Mi Vida (saga 1 Demonios)

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Prefacio

                    Algún tiempo atrás antes de la actualidad

 

- Esta muerto- indica James.

Situado en el pasto suelo, un vampiro yace sin vida. Su corazón no está, solo una cavidad vacía burbujea en oscura sangre que se visualiza sin que se desapercibiese de lo peculiar. En sus brazos un corte vertical se consume, venas prominentes en un tono como el cielo noche y las grandes moras de esos tiempos. Se desintegraba, era como cientos de polillas que al consumir la madera solo deja polvos de nada, polvo de los restos que alguna vez pudo haber.

- ¿Qué crees tú?- se dirige hacia mí.

- No había visto nada igual- detallo los alrededores del bosque. El olor de su atacante estaba por los aires pero no en un lugar de donde pudo llegar o incluso partir, todo se mezclaba continuamente.

- Avisen al rey.

Víctor se acerca a mí con una duda e incluso con un pensamiento tan extraño como todo.

- ¿No piensas que esto deba poseer alguna conexión con Celeste?- lo miro de soslayo. Observando el árbol que a sus espaldas se encontraba y tres trazos de un cuchillo se formaban frescos al hecho.

- ¿Qué tiene que ver la muerte de una mujer violada con esto?- lo dejo absorto a propias explicaciones y me dirijo hacia aquel árbol.

- ¿Conexión? – informa Ricardo.

El suave viento desliza las ramas, un viento sereno, frío y callado que nos alarma de un invierno cerca a pocos días.

- O quizás fuera el mismo asesino- un pedazo de tela cae suavemente de una de las ramas del árbol sobre el áspero cuero de piel cuyos muertos, mismas garras asesinaron. Una tela negra y sedosa, y un olor que ya conocía.

 

1873:

Ruedo los ojos cuando palabras tediosas ya me hartan.

- Hermano, digo que necesitamos de alguien que controle esta sociedad de vampiros.

- No necesitamos de un rey, no necesitamos aclamar ni menos rendir servicios a un ser que solo se mantiene en un trono sin hacer nada. Menos, crear distorsión.

Camino lejos de él, lejos de su presencia y de su olor. Salvaje, amargo y ácido al mismo tiempo. El viento bramaba con fuerza, como si poseyera una furia capaz de arrastrar todo a su paso. Los árboles se mecían de un lado a otro con dificultad, tratando de hacer entender que sus raíces eran invencibles ante aquel tiempo soberbio.

- Mereces encontrar una damisela a quien salvar de un apuro, luego acabas con su desdichada y desahuciada vida para alimentarte de su fruto - le aconsejo a lo lejos. Unos segundos después reaparece ante mí con una mirada sagaz -. Mas alimentación, menos palabras- digo en un tono frío cuyas palabras suenan en lo profundo consejo e indicación común, dentro de lo cabe en  nuestras formalidades.

- ¿Escucho eso?- le hago entender que el sonido del viento expandía hasta los valles sus imaginaciones y alucinaciones. Aunque fuera de lo que soltaba, el sonido era tan real como posible a ser el grito de una mujer.

Desaparece sin duda alguna del peligro. Dirigiendose hacia hechos que no eran nuestros ¿Qué tanto importaba lo que no involucraba al ser mismo? Corro siguiendo las huellas de sus suelas hacia el punto referente donde tres hombres y una mujer, tres seres muertos despilfarrando sangre y una agonización del miedo ante lo que poseía frente a sus narices a causa de la silueta ilusa llegar a exponerse de esa forma.

Puedes matar a esos hombres, pero no desperdiciando nuestro sustento- deslizo tales palabras sobre su mente con fuerza, queriendo hacerlo parecer una queja.

Él hace caso omiso a lo que digo, solo se mantiene de pies observando a la chica que asustada imploraba una oportunidad de más vida. Ojos como el cielo ante un amanecer brotaban lágrimas continuas, él, solo se mantiene absorto, como quien encuentra algo extraño y hermoso se detiene para contemplarlo.

Los alaridos son incomodidades a mis oídos, por eso me dirijo hacía ella cansado de sus gritos para arrancarle lo que alguien más le otorgo en algún tiempo. Deslizo con fuerza su cabeza hacía un lado y el augurio cesa cuando cae muerta.

- ¿Qué ha hecho?- sorprendido se tira sobre mí. Lo deshago de mis brazos con naturalidad, pues no era una importancia a mayores para lamentar.

- O la mataba o la comía, no la observaba.

- Es hermosa- se acerca y toma su cuerpo depositándola en sus brazos con delicadeza para no lastimar lo que ya estaba destrozado.

- Por un demonio, ya vámonos.

Palpa su rostro con suavidad, delicadeza y ternura. Me escandalizo cuando hace aquello, por ello le indico alejarnos lo más rápido posible antes de que alguien mortal cualquiera llegara. Él se niega ante tal plan al dejarla y perderla, por ello la toma alzando su cuello.



Bs. Rondón

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En el texto hay: asesinatos, vampiros, amor

Editado: 01.03.2019

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