Monstruos Y Sombras, El Rey Elfo

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El valle de las hadas

Tras un largo camino desde el sur hasta los bosques del norte, después de haber sido rechazado en la mayoría de los pueblos, llegué a un valle, de flores doradas que hacían que pareciera ser de oro. Miré a mi alrededor, a lo lejos distinguí un bosque. Me agaché entre la hierba alta y fui caminando disimuladamente para evitar ser visto por alguno de los grupos de asaltantes que habitaban por la zona.

Una vez que llegué al bosque continué caminando con cautela hasta que llegué a un lago.

Me incliné sobre él hasta verme reflejado en sus aguas claras. Saqué un recipiente y lo llené de agua. Justo cuando levanté la cabeza vi una mujer sentada en la otra orilla, justo en frente de mí. Ella también miraba el agua. Me quedé observándola durante largo rato hasta que ella levantó la cabeza y me miró también.

No supe cómo actuar, así que esperé a ver su reacción. Vi cómo se levantaba sin dejar de mirarme; de repente vi cómo desplegaba unas enormes alas y de un salto emprendía el vuelo.

La seguí con la mirada hasta que la perdí en el cielo. Entonces oí un ruido detrás de mí y, cuando me volví, allí estaba ella. La miré con admiración. Sus cabellos castaños caían sobre sus hombros mientras sus ojos verdes cristalinos se posaban en mí. Me quedé sin habla.

_¿ Quién eres?_ preguntó con voz melodiosa.

_Me llamo Gardar, y vengo del desierto de Harar. ¿Y tú, quién y qué clase de hermosa criatura eres?

Ella me sonrió.

_Soy Liviana, y soy un hada.

Liviana y yo hablamos durante largo rato y, una vez que hubo escuchado mi historia, me invitó a seguirla hasta su hogar.

Seguí a Liviana a través del bosque hasta llegar a un lugar extraño, iluminado con una tenue luz azulada proveniente de las hojas de unas plantas que crecían en los troncos y ramas de los árboles. Allí había más criaturas parecidas a Liviana que me miraban con curiosidad. Me condujo hasta su casa, a las afueras del poblado y me invitó a quedarme.
Se hizo un vacío en mi mente.

_¿Por qué te detienes?_ Preguntó el doctor.

_ Ocurrió hace mucho tiempo, ya no lo recuerdo bien.

_ Dime lo que recuerdes.

Volví a meterme en la que fue mi vida hace ya más de tres mil años.

_ Nos hicimos muy amigos. Me llevó ante su reina y le contó mi historia. Recuerdo que como muestra de amistad, la reina mandó a sus mejores herreros y artesanos que me hicieran una máscara con la que poder protegerme las heridas de la cara.

_¿Una máscara?

_Sí, una máscara de plata.
 



Vallay

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En el texto hay: elfos, dragones, demonios

Editado: 21.04.2019

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