Moon´s Daughter ıı. El poder del Aura

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1. Azul índigo

Lealtad y amor por la verdad.

Seguía a mis primos muy de cerca, reíamos recordando los raros acontecimientos vividos el verano anterior en las presentaciones en la costa de Villa Luna. Amaba los fines de semana. De viernes a domingo, podía ser yo y completamente yo. Podía soltar mi cabello, hablar y reír sin pensar en lo que otros dijeran de eso. De más está decir que sólo con ellos, mis primos, pero me era suficiente.

Se trataba de mi más grande secreto. Durante la semana era la supuesta chica "emo", callada, introvertida, fría, sin ganas de vivir. Bueno, eso pretendía ser para de una forma alejarme de gente toxica, había tomado la decisión hace como un año. Era como un disfraz, tanto en sentido figurado como literal; incluso, le había tomado cierto cariño al color negro y los tonos oscuros. Pero, llegado el viernes, me quitaba aquel disfraz, tomaba mi guitarra, una muda de ropa y me "escapaba" a casa de mis primos, con quienes desde hace un tiempo, teníamos una especie de banda en la cual yo era una de las vocalistas.

Tocábamos en el resto bar de mis tíos, der Mond, que en alemán significa, la Luna, pues mi familia es muy creyente de que realmente la luna bajó hace quince años tomando forma de mujer y que salvó a la ciudad de una catástrofe... la verdad nada de eso me convencía. Para mí siempre fue una especie de leyenda que atrae el turismo.

Sin irme más por las ramas, iré al grano de la situación.

Era una tarde cualquiera, habíamos terminado de tocar y nos dirigíamos al departamento de mi tía cuando simplemente subí la mirada y los vi en aquella terraza. Comencé a desacelerar mis pasos, suponiendo lo peor.

- Chicos, en un rato los alcanzo- dije sin quitar la mirada de aquellos dos.

- ¿Sucede algo, Megan?- dijo Khira, mi prima.

- Eh – volví mi mirada "a tierra"- no, es que creo que olvidé algo en el bar.

- ¿Otra vez tu guitarra? Creí que la dejabas ahí a propósito.

- En realidad, es otra cosa... adelántense, no se preocupen- puse mi mano derecha en mi nuca mientras intentaba sonreír y parecer relajada.

- Está bien...- Khira alzó los hombros y se marchó con los demás.

Apenas se alejaron corrí hacia un auto rojo y me escondí tras él. Los veía claramente... reían. Reían como si... como si su amistad fuera real. Pobre Mikeila, no sabía lo que había detrás de aquella amigable sonrisa.

Debía encontrar alguna manera de evitar que sucediera otra vez. Debía evitar que ellos se salieran con la suya cada año, haciendo la vida imposible de personas que no tienen la culpa de nada. Sin embargo, no era la mejor ideando planes, me tomaría un tiempo pensar en la forma menos extraña de acercarme a ella. Porque claro, compartíamos el club del queso, pero la confianza no era la suficiente, y todos sabíamos que Mikeila había aceptado por la misma razón que todos los rechazados acepta: no les queda de otra. No nos queda de otra...

Me apoye en una de las puertas del lujoso auto para poder ver mejor y sin perder el equilibrio.

Ambos miraban al horizonte y luego hablaban entre ellos, miraban el horizonte y volvían a hablar, una y otra vez.

Hice un poco más de presión sobre la puerta, quería asegurarme de que fueran ellos. Se habían quedado callados nuevamente. De repente mi mano resbaló y mi cara estuvo a punto de chocar con la brillante chapa de pintura roja si no fuera por mis reflejos que me permitieron apoyar mi otra mano para frenar la caída. Sin embargo más que un apoyo fue un golpe, un golpe que activó la alarma del lujoso coche. No me lo esperaba, por lo que mi primera reacción fue pegar un salto hacia el costado. Evitando caer, me alejé del vehículo. Levante mi mirada y me encontré con la suya. Me veía de manera extraña y era muy probable que no me reconociera. Disimulando y actuando de la manera más natural posible tapé mi cabeza con la capucha de mi abrigo y me alejé de aquel lugar. 

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Copeland Letto

Editado: 27.10.2019

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