Mil razones

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Capítulo Once: AMELIA

AMELIA

 

¿Qué que hacia yo en su cama?

¿Qué no era evidente?

Estaba tratando de conciliar el sueño de una vez por todas, dormir en la cama de mi jefe chivudo sabiendo que él se acuesta todas las noches allí me ponía incomoda, cuando apoye mi cabeza en su almohada sentí su aroma cítrico fuertemente, me esforcé por evitar hundir mi rostro en esa almohada, es que era tan rico el perfume que usaba que hasta ahora no me había dado cuenta, y cuando finalmente mis ojos se estaban cerrando y yo estaba por sumergirme en algún tipo de sueño, alguien hace un movimiento brusco devolviéndome a la realidad, y ese alguien está de pie delante de mí como Dios lo trajo al mundo. Y me quede sin aliento al ver su entrepierna, lo peor de todo era que se me hacía casi imposible apartar mis ojos de allí, me tuve que dar dos bofetadas mentales para hacerme reaccionar, por poco también me atraganto con mi propia saliva.

—Estoy esperando una explicación, Gutiérrez —el tono irritado de Gavin provoco que yo salte de la cama con las mejillas más rojas que un tomate.

No podía articular palabra alguna, no cuando él estaba completamente desnudo, expuesto ante mí. Yo buscaba cualquier cosa en la habitación que me entretuviera para no desviar mis ojos y estos fueran a parar a su bulto nuevamente, estoy bastante segura que no podre mirarlo a los ojos mientras continúe así y mucho menos cuando estemos los dos en el bar, tampoco poder mirarlo, voy a recordar este momento y ya siento como mi piel se calienta de lo abochornada situación.

—No me lo hagas repetirte —otra vez su voz.

Si fuera cualquier otra circunstancia no dejaría que me levantara la voz de esta manera, pero ahora estamos en su apartamento, dentro de su habitación y con la luz de la luna iluminado su firme y trabajado cuerpo.

Me doy otra bofetada mentalmente, estaba perdiendo mi juicio.

Me aclaro la garganta.

—¿Podrías ponerte algo de ropa y después hablamos? —era una pregunta pero creo que me salió un tono de mandona, puesto que Gavin soltó un gruñido.

—No me des órdenes, yo soy quien ordena aquí —dice, entonces por el rabillo del ojo noto como toma una semana y se la envuelve en la cintura—. Contéstame y mírame a la cara.

Bueno… al menos su miembro estaba cubierto por unas sábanas en vez de su mano que apenas tapaba algo.

Un poco segura de mí y que no desvié mis ojos hacia abajo, entrelazo mis dedos por detrás.

—¿Dónde se supone que durmiera? ¿En el suelo?

—¿Dónde se supone que durmieras? No aquí por supuesto, ni siquiera dentro de mi apartamento.

Su voz se elevaba cada vez más, no dudaría que Alex estuviera escuchando los gritos de su hermano.

—No te estoy comprendiendo —digo con un tono normal—. Me dijiste que cuidara de tu hermano, y aquí estoy, ¿no?

Gavin levanta su dedo índice a la altura de su pecho apuntándome abriendo la boca pero cerrándola al instante, sin saber cómo responderme. Después forma un puño con la misma mano y aprieta sus labios.

¿Es normal verlo más atractivo a la luz de la luna? Quiero decir, no me había percatado antes de lo sexi que es. ¿O es por qué esta en silencio justo ahora sin saber cómo enfrentarme o reñir como de costumbre? Mientras más le estoy dando vuelta, más me convenzo que es la segunda opción. Ahora entiendo ese dicho que dice: Calladito te vez más bonito, resulta que así es, ¿él pensara lo mismo de mí?

—¿Por qué llegaste el lunes a la madrugada y no el domingo antes de las diez de la noche como prometiste? —lo interrogo levantando el mentón en su dirección.

Gavin me enarca una ceja e inclina su cabeza ligeramente a un costado y se detiene a observarme. Entonces noto como recorre mi cuerpo de arriba abajo, y entonces me doy cuenta que estoy con un pantalón corto con estampados de ositos que apenas me cubre los muslos, una camiseta de mangas largas color blanco y un sostén con encaje negro que por la camiseta un poco trasparente se puede notar, mis pies me cosquillean al sentir sus ojos clavados en mi cuerpo, me pongo nerviosa y tomo la almohada para cubrirme, la abrazo y lo fulmino con la mirada.

No sé qué se me paso por la mente cuando opte por tomar este piyama para dormir en el apartamento de Gavin, solo lo uso cuando estoy sola, y me siento bien con ello. Pero con mi jefe delante de mí no.

—¿Por qué me estas tuteando?

Pongo los ojos en blanco sin disimularlo.

—Por Dios, Gavin —exclamo exasperada—. Ya deja eso, no estamos en horario de trabajo, ¿Por qué te empeñas en que no te tutee siempre? Me vas a sacar canas verdes, lo juro.

No me responde.

—Me voy a dormir en el sofá de tu sala, mañana a primera hora ya estoy fuera de tu sagrado apartamento que ninguna persona del sexo masculino debe pisar —levanto las manos en el aire, antes de marcharme de su habitación este me frunce el ceño.

—¿Qué fue lo que te dijo Alex?

Podría decirle que no fue su hermano quien me conto de que tiene serio problemas cuando de mujeres se trata, pero entonces yo estaría mintiendo como pinocho, pero me limito a mirarlo fijamente sin decirle nada. Simplemente me salgo de su habitación, el pasillo estaba cubierto por la oscuridad, a pesar de que nada en este lugar esta desordenado ni nada esta esparcido por todas partes, pego mi mano a la pared para guiarme hasta la sala.



Itsaldanat

Editado: 17.01.2020

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