Misterio del Gato Azul

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CAPÍTULO 2

Acertaron. No durmieron en toda la noche.

Hacer el artículo fue más difícil de lo que creían, especialmente porque aún no sabían cuanta información podrían revelar sin interferir en la investigación, y sobre todo sin hacer que la cabeza del Jefe de policía Irons estalle ─aunque sería divertido, pero no, no era recomendable, no por ahora─. Tampoco es que tuviesen mucha información que dar, solo el hallazgo del cuerpo, la descripción de la víctima y la declaración de la única testigo. Aunque tampoco lo anotaron todo en el artículo, no querían promulgar el pánico dando a conocer que había un loco haciendo rituales a quien sabe que cosa. Habían colocado solo lo superficial, solo esperaba poder obtener el nombre, a menos que aún no tengan ese dato.

Aun no sabían a quien habían delegado la responsabilidad de encabezar la investigación de este caso, pero sabía a la perfección que no iba a ser el mismo Irons. Si de adivinar se tratase apostaría que se lo encargaría a Juan Birkin, quien, según ellos y el trato que han tenido con él hasta el momento, es uno de los pocos que aun esta cuerdo en esa estación de policía, porque, según la opinión tanto de Liz como de Dennier, a casi todos ha de faltarle un par de tornillos.

Liz se apresuró a llamar a la comisaria, un número que ya se tenía memorizado por las investigaciones de reportes anteriores, nada fuera de lo normal: robos, pleitos entre vecinos, pequeños accidentes de tráfico, y cosas así. Esperaba que, a esta hora, a pesar de ser demasiado temprano siquiera para que la imprenta abriese, alguien respondiera el teléfono, no quería meter la pata al revelar información de más o tener que rehacer todo el artículo. Era hacer enfadar a Irons o hacer enfadar a Issa y arriesgarse a ser despedida. Ninguna de las dos opciones estaba en sus planes.

─Comisaria de Westorn, ¿con quién tengo el gusto? ─respondió una voz suave, femenina, por el tono sabía perfectamente quien era, Sofía Lopez, la secretaria.

─Hola Sofía, hablas con Lizeth del Westorn Prees, periódico local, ¿podría hacerte un par de preguntas sobre el hallazgo de anoche? ─ puso toda su esperanza del mundo en esa pregunta, literalmente el curso de sus dias dependía de esto.

─Liz, que bien que llamas, estaba a punto de contactar contigo precisamente ─se le notaba en la voz el cansancio y un deje de alivio, tal vez esta llamada le salve el pellejo a ella también─ Irons querría que no infiltraras mucha información aun en tu reporte de esta mañana, espero aun no lo tengas. No es por mal, solo que nos traería problemas a las dos… si sabes a que me refiero.

─Sí, claro que lo sé ─suspire con resignación, al parecer toca rehacerlo─ ¿que NO debemos mencionar exactamente?

─Bien, específicamente no menciones nada sobre los dibujos extraños, tanto los del cuerpo como los de la escena ─hizo una pausa en la que le pareció escuchar a Liz el sonido al pasar hojas─ tampoco mencionen la existencia de las estatuillas, mucho menos la del gato azul, sobre todo esa. En serio, no sé porque, pero Irons recalco bastante esta parte, la del gato, ¿sabes por qué? Me tiene bastante intrigada, nunca lo vi tan preocupado por algo que no fuese su apariencia.

─Ps no, por el momento no me dice nada, todo es tan extraño que no se ni que pensar─ dejo fluir en su tono algo de preocupación─ pero si se algo te aviso, espero también venga de tu parte, por favor! ─uso su tono más suplicante que tenía, de pronto así conseguía información un tanto clasificada.

─Por supuesto, tenlo por seguro, hasta pronto ─casi colgaba cuando volví a hablar─ espera Liz, casi se me olvidaba, Irons le dio el liderazgo de la investigación a Juan, me imagino que querrás hablar directamente con él, ¿cierto?

─Si claro, ya me imaginaba que se lo darían, gracias por eso. Hasta pronto.

Sabía que no había sacado mucho de esta llamada, solo que tal vez el hecho de encontrar la estatuilla del gato azul era una pista importante, y que, sea lo que sea que logre averiguar de ahí no será muy agradable, cualquier cosa que preocupa a Peter Irons es considerado de alto cilindraje. Además, se sintió súper aliviada al saber que no tendrían que cambiar nada del artículo, estaba perfecto tal cual. Ya podrían dormir un poco.

Solo después de mandar por correo el trabajo que les costó toda la noche en vela.

 

 

 

****

 

 

Se habían acostado a dormir a eso de las 4:30 am, pero el insistente tono de llamada “Believer” de Imagine Dragons del celular de Dennier los obligo a levantarse. Sino fuese porque a Liz le encanta esa canción, ahora mismo estaría odiándola a muerte.



M.L. Bradley

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En el texto hay: romance, suspenso, novela policiaca

Editado: 10.03.2019

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