Mujer de alas.

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Capítulo 15

Lily.

Kat está volviéndome loca. No puedo expresar lo mucho que odio ayudarle a atender el mostrador. La tienda ha estado tan concurrida que ella no se da abasto sola, y claro, como no hay nadie más alrededor a quien ella pueda atormentar, se ha decidido a sacarle provecho a mi presencia.

—¿Puedes revisar el pedido del señor Alarcón? —pregunta.

Asiento, apretando los dientes y obligándome a permanecer pasiva. Reviso el pedido, por quinta vez en todo el día.

Está exactamente igual que la primera vez que lo revisé. No me molesto en confirmarle que ninguna de las piezas ha decidido salir a dar un paseo.

La ignoro deliberadamente y dedico toda mi atención al siguiente cliente en la fila. La tarde pasa así, atendiendo cliente tras cliente, conmigo tratando de ser amable y controlando mi impulso de arrancarle la cabeza a mi compañera.

—¿Puedes revisar el pedido del señor Alarcón? —Kat pregunta otra vez cuando el reloj está a punto de apuntar al número ocho. Solo queda un cliente.

—¿Sabes qué, Kat? —replico, sintiendo toda la furia que se ha ido acumulando en mi interior—. Revisa tú el jodido pedido.

Kat me dedica una sonrisa del todo inocente, pero antes de que pueda responderme alguien golpea suavemente el mostrador.

—Vamos, dale un respiro a la niña —el hombre al otro lado del mostrador dice.

La niña.

Siento como si de repente me estuviesen saliendo colmillos, largos y venenosos.

Le dedico al hombre que ha hablado mi mirada más fría—. ¿Quién ha pedido tu intervención? —pregunto, sin levantar la voz y sin imprimirle a mi tono el odio que siento.

Soy una empleada estrella, de veras.

El hombre retrocede, estupefacto—. Trataba de ayudarte.

—Cuando necesite ayuda, la pediré —replico, seria—. Ahora, hazme el maldito favor de mantener tu nariz alejada de mis asuntos.

El tipo se yergue absolutamente indignado—. Esto es lo que me gano por tratar de cuidar de mocosas infantiles.

Kat da un fuerte pisotón con su bota de tacón alto y señala la puerta de entrada—. Largo de aquí, imbécil —escupe las palabras y le enseña los dientes en una mueca furiosa.

El hombre aprieta los labios y niega con la cabeza, como si no pudiera creer que ha sido despedido por haber abierto la boca con las personas equivocadas.

Solo cuando ya se ha ido dando un portazo miro a Kat. Tiene en el rostro una expresión que me resulta familiar. Trato de hacer memoria, pensando en si alguna vez conocí a alguien…

El corazón me da un vuelto cuando caigo en la cuenta. Ella me recuerda a mí. Ojos lanzando chispas, labios crispados en una expresión salvaje, el cuerpo rígido y las palabras saliendo como balas.

—¿Por qué hiciste eso? —pregunto.

—Por que quise —responde.

—Ni siquiera te agrado —digo.

Kat rueda los ojos con teatralidad—. ¿Acaso yo te lo sugerí?

Alzo las cejas, sin necesidad de mencionarle lo evidente.

Kat tiene la decencia de lucir un poco avergonzada. Tan solo un poco.

—Trataba de averiguar si tenías algún atisbo de carácter —dice, encogiéndose de hombros.

Suspiro pesadamente intentando mantener mi atisbo de carácter bajo control—. ¿Estás diciéndome que acabas de hacerme explotar para ver si tenía las agallas de plantarte frente?

Mi voz es demasiado calmada, y con cierto grado de satisfacción noto como Kat traga saliva disimuladamente, pero eso no le impide sonreírme sin culpa alguna.

—Dudo mucho que esa fueras tú explotando —masculla—. Tengo la sensación de que esto no fue más que una pequeña sacudida.

Cómo lo sabe ella, es un misterio para mí.

No le respondo, porque sé que si lo hago probablemente ella no tendrá tan buena suerte nuevamente.

Antes, con una provocación así pude haber sido capaz de armar un verdadero lío, pero la prisión al menos me enseñó algo bueno.

Control.

Sin él, allí dentro simplemente te conviertes en nada.

Algo muy peligroso cuando estás a merced de otros.

Ignoro a Kat el tiempo que nos resta, y esta vez, cuando el momento de bajar la cortina del local llega, ella me ayuda a bajarla sin que tenga que estar batallando con ello por mi cuenta. Cierro los candados y me guardo las llaves en el bolsillo de los pantalones.



AMiris

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En el texto hay: romance, drama, ficcion

Editado: 02.12.2019

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