es muy lindo y...

Sabes que no hablo de eso —me interrumpe, y frunzo un poco los labios. —Mi princeso me dijo lo que pasó...

—Mía, por favor, no quisiera hablar de él ahora.

No me interrumpas, estúpida —dice"ofendida", pero siempre somos así, no me molesta. —Él quiere arreglarlo.

—Que lo arregle con Melanie entonces.

No menciones a esa perra. Y sabes que no fue su culpa.

—Lo sé —digo en un suspiro. —Solo que algo me impide escucharlo.

Cuando lo veas vas a escucharlo.

— ¿Y eso cuándo será? Si estoy en Madrid.

Pues, él te va a explicar todo.

—Te pregunté cuándo, no lo que hará.

Uy, lo que hará... —dice en tono pervertido.

—No seas malpensada, sabes de lo que hablo.

Ay, ya, no seas tan enojona.

—Solo dime cuándo dices que me explicará.

No sé... equis, quien sabe.

—Mía, sabes que adoro tus "equis", pero no intentes evadir el tema.

No te lo diré, esto es algo que ustedes tienen que resolver como pareja.



Elizabeth Barzola

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En el texto hay: amor, amistad, equitacion

Editado: 26.08.2018

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