Mucho más que esto

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Capítulo 10

—¿Y bien? ¿Me explicarán qué sucede aquí? —exigió Jizie, cruzada de brazos, estudiándonos con los ojos entrecerrados—. Me dijiste que tenías que hacer unas compras para tu papá. ¿Pero por qué vuelves con mi hermano?

—V-verás Jiz...es que yo...

—Fui al jardín botánico, como siempre—intervino Jazon, colocándose a mi lado—, y de vuelta a la casa me la encontré.

Jizie enarcó una ceja, y me miró con escepticismo.

—Exacto, justo eso—respaldé la mentira de Jazon—. Le dije que Jassy estaba aquí, así que preferí quedarme en tu casa.

—Ya no seas dramática—Jazon resopló, despeinándole el cabello.

—¡Ya suéltame el cabello! —replicó Jizie, echado a un lado la mano de Jazon—. Me despeinas.

—Voy a entrar, tengo hambre—avisó Jazon, pero antes de irse se volvió hacia mí—. Si quieres puedes quedarte a cenar.

—No, yo creo que es mejor que vaya por Jassy y...

—Te quedarás porque tenemos que hablar—me interrumpió Jizie.

—Bueno—murmuró Jazon antes de irse.

Miré a Jizie de reojo, parecía confundida.

—¿De qué quieres hablar? —pregunté.

—¿Sabes? últimamente estás muy cercana a mi hermano—contestó Jizie, observándome suspicazmente—. Primero en el estacionamiento del McDonald. Luego en tu casa, cuando te subió en sus brazos hasta tu habitación. Y ahora te trae a la casa, en su auto, un auto que no le gusta usar.

—Son puras casualidades—sonreí inocentemente—. Pero Jazon no es tan malo como crees.

—Yo sé que Jazon no es malo. En realidad, pienso que es el mejor hermano mayor del mundo. Pero es que no logro entenderlo últimamente. Antes me prestaba su teléfono siempre que se lo pedía, ahora lo bloqueó y no me deja usarlo. Eso es sospechoso.

Me eché a reír.

—¿Y por qué yo tendría que ver con eso?

Jizie suspiró con resignación.

—Tienes razón.

—Jiz, ¿esa es tu preocupación? —bufé—. ¿No tienes un teléfono?

—Pero es que Jazon tiene un IPhone.

—¿Y el tuyo?

—Por accidente dejé...que el mío se cayera por el inodoro—confesó—. Mis papás me castigaron, es el segundo IPhone que dejo caer en el agua.

—Bueno, es normal que Jazon quiera privacidad—dije.

—Pero es que a Jazon no le importa la privacidad, te lo digo enserio—replicó, aparentemente frustrada—. Algo extraño está pasando aquí, pero lo voy a averiguar.

—No seas dramática.

—Incluso estás hablando como mi hermano, se te va a pegar lo hippie.

—Entremos, que ya hace frío.

—Está bien.

Estaba por entrar al territorio de Jazon, pero por alguna razón, no había más que emoción corriendo por mis venas.

Era una casa hermosa que olía a flores, así como Jazon y su madre. Había plantas y flores naturales esparcidas dentro de macetas por toda la casa y todo era de diseño sencillo pero a la vez sofisticado en colores verdes, blancos, azul cielo y beige.

—Sam, que lindo verte por aquí—me saludó Zoey, saliendo de la cocina—. ¿Te quedarás a cenar?

—Bueno, si no es molestia.

—Por supuesto que no es molestia. Además, ya le llamé a tu padre—aclaró Zoey, riéndose—. Bueno, yo volveré a la cocina. Jiz, ve por las niñas. Sam, espero te guste el pescado.

—Sí me gusta—sonreí—. Gracias por la invitación.

—No es nada cariño.

—Iré por las niñas—resopló Jizie cuando su madre se volvió a la cocina—. Puedes esperar en la sala, vuelvo rápido.

Me limité a asentir levemente. Entonces Jizie subió por las escaleras. Quise sentarme, pero cuando volví mi rostro hacia la mesita de café vi un par de fotos que llamaron mi atención. Una de las fotos se trataba de la familia, y en la otra sólo estaban Jazon y Jizie.

Jizie lo abrazaba de costado por el cuello y le plasmaba un beso en la mejilla a Jazon.

—¿Viste algo que te haya gustado?

La voz de Jazon me sorprendió. Me volví rápidamente en su dirección. Se había cambiado de ropa, ahora llevaba puesto unos Jeans desgastados, una camiseta verde militar con el bordado del logo de la banda Linkin Park. Su cabello también estaba mojado, las ondas caían con libertad por su frente.

Mi aliento se contuvo por segundos, al tiempo en que apareció esa sonrisa amable y tierna que le sentaba tan bien. Caminó hacia mí y se detuvo de pie junto al sillón.

—Hola Samantha—me saludó, como queriendo sacarme de mi retardo.

—Eh...hola—balbuceé.

—Es de hace cuatro años—aclaró, señalando la foto—. A mi mamá le gusta colocar esas fotos vergonzosas por todos lados, es como un símbolo humillante.



Beth P. Monasterio

Editado: 10.07.2019

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