Moonlight shadow

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Moonlight shadow

 

Corrió hasta el linde del bosque, sabía que estaría ahí, sabía que no estaría solo, los arboles eran espesos y le impedían pasar, las ramas lastimaban sus brazos desnudos mientras trataba con todas sus fuerzas de atravesar la maleza pero las ramas bajas se enganchaban en su vestido, lo que le hacia bastante difícil avanzar, aunque no se rendía, continuaba, tiraba hasta que la tela se desgarraba. Tenia que llegar a él, rápido. 

Logró ver sus siluetas, sobre ellos ya reinaba la luz de la luna. Sobre ella, aun el sol.

Vio que la discusión se tornó más violenta, logro visualizar, aterrada, cuando Shon sacó el arma y apunto con esta al hombre que ella amaba. 

-Noooo! - Grito, aunque no estuvo segura de que su voz saliera siquiera de su garganta. 

Aun podía verse esa misma mañana disfrutando de la compañía de Adam, en secreto por supuesto, porque ¿Qué dirían sus padres sobre su enamoramiento de un simple esclavo? Nada bueno, eso era seguro. Una señora, con un... un... negro. 

A ella no le importaba, no le importaba de donde venia, ni sus creencias diferentes, ni su color de piel. Ella lo amaba, y él a ella. ¿Por que no podían simplemente dejarlos en paz? 

Más aun a sabiendas de su compromiso con el Lord Shon Millt. Un hombre tan rico como temido. De rostro duro y taciturno. Con nada más que ofrecerle que una vida amargada y solitaria, ellos comenzaron una aventura, un amorío que se encarno en ellos tan profundo que no podían ya disimularlo. 

Pero debía casarse, era lo que le habían dispuesto ¿como oponerse? era solo la hija de un hombre rico, era solo una mujer, era lo único que podía esperar, lo que debía esperar. Siendo ella una dama, debía ser desposada con un hombre como Shon, dirigida a una vida sin amor.

Pero no podía evitar los sentimientos que tenía hacia Adam, el hermoso esclavo de su familia, uno de tantos. De ojos dulces y espesa barba negra, que la hacían recordar un curioso animal salvaje que no quería lastimar a nadie, pero que lo haría si así debía proceder. Su cuerpo oscuro forjado a base de trabajo, sus labios gruesos y esa sonrisa radiante, que iluminaba el mundo entero, aun si el sol no había salido. Un hombre que no tenía nada que dar, pero que le hacía sentir viva, amada, deseada, no solo por su dote o su reputación, sino por ella misma. Ella siempre tuvo esperanzas... él, jamas.  

Oh, lo que daría por poder estar con él, lejos de todo, lejos de todos.

Lo besaba en los sucios establos. Pero poco importaba el lugar, sus fuertes brazos la rodeaban haciéndola sentir segura. Su largo cabello despeinado le hacía cosquillas en la mandíbula y su barba la raspaba. Todo él era glorioso. Perfecto.

-Llévame lejos Adam, te lo suplico. No puedo casarme con él.

-No puedo, Estella. ¿Qué vida podría darte un simple esclavo como yo? Solo miseria. Moriría antes de verte infeliz.

-Contigo, no podría ser infeliz.

-Lo serias - Soltaba triste. - Tarde o temprano... lo serias. 

Su rostro lucia desolado, él más que nadie hubiera querido llevarla lejos, en donde no importara nadie más que ellos dos, nada más que su amor. Pero ambos sabían el futuro que les depararía si se atrevían a hacerlo. La muerte para él, la deshonra para ella. Aunque siempre vislumbro un futuro lejano, en donde ganara su libertad, pero eso... eran solo sueños. Sueños que ahora, poco importaban. 

Su corazón moría día con día, mientras lentamente llegaba el momento de perderla para siempre. No es como si alguna vez hubiese existido la esperanza de desposarla. Pero aun así, sabía que su corazón le pertenecía y el saberla dada a otro hombre. Le partía el alma como un relámpago.

Ellos se habían enamorado a primera vista cuando el padre de Estella lo había comprado en el mercado local, como si de una gallina se tratara. Él había pensado que su vida había terminado cuando lo esclavizaron pero se dio cuenta pronto que el solo poder verla o estar en su presencia valía una vida de castigo.

Ella aun recordaba ese día. Cuando lo había visto caminar con la cabeza baja, como era debido para un esclavo, aun así llevaba los hombros tensos, su expresión corporal indicaba lucha, indicaba orgullo. No estaba destrozado, estaba dando pelea, desde muy dentro de él.

Su cabello cubría su rostro, iba ataviado solo con un taparrabos de cuero dejando al descubierto sus enormes músculos y sus latentes heridas, latigazos en su espalda, cicatrices recientes y de antaño. Era el hombre más hermoso que ella hubiese visto.

Las cadenas que llevaba en sus muñecas y sus tobillos tintineaban conforme caminaba y ella quiso arrancarlas de él.

Quiso abrazarlo y protegerlo, bañarlo, curar sus heridas y recostarlo en su lecho mientras lo alimentaba con frutas jugosas.

Aun quería hacerlo, era lo que más deseaba.

-Oh, Adam ¿Cómo podre vivir sin ti?

-Lo harás mi amor, solo promete, que jamás me olvidaras.

-Jamás lo haré.

Él sonrió mostrando sus hermosos y gruesos labios entre su espesa barba y asintió con dolor en su corazón.



Frann Gold

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En el texto hay: esclavitud, amor puro, tragedia

Editado: 22.04.2018

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