Mil razones

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Capítulo Cinco: AMELIA

AMELIA

 

Mi primera semana en la gran ciudad había pasado más rápido de lo pensado. Ni siquiera estoy segura en que momento pase de estar durmiendo en la cada por horas hasta el mediodía gracias a mi trabajo por la noche a estar corriendo alrededor de Central Park. Sarah me había convencido de disfrutar de Nueva York ahora que soy como una turista más puesto que todo me hace brillar los ojos que después de que me acostumbre a esta ciudad llena de adrenalina y luego me canse de ella y no quiera hacer nada más que sobrevivir aquí. Lo que más me impresiono y me dejo deslumbrada era el color verde de Central Park, los árboles tan altos que de cierta manera te desconectaban del caos que representaban las calles neoyorquinas, al menos eso era lo que me pasaba a mí. Varias personas se nos adelantaban al pasar por nuestros lados corriendo más veloz, Sarah y yo nos tomábamos el tiempo, no íbamos de prisa.

De apoco comenzamos a disminuir el ritmo de nuestro trote hasta caminar y mientras estirábamos como si el tiempo fuera más lento. Aunque eso no era así lamentablemente. Bebo un poco de agua de mi botella, estaba fría y mi cuerpo enseguida lo sintió.

Me dije a mi misma que vendría más seguido a correr, ya era hora de volver a la rutina que tenía en Toronto. No me gustaba la idea de estar sedentaria nuevamente, de tan solo pensarlo me frustro conmigo mismo. La actividad física me ayuda a relajarme además de mantenerme. Lo que también me ayuda es cocinar tonelada de comida de todo tipo.

El celular de Sarah no ha dejado de sonar desde que salimos del nuestro apartamento, ella lo había puesto en silencio para que la molestaran. Hoy ella pidió el día libre puesto que tenía una cita con el medico a las ocho de la mañana, un chequeo de rutina. Cuando regreso, fue a tocar a mi puerta y sacarme de la cama a fuerzas, de todos modos lo logró. Al final Sarah opto por responder cansada de las llamadas perdidas. Según me contó ella la empresa de tela no estaba pasando por una buena racha, las ventas habían bajado bastante, estaban haciendo lo posible por mejorar. Había varias quejas de sus compradores diciendo que las telas no eran de una buena calidad. Eso estaba llevando a los trabajadores a un colapso de tanto estrés que tenían. Aunque mi prima se mantenía con una actitud positiva, eso era lo que me demostraba.

Mientras Sarah hablaba por celular, yo disfrutaba de las vistas. Aun no me podía creer que de verdad estuviera en Nueva York, comenzando una nueva vida. Podía haber escogido cualquier parte del mundo más tranquilo, pero no, aquí estoy, lanzándome al abismo sin saber que era lo que verdaderamente me iría a encontrar.

Después de recorrer un poco más en el parque, fuimos por un café Brooklyn Roasting Company para llevar. La cafetería estaba muy bien amueblada, nunca había entrado allí y quería quedarme, pero Sarah tenía que irse al trabajo, surgió un problema del cual no le quisieron decir por la línea, eso la puso un poco de mal humor cuando no hace mucho estaba felizmente corriendo y platicándome de un chico al que estaba conociendo, en fin, cuando cada una se dirigió a su propio apartamento que estaba a un lado, nos despedimos y quedamos en salir después que mi horario de trabajo terminara. Después de todo resulta que mañana no debo trabajar, tengo un día franco y ese el sábado. A pesar de que ella pasara por mí a las doce en punto, y me alarma estar tan tarde en la calle de Nueva York, el otro día me di cuenta que esta ciudad nunca pega un ojo. Lo supo cuando Gavin me trajo a casa. Pese a que ya pasaron varios días aun no dejo de agradecérselo, él solamente siempre me responde con que ya lo olvide. Aparentemente ya está agotado con mi agradecimiento cada vez que nos cruzábamos, pero bueno, no puedo hacer otra cosa. Si no fuera por él, de seguro hubiera llegado a mi apartamento después de que el sol iluminara las calles.

Me doy una ducha extensa mientras escucho música a todo volumen y canta como si el mañana ya no existiera. No tengo un género de música favorito, letra que me gusta de algún cantante o grupo, canción que oigo hasta que me canso, simplemente puse en mi celular reproducir en formal aleatoria todas mis canciones guardadas.

Me paso el rastrillo por mis piernas ya algo peludas. No pasan ni tres días cuando ya los vellos comienzan a molestarme.

Salgo de la ducha, apago mi reproductor de música. Me dirijo a mi habitación, me coloco una camiseta larga color blanco y unas bragas del mismo color. Se siente muy bien estar así en tu propio espacio, estaría en camiseta todo el tiempo, siempre y cuando este sola por supuesto entre cuatro paredes.

Caliento el café que ya se me ha enfriado en el microondas.

Me tumbo en sofá repleto de almohadones de la pequeña sala.

Enciendo mi ordenador que esta sobre mi regazo, necesitaba hacer una video llamada con mi madre y mis hermanas. De seguro ya estaban levantadas, o eso esperaba en realidad.

Les envié un mensaje de texto para hacerles saber que estoy intentado comunicarme con ellas por Skype.

Minutos más tarde por fin se conectaron. Saludo moviendo mi mano libre sonriendo.

—¿Cómo está mi Neoyorquina favorita? —la primera en hablar era mi madre. Tenía el cabello con un rodete alto, y una taza de café entre sus manos. Mis dos hermanas estaban cada una a un lado de ella.



Itsaldanat

Editado: 24.01.2020

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