Mi Stalker

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41. "Él ya no importa"

Liz

— ¿Tienes todo? —asiento con la cabeza mientras guardo el celular, y otras pequeñas cosas en mi bolso. —Pasaporte, maleta, los cachorros...

—Estás peor que nuestras madres juntas, prima —río interrumpiéndola, y me fulmina con la mirada. —Lo siento, pero sabes que es cierto —rueda los ojos antes de hacer que Chloe y Toby entren a sus transportitos de perros.

—Pues, no quiero llegar, y que nos regañen por haber dejado algo aquí.

—Son solo dos semanas, no necesitamos mucho. Sin contar que también se ha quedado ropa y otras cosas nuestras allá, sabes que ellas lo cuidan más que a nuestros hermanos —ambas reímos.

— ¿Y los regalos? Recuerda que son para doce personas, trece contándome.

— ¡Hey! ¿Y yo qué?

— ¿Te comprarás un regalo de ti para ti?

— ¡Ja! Ya lo tengo hace días —me mira como bicho raro, y se va a su cuarto. — ¡Oye! ¡No digas que no hiciste lo mismo!

— ¡De acuerdo, no lo digo! —río, y agarro mi maleta, viendo que no se quede nada en la sala o en mi cuarto, y agarro el trasportín de Toby. —Iremos en el auto, nos ahorramos media hora, y el avión despega en dos horas —dice mi prima tomando sus cosas, y las llaves del departamento.

—Bien.

—Bien.

—Oye, ¿qué esperas? Vámonos ya, nuestras mamás estarán en el aeropuerto de Buenos Aires en poco tiempo —digo abriendo la puerta sin dejar de arrastrar la maleta de rueditas por el pasillo, y dejo que mi prima se encargue de cerrar bien el departamento.

—Pero si saben que llegaremos más tarde —entramos al ascensor con las maletas y los cachorros en sus trasportines.

—Pero no saben a qué hora. Ya las conoces, y dijiste que tu mamá no tiene trabajo hoy, ¿no?

—Pero puede que llame a mi ñañito.

—Lo dudo —río saliendo del ascensor —Debe estar en la Universidad, pronto terminará su carrera de Ingeniero Industrial, dudo que mi tía lo llame cuando está más que centrado en las clases —guardo mi maleta en la cajuela y lo mismo con la de mi prima. —Tú mejor que nadie debes saberlo.

Sonríe mientras deja a ambos cachorros en los asientos de atrás antes de entrar de conductora al auto, y yo de copiloto. Conduce al aeropuerto en el momento que cambiamos de tema, y me habla de un chico que conoció en una de las clases de Música en la TAI. Se oye estupendo, se ve que es muy buen chico, y me alegra que haga feliz a mi prima, es como mi hermana mayor solo quiero su felicidad, aunque yo no la tenga en cuestión a los muchachos.

No van ni dos meses desde que vi por última vez a Chris, no más que una fotografía. No sabría que ha sido de él de no ser por Mía. Al parecer volvió a Maryland, pero viajaría a algún lugar en unos días, no quiso decirme a dónde. Intenté hacer que me dijera, pero salió con la excusa de no saber tampoco, que solo Simón sabe, y todo eso. Como no quise otra discusión entre nosotras, lo dejé así.

Al siguiente día de lo que ocurrió, hablé con ella, digamos que se arregló todo, pero no es así en cuestión a Christopher. Me gustaría decir que me alegra que haya salido de mi vida, que ya no me importa más, pero estaría mintiendo, y esa sería una de las peores mentiras que he dicho, o diré en mi vida.

Él aún me importa, odio que se haya ido de mi vida, odio haber dicho todo eso aquel día. Pero, ¿qué más podía hacer? ¿Quedarme como una estúpida, y seguir dejando que me espíen? No lo creo, estaba a la defensiva, estaba enojada, y actúo mal cuando dejo que eso me controle. Es horrible el resultado.

—Perdón, ¿qué? —digo saliendo de mis pensamientos, noto que ya estamos en el aeropuerto.

—Saca a los perros, yo me encargo de las maletas, ¿bien?

—Sí, claro, no hay problema —paso el bolso por mi hombro.

— ¿Estás bien? Hace semanas que estás sumida en pensamientos —no me digas.

—Siempre pienso mucho, lo sabes.

—Sí, pero no por quince minutos seguidos, sin dirigirme palabra ni responder cuando hablo de Enrique Iglesias o sobre TAI.

—No es nada, tranquila. Es solo la Universidad, me... estresa un poco, ya sabes cómo es —me mira intentando descifrar algo. —Oye, relájate. Tenemos que viajar en menos de una hora —no espero respuesta y salgo del auto abriendo la puerta del asiento de atrás para sacar a los cachorros.

Mi prima saca las maletas, activando la alarma del auto, aunque estará seguro aquí de todos modos, y vamos dentro del aeropuerto. Esperamos quince minutos antes de ir a revisión de maletas, donde también tendrían que ir Chloe y Toby para que los dejen donde deben estar durante el vuelo.

Entregamos nuestros pasajes, y vamos arrastrando nuestras maletas hasta el avión, donde las dejamos sobre nuestros asientos. Me siento junto a la ventana sin importarme las quejas de mi prima, como la ignoraba, dejó de quejarse, y se sentó a mi lado. Aún faltan como quince minutos para que despegue el avión, antes que apague mi celular, me llega un mensaje.



Elizabeth Barzola

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En el texto hay: amor, amistad, equitacion

Editado: 26.08.2018

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