Mi Stalker

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46. "Está claro que me enamoraste"

Liz

Un aroma familiar llega a mis fosas nasales y miro a mi alrededor. Almohadas por doquier, ropa en el suelo y otras cosas; como un reloj, mi celular y alcanzo a ver una bota mía de cuero negro.

Después de lo que ocurrió ayer, tuve que cambiar las sábanas y se quedaron en la lavadora. Ambos tomamos una ducha y volvió a pasar lo que en un principio no esperaba hacer en medio de una discusión con Chris. Pero pasó, y me siento algo extraña.

Paso una mano por mi cabello y volteo mirando al chico junto a mí.

¿Cómo dejé que esto pasara?

Miro a Chris una vez más, memorizando detalles suyos de los que no me he dado cuenta antes. Como sus largas pestañas oscuras y rasgos de cualquier joven de su edad, cumplió hace semanas veinte años. Y yo tengo solo dieciocho, aunque en pocos meses cumplo diecinueve. Mía muchas veces me ha hablado que prefiere tener a un asaltacunas, antes que ser ella la asaltacunas. Y en ese tema de algún modo estaba Chris. Sí es un asaltacunas, por poco más de un año.

Escucho como suena el teléfono del departamento en la sala, y miro el reloj junto a mi puerta. ¡¿Las diez de la mañana?! Ay, Dios mío. Yo no duermo tanto. Me levanto poniéndome las bragas y la camisa de Chris encima, es demasiado grande para mí, pero basta para unos minutos. Voy a la sala descalza, y contesto viendo a los perritos sobre el sillón.

— ¿Hola?

Hey, ¿dónde estabas? Te llamé al celular diez veces y no respondías. Al menos respondiste a lo que llamo al departamento.

 ¿Y por qué me llamas en sábado? Estaba... dormida.

Pero si tú no duermes tanto, esperaba que estuvieras alimentando a los perros.

—Ok, ok. Perdón, recién desperté.

 ¿Y qué estabas haciendo que te despiertas a las diez de la mañana? —siento el calor subir a mis mejillas, y una sonrisa se forma en mi rostro.

—Pues, ya sabes, tareas —ni tareas tuve de la universidad. —Me quedé hasta tarde despierta, ya sabes cómo es eso.

Eh... Ok.

 ¿Por qué llamabas? ¿Pasó algo?

No, solo era para ver cómo estabas.

—Pues, ya ves. Sigo respirando, mis órganos funcionan. Y no he quemado el departamento, ¿sabes?

 ¡Hey! Solo fue una vez, y fue por Toby.

—Sí, ajá. Mi cachorro va a quemar un triste intento de Filé Miñón.

Te estás burlando de mí.

 ¿Yo? No, de ninguna manera —río y bufa del otro lado de la línea. —Hablamos luego, prima. Chao.

Cuelgo al recibir respuesta, y suelto un suspiro pasando una mano por mi rostro. Miro a los perros en el sofá, sonrío al sentir unas manos en mi cintura y un beso en mi mejilla.

— ¿Te digo algo? —murmura con la voz ronca, cuánto me gusta eso.

— ¿Qué? —volteo y paso mis brazos alrededor de su cuello, pasando una mirada por su cuerpo antes de llegar a sus ojos zafiro.

Solo lleva bóxer, aunque así puedo ver su tonificado cuerpo sin problema. Recuerdo cuando Mía me hablaba de las veces que los acompañaba a él y a Simón al gimnasio desde que eran adolescentes. Ella se quedaba dormida por ahí mientras ellos hacían ejercicio, y vaya que ha resultado de un modo increíble.

—Te amo.

—Eso ya lo sé —sonrío después de él. —Yo también.

—Qué bueno, preciosa.

— ¿Sabes? Eres el primero que me habla así, con esos apodos tan lindos.

— ¿Cuáles? Linda, cariño, hermosa, preciosa, amor mío —dice, y asiento.

—Son muy lindos, me gustan.

—Y a mí me gustas tú.

— ¿Cuánto? —pregunto.

—Todo de ti.

— ¿Todo, todito? —muerdo mi labio.

—TODO. Todo.

—El sentimiento es mutuo.

—Eso es bueno.

Sonrío. ¿Cómo no lo conocí antes? Es tierno, divertido, ocurrente, puede ser un pervertido muchas veces, pero aun así lo quiero demasiado.

Luego del desayuno, Chris se fue a bañar y yo me quedé arreglando un poco el cuarto, después de lo de anoche, estaba demasiado desordenado. En eso de estar arreglando, con muchas distracciones cuando tienes a dos perros hiperactivos que no se callan cuando les da por ladrar todo el día, Mía me llama y le pongo en altavoz.

Buenos días, buenos días, buenos días —río por su tono eufórico.

—Buenas tardes, buenas tardes, buenas tardes, Mía —agarro el edredón del suelo luego de dejar el celular en la mesita de noche.

Oh, ya es de tarde allá.

—Sí, ¿cómo estás, Dallas? ¿Algo nuevo de Cameron?

Uf, ese muchacho está cada vez más bueno. ¡Si lo vieras!

—Lo veo con cada foto que me envías, cada día, cada semana.



Elizabeth Barzola

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En el texto hay: amor, amistad, equitacion

Editado: 26.08.2018

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