Monstruos Y Sombras, El Rey Elfo

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Baldwin

Jerusalén, 1999.

_Bueno, Baldwin, ¿me cuentas esa historia otra vez?

_¿Qué más quiere saber?

El doctor dejó unos archivos sobre la mesa, justo delante de mí.

_Quiero llegar al fondo de esto. Llevamos meses con esta terapia y tengo la sensación de que no hemos avanzado nada. Quiero ayudarte, sólo eso. Y para ello necesito que me lo cuentes todo, desde el principio y sin cortarlo a la mitad, ¿lo has entendido?

_Sí_ dije sin demasiado convencimiento.

_Empieza_ indicó con un gesto de la mano.

Guardé silencio un momento, pensando por dónde empezar; finalmente levanté la cabeza y lo miré.

_Mi historia comienza en el desierto de Harar, cerca de la Ciudad Gris, al sur. Había crecido oyendo todo tipo de historias de la Primera Edad. Por las noches, los adultos se reunían junto al fuego y las contaban.

_¿De qué hablaban esas historias?¿Lo recuerdas?

_Contaban la historia de la luz y la oscuridad. Del bien y del mal,narraban la continua lucha entre los elfos de luz y los oscuros, aunque no todo eran luchas.

_¿Qué quieres decir?

_Hacia la mitad de la edad, una raza de elfos de luz firmó un pacto con la raza de elfos oscuros dominante, se unieron a los sigmalitas. De esta mezcla de razas surgió una híbrida, denominada los sindas de Sigmalion, que dominaron la tierra durante más de seis siglos, hasta la aparición de los ghendas.

_¿Qué ocurrió?

_Los ghendas deseaban ser la raza dominante y, tal fue su ambición que decidieron plantar cara a los sindas. Se reunieron con los orcos y con un dragón para poder plantar cara a la gigantesca especie de tres metros o más de altura.

El doctor tomaba nota de todo lo que decía.

_¿Y cómo acabó?

_Vencieron, aunque no por ello fueron mejores que los sindas o los sigmalitas.

Él me miró.

_Esto no me lo has contado en ningún momento.

Yo me encogí de hombros.

_No lo creí importante.

_Y dime, ¿cómo acabaste en el norte si tu tribu era del sur? ¿Qué ocurrió para que los dejaras?

_Enfermé.

_¿De qué, Baldwin?

_De lepra. Al principio me permitieron quedarme siempre y cuando me mantuviera alejado de ellos. Los seguí durante años. Finalmente, cuando la enfermedad me desfiguró la cara y parte del cuerpo, me expulsaron y decidí ir hacia el norte, ¿sabe? En el sur ya no quedaba nada para mí, sólo dolor cada vez que recordaba a mi tribu, a mi familia.

_¿Y qué encontraste en el norte?

Yo le sonreí.

- Una nueva vida.

 



Vallay

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En el texto hay: elfos, dragones, demonios

Editado: 21.04.2019

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