Mil razones

Tamaño de fuente: - +

Capítulo Nueve: AMELIA

AMELIA

 

Me encontraba muy nerviosa puesto que debía pasar un fin de semana entero en la espalda de Alex, el hermano de Gavin. Esto de estar de niñera de un chico que técnicamente me lleva unos tres años aproximadamente es algo un poco ridículo, pero en fin, yo obligue a Gavin a ir hasta un disco que él no quería y yo debía cumplir mi parte del trato.

Esta mañana salí a correr por Central Park como ya se me estaba haciendo costumbre, algunos días ya salía con Sarah y otra sola. Cada día me exigía un poco más de mi misma, cada día aumentaba un o dos kilómetros más, mis piernas me pedían que me detenga pero simplemente yo me ponía una meta y hasta no alcanzarla no paraba. Llegaba a mi apartamento sudando como puerca, me daba una ducha larga de una media hora mientras escuchaba mis canciones favoritas del momento. No voy a decir que ya soy parte de los neoyorquinos por el simple motivo de tener una rutina de todos los días, pero ya siento que voy conociendo esta ciudad y como se manejan. Tomar la decisión de venirme aquí fue una de las mejores que he tomado y no me arrepiento a pesar que llevo una semanas nada más.

Esta noche el club de Gavin no abría sus puertas, por lo tanto todos teníamos el día libre. Me ha comentado Tamara que Gavin mando a hacer unas pequeñas moderaciones, nada del otro mundo, solamente algo que tenía pendiente. Mi plan era quedarme en mi cama con mis ojos clavados en la televisión o leer algún libro como Cincuenta Sombras de Grey, uno de mis libros favoritos, me comporto como toda una Fangirl cuando comienzo a leerlo, no puedo evitar imaginarme al Christian Grey de la película cada vez que releo. En fin, pero mis planes se fueron a la basura cuando Sarah me salió con una de sus locuras sin avisarme al menos unas dos horas antes, me negué a su petición de llevarme a una cita doble.

Sin embargo después de pensarlo tanto, me dio curiosidad por conocer finalmente a su chico misterioso, del que me habla de vez en cuando, pero lo hace mordiéndose el labio. No puedo asegurar que lo que sienta Sarah por ese chico sea algo fuerte, no algo que involucre al corazón, pero si algo que involucra el contacto físico. Acepte ir con ella, me dijo que su chico tenía un amigo el cual lo acompañara y ella necesitaba llevar a alguien también, y aquí estoy mirándome en el espejo frunciendo el ceño por el vestido rojo llamativo que lo único que provoca es que quiera volver a la cama.

Detestaba usar cualquier prenda de ropa ajustaba y se lo había dejado muy bien claro a Sarah, esta ha hecho oídos sordos a mis palabras.

—¡Oh por Dios! —Doy un saltito cuando escucho de repente la voz algo chillona de Sarah apareciéndose en mi habitación como fantasma—. Mira ese trasero de Kim kardashian.

—Primero, ¿Alucinas? Segundo, ¿Qué trasero? y por ultimo ¿Conoces a Kim Kadashian?

—No. El que tienes detras. Y Que me la pase casi todo el jodido tiempo encerrada en una oficina con los pelos de punta y las ganas de llorar siempre no quiere decir que no conozca al clan Kardashian, Amelia.

Relajo mi ceño fruncido y me rio de su comentario. Pero no dejo atrás mi incomodidad.

—¿De dónde has sacado esta cosa de porquería que estoy segura hace que mis senos se sientas asfixiados? —digo señalándome arrugando la nariz.

—En la basura.

—¿En serio?

—Claro que no, lo he sacado de mi ropero y me siento ofendida que lo hayas llamado de esa manera —Sarah ladea la cabeza—. Siéntete especial de que estas usando un vestido de Ralph Rucci y más aún que yo te haya prestado ropa, normalmente me vuelvo una fiera asesina cuando me tocan cualquier prenda.

—¿Es de Ralph Rucci? —entrecierro los ojos.

—Bueno no, en realidad es una imitación barata, pero es que no me puedo dar el lujo de ir por Nueva York en busca de un vestido original como así. De todas maneras para combinar ese ardiente vestido rubí, te sugiero usar labial rojo pasión, de seguro esta noche se te da un acoston.

—¡Wow, wow, wow! ¡Detente ahí vaquera! —Coloque las manos en aire delante de su torso sorprendida por sus recientes palabras—. No voy a acostarme con un completo desconocido, voy contigo para hacerte compañía a ti y al amigo de tu chico, eso será todo, Sarah. Que se te meta en la cabeza por favor, no intentes hacer que mi “cita” intente ligar conmigo y piense otra cosa, ¿de acuerdo?

Sarah me pone los ojos en blanco y resopla.

—Veamos si dices lo mismo después de conocerlo, de verdad que su amigo esta como tallado a manos por los Ángeles, Amelia, debes verlo y se te caerán las bragas.

—Se me está cayendo las ganas de ir ahora mismo.

—Oh vamos, Prima, tú eres la buena onda de nosotras dos, sonríe y mueve ese trasero —Sarah me da una palmada en una cachete y la miro boquiabierta.

—¡Sarah! —exclamo.

 

 

 

Llegamos al Eleven Madison Park ubicado en 11 Madison Avenue, Sarah insistió en tomarnos un taxi en vez de ir en metro.

En la puerta del restaurante habían dos hombres de unos veintitantos años con las manos entrelazadas por delante, vestidos elegantemente con trajes color negro, camisa implacablemente blanca y una corbata con de seda. Apenas Sarah les echo el ojo me sonrió y me dije que eran ellos, ellos serían nuestras “citas” de esta noche. Me señalo disimuladamente a uno de ellos en particular, uno de cabello castaño oscuro peinado hacia atrás, este mantenía una sonrisa ligera en los labios a medida que avanzábamos hasta ellos. Cuanto más estábamos cerca distinguí que sus ojos eran de un color café oscuro, conserva una barba de tal vez un centímetro de grosor perfectamente cuidado, los dos hombres median un metro con ochenta si no mal calculaba. Cuando nos detuvimos frente a frente, lo primero fue un saludo amigable entre el otro hombre quien era el chico misterioso quien Sarah a estado viendo. Los ojos de este se le ilumino cuando mi prima le dio un beso en las mejillas.



Itsaldanat

Editado: 27.01.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar