Mi Stalker

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53. "Lo decidí, es hora de volver"

MYKONOS, GRECIA.

Liz

El sonido de la ducha me despierta en la mañana, solo me remuevo en la cama y doy una vuelta en la misma quedando boca abajo y abrazando la almohada. Viento entra por la ventana y lo siento en toda la piel, lo único que cubre mi cuerpo es la sábana y no cubre todo que digamos.

Hace dos días apenas llegamos a Grecia y a las cabañas frente al mar que mi mejor amiga consiguió con sus contactos especiales. Y la influencia de las Islas del Sexo comenzó a actuar tanto en mí como en Christopher.

Ambos estamos en la mejor habitación, Mía estaba furiosa, nos quería matar, pero se tranquilizó cuando dije que le invitaría la cena de dos noches seguidas. Accedió a quedarse en el cuarto que está junto a la sala principal y Jaaziel no hizo problema en quedarse en el que está junto a la cocina.

Una llamada a mi celular me saca de mis pensamientos y abro los ojos buscando el aparato, lo veo en el suelo junto a mi ropa. Suelto un suspiro antes de estirar la mano y agarrar mi celular, miro quién es y contesto la vídeo llamada olvidando que no llevo nada puesto.

—Buenaaaaas —sonrío mirando a mi maestro de Equitación al otro lado de la pantalla.

—Hola, peque... —se queda callado y abre los ojos como platos antes de cubrir su cara con su antebrazo. —No jodas, ¿por qué estás así? ¿Quién responde una vídeo llamada sin nada de ropa encima?

—Tengo la sábana, no seas exagerado —el celular está apoyado en la almohada y estoy cubierta por las sábanas. —No es como si mi hermano o mis primos estuvieran contigo.

—Eh... Sobre eso.. —mira hacia otro lado, veo que está en su casa, y hay otras voces además de la suya. — ¿Ya la llamaste, Andrés?

Esa es otra voz. Y no cualquier voz, es mi papá. Estoy muerta si se acerca y me ve así.

Antes que lo vea asomarse por la pantalla, desactivo la cámara para mí. No me puede ver así, qué dirá si ve a su princesa sin ropa y de la nada puede salir Chris del baño en el mismo estado.

—Hola, Papiii —digo sonriendo a pesar que no me vea, está junto a Andrés.

—Hola, mi princesa. ¿Por qué no activas la cámara?

—No es nada, está un poco dañada, pero tiene arreglo, no te preocupes.

—De acuerdo, ¿cómo te va en el trabajo?

Después de graduarme comencé a trabajar en Vogue al terminar la pasantía. Aunque sí quisiera buscar otras compañías para ver cómo me va.

—Bien, está excelente, me tratan bien y la paga es muy buena.

—Qué bueno, reinita.

Sonrío, hace mucho no veo a mis papás. Busco en la habitación mi ropa y me pongo mi camisa de botones y mi ropa interior. Entonces activo la cámara sin arreglarme mucho el cabello, apenas desperté, es una excusa.

—Mira, ya funcionó la cámara —me hago la sorprendida y escucho una risa en el fondo. — ¿Ese es Fabi?

Voltean la cámara y veo a mi hermanito riendo mientras ve su celular. ¡Oh, Dios mío! Ya no es un enano. Ya tiene diecinueve años, ha crecido tanto.

—Fabi, saluda a tu hermana —dice mi papá y regresa a ver con una sonrisa cuando le dan el celular de Andrés.

—Nini, ¿viste las imágenes que te mandé?

—Sí, me encantaron, gracias —se aleja de la sala y me mira interrogante.

— ¿Acabas de acostarte con alguien?

— ¿Eh?

—Puede que no se hayan dado cuenta los adultos, pero yo sí que te conozco mejor que nuestros padres. ¿Quién fue? Anda, dime.

—Tranquilo, ñaño —río. —Solo no le digas a mis papás. Te pago las entradas para el cine de la cita que tendrás pronto.

Se sonroja. Yo también lo conozco mejor que nuestros padres. Cuando lo llamaba se notaba diferente, hasta creí que secuestraron a mi hermanito.

—No es necesario. No les diré, pero tú tampoco les digas.

—Las tías te descubrirán. Tarde o temprano.

Bufa y desvía la mirada. Mi papá le dice algo y él asiente.

—Mira esto, ñaña.

Tapa la cámara con su mano y escucho aún las voces. Mi hermano quita su mano y solo veo el cielo en la pantalla. ¿Qué traman?

Escucho entonces un relincho tan tierno, y lo veo, un hermoso caballo de tal vez dos años. Es de raza Azteca. Color carbón puro, solo los cascos son plateados. Es precioso.

— ¡FELIZ CUMPLEAÑOS! —mi mamá está junto al caballo, igual mi hermano y mi papá.

— ¿Qué...? —tapo mi boca con mi mano de la sorpresa. —Pero si ya pasó mi cumpleaños.

—Pero no estuviste aquí, así que decidí llamarte cuando estuvieras lejos del trabajo —dice Andrés en voz baja. —Sé que no estás en España, vi las fotos que subiste. Sin embargo, no les dije a tus papás, los conozco.

—Gracias —entonces mi hermano también lo sabe, y mi prima de seguro. —Y ese caballo, ¿es mío? —sonríe.



Elizabeth Barzola

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En el texto hay: amor, amistad, equitacion

Editado: 26.08.2018

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