Mikoto

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Mars fue el penúltimo novio de Chris y duraron juntos alrededor de un año.

Desde que lo vio por primera vez a Mikoto le parecía que no hacían buena pareja, pero nunca dijo nada porque le parecía de mal gusto hablar en base a impresiones superficiales. Por supuesto, cuando terminaron, no fue una sorpresa para él.

—Mars está enamorado de Chris desde la secundaria, parece que por fin tuvo su gran oportunidad —le explicó Harry la primera vez que se unió a ellos para una cena. Parecía que a Harry no le caía bien Mars, pero en general a Harry no le caían bien los novios de Chris, siempre decía que su amigo tenía un pésimo gusto para los hombres.

A Mikoto no le pareció un buen tipo, pero tampoco parecía tan enamorado como decían.

De todas formas, trataba de prestarle la menor atención posible, porque era obvio que cuando los ojos se posaban demasiado tiempo en una persona como Mars, había problemas. Mikoto no estaba seguro de ello, pero la atención frustraba tanto a Chris como a Harry.

Al menos, al principio si fue, pero teniendo en cuenta que cuando Chris tenía un novio, se unía al club de los ignorados en la mesa, terminó entablando pequeñas charlas esporádicamente.

—¿Yukio Mishima? —Mikoto, que había visto el libro asomándose por el maletín de Mars cuando este sacaba su cartera, se inclinó un poco para mirarlo. La curiosidad era un rasgo característico suyo, un mal rasgo si alguien le preguntaba.

Las palabras se le escaparon sin querer y se sintió avergonzado después de pronunciarlas, sobre todo cuando Harry levantó una ceja al escuchar su voz. Si había algo que le molestaba eran las personas que metían las narices donde no los llamaban, así que Mikoto reaccionó de inmediato, desviando la mirada hacia su bebida.

—Estoy probando nuevos autores —respondió con simpleza, si había notado su reacción, hizo como si no pasara nada. Mars era una persona tranquila y confiada. Harry perdió de inmediato el interés en ellos cuando Chris comenzó a hablarle sobre sus propias lecturas, girando la atención hacia él—. Me dijeron que era bueno —agregó, sin dejarse guiar por las palabras de Chris.

—¿Has leído a Murakami? —preguntó, con cierto interés, atreviéndose poco a poco a mirar al hombre—. Dicen que es buen, aunque yo nunca lo he leído —aclaró, sintiendo las mejillas calientes por la tontería que acababa de decir ¿Quién hablaba de algo que no conocía? Tampoco era que el fuera un gran conocedor, por lo que resultaba extraño y presuntuoso hablar de libros con alguien que no fuera Nara.

—Tengo un libro suyo, pero está comiendo el polvo —aclaró con una sonrisa divertida en los labios. Parecía que trataba de hacerlo sentir mejor—. ¿Alguna recomendación? —preguntó y Mikoto tuvo que encogerse de hombros.

—No lo sé —la mayoría de los libros que leía, no eran del tipo que le recomendaras a alguien que acababas de conocer, no a menos que quisieras que supieran que solo comprabas novelas cortas de romance. Mikoto rebuscó en su mente hasta que encontró a una de sus escritoras favoritas y de la que podía hablar en voz alta—. ¡Banana Yoshimoto! —exclamó, sin darse cuenta que lo había dicho como si hubiese obtenido un gran logro.

—¿Banana? —Chris no pudo resistir escuchar el curioso nombre y soltó una carcajada—. ¿Quién le pone banana a su hijo? Es como ponerle Mars —agregó en tono de burla. Mikoto sintió que el comentario era demasiado violento, pero nadie más en la mesa parecía pensarlo, probablemente porque todos estaban demasiado acostumbrados al sentido del humor de Chris y también porque en ocasiones le costaba reírse de las mismas cosas que le causaban gracia a los demás.

—Es un nombre que se le ocurrió a mi madre sin ningún problema —comentó, sin mostrarse en absoluto ofendido por sus palabras—. Y Banana Yoshimoto es una mujer.

—Como sea, no me gusta la escritura oriental, es demasiado depresiva —opinó, mirando el libro como si fuera a salirle una cabeza que se los comería a todos de un bocado. Mikoto tuvo ganas de decirle que no se decía “oriental” y que no todos los libros asiáticos eran de esa manera, pero no quería ser un pesado, así que guardó silencio.

—Chris, te gusta Oscar Wilde, no tienes derecho a hablar de cosas deprimentes —espetó Mars, riéndose un poco.

—Es diferente, Wilde era un genio —intervino Harry y después de eso se enfrascaron en un largo debate sobre que literatura era mejor, mientras Mikoto se pedía un trozo de pastel de manzana para mantener ocupada su boca.

Todos los encuentros que tenían eran así. Mars y Chris pasaban mucho tiempo discutiendo sobre cualquier cosa, aunque después de un tiempo se dio cuenta que no eran discusiones reales, de todas formas, parecían tener perspectivas de la vida muy distintas. A menudo Chris decía que Mars era un sabelotodo aburrido y que solo estaba con él porque era guapo, después de un rato aclaraba que era una broma, aunque el único que no parecía reírse era Mikoto.



Paloma Caballero

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Editado: 08.11.2019

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