Mil razones

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Capítulo Veinte: GAVIN

GAVIN

 

 

   Llegar a mi apartamento, tomarme algo fuerte, irme a acostar con la intensión de dormir era mi plan desde que terminarnos de cenar en el The View, pero sin embargo eso no sucedió puesto que sentí la necesidad de no dejarla ir tan fácilmente y por esa razón necesitaba decirle que me la estaba pasando de bien, y es que eso era por completo verdad, así me sentía, fue una jugada arriesgada puesto que ella podría muy fácilmente rechazarme y querer ir a su casa, pero para mi sorpresa eso no fue así.

   No voy a engañarme y mentirme, cuando todo finalizo y entonces si me metí a mi cama me sentía como un puto adolescente con un torbellino de emociones que son difíciles de manejar y entender. Sus besos eran los mejores, los mejores labios que en mi vida había probado, y de los que no me cansaría nunca de probar, saborear, como un manjar. De pronto cuando ella tomo la iniciativa esta vez sorprendiéndome, quería arrancarle la ropa allí mismo, en mitad de la calle sin importarme nada. Sentir su piel desnuda en mis dedos, acariciarla, convertirme en un verdadero caballero y bestia al mismo tiempo, estuve en contradicción conmigo mismo durante toda la noche que pasamos juntos, tratando de convencerme de que no debía siquiera tener un sentimiento por ella, que era algo imposible, que su sonrisa no iba a hacerme perder la cabeza como un niño de secundaria, no obstante también iba perdiendo con su presencia tan cerca, con su voz grata, con sus enormes ojos color cafés que brillan cuando habla de algo que la apasiona por ejemplo de su pasión por la cocina, pero que no se anima del todo a hacerlo formal. Desearía no ser tan cabeza dura a veces. Y es que aceptar que de verdad me pasa algo fuerte con ella es complicado para mí, y a la vez tan sencillo.

    Costo mucho pegar los ojos hasta las tres de la madrugada quizás, pero finalmente pude dormir como una persona normal.

 

 

 

    A la mañana siguiente me había llegado un mensaje de texto de una de mis personas menos favoritas en este universo, de Dave. Nuevamente me quiere ver, quiere que vaya a Los Ángeles porque según él necesitamos hablar. Por supuesto que no le respondí, es más me dieron ganas de cambiar mi número de teléfono así consigo que no me hable nunca más en la vida. Dado que no conteste su mensaje, él me llamo a eso de las diez y media, para acabar con todo esto, no me dejo otra elección que atender con irritación.

   —No sé nada de ti por casi veinticinco años y de la nada te importa verme por segunda vez, creí que habías entendido que no me interesa una mierda absoluta tener algo que ver contigo, así que déjame en paz, Dave —respondo apenas descolgué.

    Lo oigo toser al otro lado de la línea antes de poder hablar, mientras tanto me preparo algo de café que me despierte del todo. Alex ya estaba en la escuela, estuvo feliz cuando le di la noticia que no sería expulsado ni mucho menos, le dije que Amelia ayudo algo en eso, y me echo en cara que él estaba en lo cierto cuando le pidió a ella que me acompañara, y vaya que le di la razón en eso. Le advertí a Alex que se dejara de meter en problemas, que este sería su último año antes de irse por fin a la universidad, si seguía con su rebeldía lo mandaría con Abigail, la misma amenaza de siempre que ya ni lo inmuta.

   —Tienes que dejar de tenerme rencor, hijo —me dice como si nada—. Estoy tratando de recuperarte pero tú no me lo permites, ¿Cómo se supone que me gane tu respecto y cariño sino me ayudas, no pones de tu parte?

   —Ni volviendo a nacer te ganaras una parte de mi respeto. Vuelve a tu vida perfecta a la que no me daba dolores de cabeza como ahora, ¿quieres?

    —Ya te lo he dicho, y te lo volveré a decir por si lo has olvidado, los abandone porque…

    —Porque no estabas preparado para ser un padre, si, si, lo tengo dentro de mi cabeza, no te preocupes, no lo he olvidado. Sin embargo no cambio nada cuando me lo dijiste y no cambiara nada ahora tampoco.

   —Eres igual que yo —suelta una carcajada sin muchas ganas—. Testarudo, y créeme eso es algo bueno dado que así las personas no pasaran por encima de ti tan fácilmente, al menos que lo permitas. Pero te suplico que dejes eso a un costado, y vengas a verme por favor, Gavin. No sé qué más hacer para que aceptes.

   —Tú mismo lo has dicho, soy un testarudo. No hagas nada, no hay forma de que vaya a verte.

    Resopla gruñendo.

    Ese hijo de perra piensa que con tan solo intentar sobornarme con dinero, con palabras nada convencibles, e intentando que tenga lastima de su salud actual puede ganarse mi perdón o devoción. Está completamente lejos de lo cierto.

    —¿Ni siquiera cuando este dentro de un cajón?

    —Tengo que irme —murmuro pasando mi lengua por mi labio inferior y frotándome la sien—. Si lo único que necesitabas era que vaya a tenerte compasión, mi respuesta es un No.

    —¿Por qué me guardas tanto rencor? —pregunta repentinamente—. Porque créeme que te entiendo por completo que sientas odio por mi abandono, pero no es para tanto. No es para que no tengas una pisca de piedad hacia a mí. Hacia tu propio padre, Gavin. ¿Qué fue lo que te ocurrió?



Itsaldanat

Editado: 27.01.2020

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