Mi Stalker

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55. "Problemas"

BUENOS AIRES. DOS MESES DESPUÉS

Liz

Llevo todo el día en el establo, enseñando al pequeño Sultán a ser más obediente. Ya lo era para cuando volví hace un mes de Mykonos, pero especialmente conmigo y al momento de ejecutar un movimiento o coreografía era lo que más le faltaba.

Aunque me sorprende lo rápido que aprende y acata las órdenes. Sin duda adiestrar un caballo es difícil, lo sé por mi pequeño Zeus.

No exijo a Sultán por ser de apenas dos años, pero a esa edad ya es lo suficientemente grande para entrar a las competencias ecuestres. Sin embargo, eso tomará su tiempo hasta que termine de educarlo bien.

En momentos como este agradezco haber venido semanas antes de Navidad para ver todo de lo que me perdí. Conseguí vacaciones en el trabajo, o los trabajos, también proveo fotografías a distintas agencias, así me mantengo estable.

—Dejémoslo aquí por hoy, pequeña —Andrés se sienta junto a mí debajo de un árbol. Solo miro al caballo comiendo junto a algunos perros.

—Aprende muy rápido —digo sonriendo. —A este paso estaremos en competencia para dentro de año y medio.

—Así parece.

Andrés va a decir algo más, pero el sonido de mi celular lo interrumpe. Contesto recostándome en el árbol.

—Hola, Chris. ¿Pasó algo?

 ¿Dónde estás?

—Adiestrando al caballo, te lo dije en la mañana.

— ¿A qué hora piensas volver? Hoy teníamos que buscar dónde conseguir la mitad de lo necesario para la boda.

—Lo sé, pero aún queda mucho para la fecha. Ayer revisamos varias cosas. Ya me encargaré del vestido con mis amigas.

Sí, pero...

—No es para estresarse, tranquilo.

Y es verdad. Es nuestro casamiento, sí, pero no creo que sea motivo de estrés por los preparativos. Lo que importa es que pasemos de la mejor manera ese día.

Sólo ven rápido, estás demasiado tiempo allá diciendo que es por el caballo.

— ¿De qué hablas? Estoy aquí porque he decidido volver a la competencia ecuestre.

De acuerdo, te veo luego.

Cuelga sin decir nada más y guardo el celular soltando un suspiro y cruzándome de brazos.

¿Qué le pasa? Entiendo que planificar la boda es importante, pero cuando estoy al borde del estrés quiero encargarme de algo que me relaje, en este caso es el adiestramiento de el caballo.

Esto es importante para mí. Hace unos meses me gradué y conseguí trabajo luego de hacer la pasantía. Estoy manteniendo un departamento en Buenos Aires al volver a vivir aquí.

En España estuve para estudiar. Luego decidí volver acá al tener recomendaciones del trabajo en unas oficinas aquí. Doy fotografías al periódico y, así como en Europa, trabajo también en Vogue y Channel. Me sorprende la cantidad de oficinas que tienen en el mundo.

—Estás muy estresada —se burla Andrés.

—Él es el estresado —murmuro mirando hacia mis botas. —Le dije que estaría algunos días a la semana aquí y que en la noche revisamos todo lo de la boda. También vimos salones y salí como una semana con mis amigas para buscar el bendito vestido y algunas decoraciones.

—Entonces será muy pronto la boda —dice con una pequeña risa.

—Quiero casarme —digo, abrazando mis piernas contra mi cuerpo y apoyando mi barbilla en mis rodillas. —Pero no quiero que unos preparativos me saquen de quicio.

—Siempre quisiste ser una princesa por una noche, pero odias tener que dar una impresión perfecta cuando se supone que la fiesta es para ti —lo miro de reojo. —No te preocupes, si te sientes mal vienes a verme y te hago una rutina para el Dressage que harás con Sultán. Podemos ir también al hipódromo, sin apuestas —me advierte y río.

—Solo fue una vez, no creí que perderías lo que yo gano en dos meses —digo sin dejar de reír. —Gracias, eso necesitaba para relajarme.

***

Luego de almorzar en casa de Andrés, me quedé una hora más en el adiestramiento de mi caballo. Me siento muy feliz viendo lo rápido que aprende, muy pronto podremos practicar para las competencias, me emociona demasiado.

— ¿Quieres acompañarme a comprar el balanceado de esta semana para los caballos? —me pregunta Andrés mientras guardo algunas cosas en mi pequeña mochila.

—No, tengo que volver al departamento, Chris me espera. Ya son las tres de la tarde, y eso nos llevará unas horas más. Se enojará si llego muy tarde, será insoportable.

—No dejes que se sobrepase, he visto cómo es sólo por celos insignificantes, pequeña.

—Sí, tranquilo, sé cómo tratarlo —digo con una pequeña mueca y poniendo mi mochila sobre mis hombros y espalda. — ¿Me dejas en el departamento?

—Claro.

Ésta vez vivo más cerca del centro de la ciudad, por el trabajo, así que es más largo el camino al establo, pero vale la pena si un lindo caballo me espera.



Elizabeth Barzola

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En el texto hay: amor, amistad, equitacion

Editado: 26.08.2018

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