Misterio del Gato Azul

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Prólogo

Había salido tarde del trabajo, demasiado para su gusto. Le enfurecía cada vez que ese viejo decrepito le pedía que se quedara a trabajar horas extras, porque sabía que después no quería reconocérselas económicamente. Normalmente salía a las 6 de la tarde, cuando el cielo empezaba a tornarse naranja, pero ese día salió cuando el cielo estaba más negro que la propia oscuridad, las calles completamente solas, y como para aumentar su nerviosismo casi paranoico, hacia tanto frio que las calles se veían un tanto borrosas por la neblina que se había formado.

Faltaban un par de calles para llegar a la seguridad de su casa, pero al acercarse al callejón entre una ferretería y un restaurante de comida mexicana escuchó algo, fue leve, pero lo suficientemente fuerte como para advertirle de que algo pasaba muy cerca de ella. Se congeló en ese lugar, en esa posición, con un pie aun en el aire apunto de tocar el suelo. Respiraba casi superficialmente, no quería advertir sobre su presencia en caso de que sea algo realmente peligroso.

No sabía cuánto tiempo había pasado, parecía un milenio para ella, pero no se había atrevido a moverse. Todo estaba en completo silencio, solo se escuchaba su propia respiración, por lo que decidió moverse. Solo fue terminar de colocar su pie en el suelo, terminar el paso que había empezado antes de escucharlo, pero… Otro ruido, esta vez sí supo que era.

Le pareció escuchar una voz, suave, como un murmullo, en una especia de oración, un rezo. Le recordaba los domingos que iba a la iglesia, ver a los creyentes de rodillas en sus puestos, rezando, recitando sus plegarias en un susurro que nadie más pudiera entender solo el de arriba.

Pero este era diferente, le daba escalosfríos. No sabía explicarse, pero era aterrador escucharlo, como si quisiera invocar algo. O tal vez se estaba dejando sugestionar de esas películas paranormales baratas, y por sus propios nervios. Pero si era real lo que escuchaba. Aunque podría ser cualquier cosa, desde una persona hablando por teléfono, a un psicópata asesino. Pero esta última era muy poco probable. O eso creía.

Su curiosidad pudo más que su miedo.

Asomo su rostro al callejón, y lo que vio le saco un grito desgarrador desde lo más profundo de sus entrañas.

Había una figura pegada a la pared, como de un hombre, pero de cabeza, con los brazos flácidos totalmente estirados hacia los lados sujetos por algo. En el suelo alrededor del hombre, había una serie de objetos que no alcanzo a identificar. Y justo enfrente, de pie, había alguien con un largo cuchillo de carnicero en su mano y capucha negra. La oscuridad parcial del callejón y la capucha le impedía ver quien era, no sabía siquiera si era hombre o mujer. Solo sabía algo, había matado a ese hombre y la había visto a ella.

Trato de salir corriendo, pero sus piernas estaban bloqueadas, de la única forma que reaccionaron fue doblando las rodillas y cayendo al suelo. Con solo oírla gritar, esta figura se fijo en ella, avanzo lentamente al principio después acelero el paso casi corriendo. Ella solo pudo cerrar los ojos, cubrir su cara y gritar todo lo que sus cuerdas vocales le permitieron.

De repente escucha las sirenas de la policía acercarse, cuando levanta el rostro estaba sola. Se había ido.

 

 



M.L. Bradley

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En el texto hay: romance, suspenso, novela policiaca

Editado: 10.03.2019

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