Mis Xv Están En Hebreo

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Capítulo VII: Corro, Vuelo, Me Tropiezo

El deporte estaba en la sangra de la familia Sepúlveda; Rocío, por supuesto, participa en un equipo de fútbol, mientras que Romina se decantó por la animación escolar, y aunque estuviesen en período de vacaciones, ella seguía aprovechando el tiempo libre para salir ocasionalmente por las mañanas, en ropa deportiva, holgada, tenis, poco que ver con el arreglo más elaborado que siempre le otorgaba a su apariencia, y corría en un parque a unas cuantas calles de su hogar.

Era un refrescante verde en medio del gris de los muros y del concreto de la ciudad. Y un maravilloso silencio que llevaba paz a un alma que se estaba habituando demasiado al caos.

Sólo se trataba de ella, el sendero en medio del pasto y los árboles, y nada más; nadie ofreciendo juicios, nadie dando opiniones.

Romina era más ella misma ahí que en ninguna otra parte, ni siquiera dentro de las paredes de su hogar.

Frente al parque, se encontraba el restaurante de la familia de Noah; la parte inferior fingía como el negocio, mientras que la superior era la unidad habitacional. Y ocasionalmente notaba la presencia de la morena en su marcha matutina.

Él, al verla reposar tras varios minutos de recorrido, con su piel empapada en sudor, y jadeante, buscando una botella de agua en su mochila, y asiento en una banca de piedra, tuvo un sólo pensamiento.

—No debí aceptar —se dijo conforme caminaba lentamente en dirección de la pronto quinceañera.

Y es que aunque se debía corresponder con los amigos, debían existir ciertos limites, y no todo puede clasificarse en la misma categoría. ¿Dejarse copiar la tarea? Claro. ¿Ayudar a enterrar un cadáver? Sin dudarlo. ¿Tener que tomar parte activa en los asuntos amorosos de alguien muy cobarde para de hecho hacerlo él mismo? Sí, eso sonó peor cuando Noah lo pensó con mayor detalle.

—¡Esto está mal! —pensó, una vez habiendo pisado el terreno propiedad del parque—. ¡Si tanto le interesa Romina, él es quién debería estar involucrado! ¡Luego me pedirá que orine por él! ¡Y sólo hay ciertas cosas que haría con el pene de un tercero y eso no está en la lista! 

Pero existe un punto en el cuál ya no se puede dar media vuelta y olvidar el asunto que se iba a hacer. El escapar sería peor, en especial al darse cuenta que Romina pareció haberlo notado. Salir corriendo en dirección opuesta era el estilo de Elliot, no de él.

—Recuerda, querido, recuerda —pensó—, que sin importar lo que se requiera o necesite, sé que lo podré logar.

Y se lanzó a lo desconocido, aquí siendo empezar un dialogo con una chica del último año.

Mas antes que él pudiera decir algo, mientras la morena hacía algunos estiramientos finales, fue ella quién diría algo.

—Tienes mucho valor para venir aquí conmigo —con ojos cerrados, y expresión de desprecio en sus labios y cejas, Romina declaró.

—¿Y yo qué hice? —Noah preguntó, casi en un murmuro, asustado, empezando a sudar, señalando con su indice a su propio pecho.

—Tú no —Romina aclaró, alzándose, y con su visión fija hacía él, o al menos, lo que parecía ser su dirección —. Me refiero a ti, Maksim.

Noah se dio la vuelta, y salió del camino de ese enorme sujeto; parecía ser por lo menos un par de años mayor que Elliot y él, y quizá uno más que la joven de piel oscura. Su cabellera era de un castaño claro, casi rubio si se veía a través de los ases de luz pasando por las ramas de los árboles. Sus ojos eran de un frío azul como hielo, y su cuerpo se veía masivo, fornido, fuerte; debía hacer un deporte de alto rendimiento, o eso se podía deducir.

—Romina, por favor, estás siendo irracional —el chico indicó, buscando acercándose a ella.

—Nada que una mujer adore más que un hombre le diga irracional. ¡De verdad sí que has aprendido!

Romina le dio la espalda, y camino en opuesto a su dirección, mas Maksim no estaba dispuesto a darse por vencido aún, y le siguió el paso.

—Escucha, entiendo que fue mi error —dijo—. No puedo cambiar lo que fue, y lo que pasó. Pero podemos, darnos una oportunidad.

—Ya te había dado suficientes, lindura —Romina contestó, mirando al frente, y comenzando de nueva cuenta su trote.

Casi sintió que le daba un infarto al notar que fue detenida; Maksim extendió su mano, y sujeto su muñeca.

—¡Suéltame! —ordenó, mezclando en un grito de una sola palabra autoridad y temor.

—Por favor —insistió—. No estoy pidiendo la Luna.

—No me interesa —Romina intentó forcejear, tratando al mismo tiempo de no perder le control—. Sólo suéltame. Ya.

—Pero...

—YA. 

—¿Estás sordo, Ivan Drago? —Noah, en una acción tan valerosa como idiota, le indicó.

—¿Quién es él?

—Es... un amigo —Romina contestó.

Aprovechando el lapso de perdida de atención y concentración, Romina logró liberarse del agarre de Maksim.



Anthony Tesla

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En el texto hay: romance, romanceadolescente, fiestas

Editado: 25.08.2018

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