Mi Stalker

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44. "Solo fue un beso"

Liz

Siempre, desde que era solo una niñita, soñaba con viajar a España. Es uno de los países que he querido visitar, y sigue siendo hermoso para mí, sin contar cuantas veces vea el mismo paisaje. Sin embargo, no puedo evitar pensar en que sería mucho mejor si mi familia y amigos estuvieran aquí. Mi prima está, pero sé, al igual que ella, que necesitamos a alguien más que nos complemente.

Ese alguien puede ser algún amigo, nuestra familia o simplemente una persona de la que no habrías sospechado antes. Así me esté negando, quiero a Christopher aquí, lo quiero conmigo. Que me abrace y así saber que está para mí. Pero todo se arruinó en el momento que vi esos mensajes.

—Hola —mi prima se sienta junto a mí en el balcón con dos botellitas de licor. No somos unas santas al fin y al cabo. Y somos mayores de edad.

—Hola.

—Supuse que querías compañía, y algo de tomar —sonríe y me da una botella.

— ¿Sí? ¿Qué te hizo pensar eso? —doy un sorbo a la bebida y ella igual. Un momento, conozco este sabor. — ¿Cuánto gastaste por esto?

— ¿Te gusta? —ríe y da otro sorbo.

— ¿Qué pregunta es esa? Es Atlántico Rum, me encanta.

—Sí, por eso lo compré.

— ¿Y la etiqueta?

—Sigue ahí, solo que cubierto con papel para que no lo vieras.

—Ok, buena elección de licor —doy otro sorbo sintiendo el líquido quemar mi garganta, pero con un sentimiento de satisfacción.

—No pensé que recordarías el sabor. Hace un tiempo que no lo has tomado.

—Fue en mi fiesta de quince —río y continúo. —Alguien me lo obsequió, sabiendo cuanto amo a Enrique Iglesias, y mis papás accedieron a dejarme probarlo. Estuve tres días intentando que mi papá no lo encontrara después.

— ¿Por qué?

—Porque también lo probó, y ya sabes cómo es con el ron.

—Sí, así son el Ñaño Pepe, mi papi, y PapitoJosé con el whisky.

—No me dijiste cuánto gastaste por esto.

—El punto no es el costo, sino el contenido.

Tiene razón. Estuve esperando mucho tiempo para volver a tomar una gota de Atlántico Rum, cuando lo probé me encantó, y luché para que no me lo quitaran después que me lo obsequiaran. Quería guardarlo un tiempo, y no acabarlo de una. Me sorprende que mi mamá hubiera aceptado que lo probara a una temprana edad. Aunque ese mismo día había probado el champagne, supongo que por eso accedió. Y porque mi papá le convenció.

—Oye, mi ñañito me dijo que vio algo en Noche Buena.

— ¿Ah sí? —doy otro sorbo al licor.

—Sí, dijo haber visto a una chica pequeña, cabello con rulos y color negro besándo a un chico más alto que ella —dice burlona, casi me atraganto con el ron.

— ¿En serio? ¿Quién será?

—Oh, vamos. No se lo dijimos a nadie.

—No puedo creer que me vio mi primo —digo, y paso una mano por mi cabello.

—Pues, así es la vida, primita. Por cierto, ¿quién era ese chico? ¿Era Chris?

— ¡Fue el muérdago! ¡Sabes la regla! Y él la sabía.

—Lo hubieras besado de todos modos, con muérdago o no.

— ¿Te estás burlando de mí? Sólo fue un beso —uno que me gustó.

—No. Te digo lo que yo creo, y lo que tu amiga también cree.

— ¿Hablaste con Mía?

—Sí, dice que es más que obvio que estás colada por ese chico —dice burlona, y mirando sus uñas.

—Te odio.

—No, tú me amas.

—Si tú lo dices —me mira frunciendo el ceño, y río levantándome con la botella de ron ya vacía. —Iré a ver a Zeus, luego pedimos pizza cuando vuelva.

— ¿Ya te acabaste el ron?

—Sí, estaba rico, gracias por comprarlo.

—Soy la mejor prima, ¿no? —reímos, solo revuelvo un poco su cabello, por lo que se queja. Ella lo tiene muy lacio, en cambio yo lo tengo con muchos rulos.

—Te veo luego —salgo del departamento, y me encamino al establo.

Solo fue un beso, y fue por culpa de un muérdago. A veces odio saber muchas cosas, aunque no hay que negar que con o sin muérdago, alguno de los dos hubiera actuado igualmente. En esos momentos, me tragué mi orgullo y me dejé llevar por unos segundos.

Esperaba que no me hubieran visto ni los vecinos, mucho menos mi familia. ¿Pero qué consigo? Mi primo mayor, solo por cuatro años, me ve por la ventana, y para variar, se lo dice a su hermana. Quien no desperdicia oportunidad para molestarme cuando quiere. Aunque los quiero a ambos, son unos jodidos. Son hermanos, lo que significa que siempre van a ser cómplices para molestarme.

Llego al establo, y me dirijo al box de mi caballo, sonrío al ver que está limpio. Pensaba bañarlo mañana, pero decidí mejor hacerlo ayer, no me gusta que esté sucio tanto tiempo. Me gusta tratarlo como un príncipe, y que esté siempre como tal. Aunque su actitud es de todo, menos de un príncipe. Me recuerda a mi hermano.



Elizabeth Barzola

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En el texto hay: amor, amistad, equitacion

Editado: 26.08.2018

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