Mi Stalker

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40. "¿¡Lo sabías!?"

Liz

Siempre pensé que en una relación la base es la confianza y la honestidad. Que no habría problemas si en serio se aman, que no habría secretos, ya sean pequeños, o muy dolorosos. Veo que me equivoqué, no todas las relaciones son así, de hecho dudo que al menos haya relaciones así.

Me mira con sus hermosos ojos azules algo dudoso, intentando decidir entre seguir insistiendo, o simplemente irse. Limpio mis mejillas bruscamente, aun sabiendo que las lágrimas no se detendrán. Mira todo mi rostro, y finalmente se centra en mis ojos, rojos y llenos de lágrimas.

Toma su celular del sillón, abre la boca para decir algo, pero la cierra rápidamente cuando cierro los ojos un momento y eso hace que caigan demasiadas lágrimas que no me molesto en quitar.

Se acerca, no intento alejarme esta vez, solo me mira, y se va del departamento cuando desvío la mirada en el momento que intenta acercarse más. Suelto un suspiro entre cortado, y apago el televisor antes de sentarme en el piso de la sala. Pongo mis rodillas al nivel de mi pecho, pasando mis brazos alrededor, y llorando más dolorosamente de lo que volveré a hacer.

Siento que Toby lame mi cara, y sonrío antes de ir a mi cuarto sintiendo como me sigue mi hermoso cachorro. Agarro mi laptop, encendiéndola para escuchar algo de Enrique Iglesias, solo su música puede calmarme. Por algo soy Enriquette desde siempre, sé con todo el corazón, que es el único cantante que puede escribir canciones tan hermosas que no me molesta si son tristes o alegres, siempre me calmarán. Eso y unas catorce mil millones razones más.

Antes de ponerle play a alguna de las canciones, una solicitud de video llamada aparece en la pantalla. Mía Dallas. Su amado apodo que le puse. Respiro hondo, y acepto la vídeo llamada, me mira con un intento de sonrisa, apuesto a que ya sabe todo.

—Hola.

— ¿Lo sabías?

— ¿Yo? ¿Saber qué? —solo eso necesitaba para saberlo, se está haciendo la tonta.

—No trates de mentirme, Mía. Tú lo sabías, y no tuviste el coraje para decirme —digo dejando caer las lágrimas esta vez mientras miro la silueta de Simón detrás suyo, es cierto que se ve todo en una video llamada.

Me vale que me mire así, devastada, y enojada con todo el mundo, principalmente conmigo misma. Fui tan tonta que no sospechaba nada de nada. Mi mejor amiga sabía de ese acoso que me estaba matando todos estos meses. No me sentía segura ni en mi propia casa, o con mi prima en el centro comercial.

—Perdón.

— ¿Eso qué remedia ahora?

—Lo siento, ¿sí? Sé que debí habértelo dicho, pero se lo juré a mi princeso, y ya sabes como soy cuando juro algo.

—Estuviste ocultándolo todo este tiempo, Mía. No sé qué pensar, o qué hacer al respecto.

—Lo lamento. Oye, ya no llores, me vas a hacer llorar a mí.

— ¿Cómo puedo evitar eso si todo este tiempo me han estado ocultando cosas?

—Liz...

—Hablamos luego —va a decir algo, pero termino la video llamada rápidamente y cubriendo mi rostro con mis manos.

Me levanto, y voy al baño a lavarme la cara, pero de una vez tomo una ducha. Necesito relajarme con algo de agua fría en mi cabeza. Estoy algo acostumbrada a bañarme en agua fría a veces, siempre que iba a la casa de mi abuelita paterna, el agua de la ducha parecía traída del río que pasa junto a ese pequeño pueblito rural. Hace tiempo no he ido allá, tal vez vuelva en Navidad, ya que será en unas pocas semanas. Termino de bañarme y solo me pongo mi pijama, debe ser como las dos de la tarde, pero no importa, es sábado, y no tengo nada más que hacer, además de enviar las fotos a Marina y Natalia.

Aunque quisiera, no quiero, ni puedo enojarme con Mía. Es mi mejor amiga desde que tenemos diez años, y siempre lo va a ser, sin importar cuantas peleas o malentendidos tengamos. Y a decir verdad, no hemos tenido ninguna discusión hace como cinco años, para mí es horrible pelear con ella. No sé si esto se consideraría una pelea o algo así, solo necesito un poco de tiempo, mi espacio. Siempre nos apoyamos en todo, nos contamos los más íntimos secretos.

Solo que con lo que pasa ahora, con Christopher... No. No puedo culparla del todo, ella siempre que jura algo, lo lleva a la tumba. Pero esto es serio. Esto no es solo observación, es acoso. Yo aquí, pensando que sería una mala broma por los mensajes o algo así. Incluso llegué a pensar que era algún criminal o algo peor, cuando siempre fue él. El chico de quien me enamoré

Y tal vez suene estúpido o poco creíble, pero lo sigo queriendo, sigo enamorada de él. Sin embargo, eso no cambia que esté furiosa, siempre me ocultaron esto, como si fuera un tema inofensivo que no vale la pena hablar. Pero esto es algo que en serio me cuesta procesar, no han pasado ni tres horas, eso lo explicaría. Aunque siempre resuelvo mis laberintos mentales luego de una buena ducha, este caso es distinto, muy distinto.

Suelto un suspiro, y abro la laptop para enviar las fotografías. Conecto la memoria de la cámara al USB antes de conectar este a la laptop, de inmediato se guardan todas las fotos en la carpeta con imágenes. Dejo escapar una pequeña sonrisa al ver una foto de Chris, me sorprende haber podido tomarla, él odia las fotos. Pero eso no significa que se vea muy lindo en ellas. Rápidamente cambio de foto, y selecciono las que prometí enviar a Marina y Natalia. Estas locas me recuerdan a mis amigas en Buenos Aires. Pero no pueden reemplazarlas, eso es más que imposible.



Elizabeth Barzola

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En el texto hay: amor, amistad, equitacion

Editado: 26.08.2018

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