Mundo Animano

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Capítulo 1

Hace mucho, mucho tiempo, cuando terminó la era robótica y la Tierra recuperó la vida y el espacio que la humanidad le había arrebatado, los humanos regresaron a las épocas más rústicas de su existencia. Los humanos se olvidaron de cómo crear y construir las maquinas que casi los lleva a la extinción, la generación más antigua de las clases altas se olvidaron de recordar a las futuras generaciones sobre estas y los planos e instrucciones se degradaron con el paso de los años. Sin embargo, los humanos son criaturas testarudas y orgullosas, por lo que prefirieron volver a los tiempos de las civilizaciones con reyes, nobles y plebeyos y siguieron abusando del poder que poseen ante el más débil. Los humanos llamaron a esta época "La Nueva Edad Media".

En el siglo XL del 3801 cerca del océano Pacífico, después de incesables terremotos, tormentas eléctricas, huracanes, lluvia ácida y erupciones volcánicas junto a la reducción del continente de hielo antártico provocaron que un nuevo continente surgiera de los mares donde antiguamente los polinesios habitaban en el viejo ombligo del mundo, bajo la antigua Isla de Pascua. La isla se transformó en un gran monte con matorrales espinosos inaccesible para los humanos, a menos que ascendieran por el antiguo volcán Rano Kao que se con las catástrofes naturales se secó, el cráter con los constantes terremotos se fue derrumbando hasta formar un terreno casi plano y poco empinado. Este continente se halla cerca de la antigua Sudamérica, la que ahora solo conserva la parte selvática del Amazonas pues se salvó gracias a la cordillera andina que en vez de hundirse como la cordillera costera, fue empinándose cada vez más y más con el movimiento de las placas. Los países como Chile, Argentina, Perú y una parte de Ecuador dejaron de existir con el derretimiento de los polos solo se salvaron el territorio de las naciones que comparten el Amazonas, sin embargo, del resto del planeta Tierra no se sabe pues lo que sucedió con los humanos que habitaban el viejo continente asiático, el norteamericano, africano y europeo es un misterio. Lo único que se tiene seguro es que un grupo humano de raza blanca y rosa de procedencia desconocida encontró este nuevo continente y lo llamaron Nueva Polinesia.

Rápidamente se establecieron las clases sociales piramidales. Desde reyes hasta los plebeyos, pues la esclavitud no existía todavía en esta nueva civilización humana. Aunque quienes proclamaron las leyes de los impuestos, es decir, los nobles pagaban una miseria a sus sirvientes y tampoco les permitían leer o estudiar ya que tenían el temor de que generaran una revuelta si le daban ideas.

Aunque fueron los reyes quienes obligaron a sus súbditos volver a vestir como en la época victoriana, dictaron las normas para los distintos estratos sociales, aun no existía una religión pero los estratos más bajos temían a los robots como si fueran los nuevos demonios y si desobedecían a los estratos altos creían que la era robótica volvería a ocurrir.

En el año 3900 del siglo L del rey Renato III y su conyugue Ambrosina II, pasaba uno de los días de invierno más secos en la hacienda de verano de Lé Vanillé, dado que las primeras lluvias que dan comienzo a la temporada invernal aún no se atrevían a llegar por esos lados del continente Altántico ya en pleno invierno.

El retraso del temporal provocó una sequía que impedía el regadío de los campos y jardines de aquella propiedad de una de las familias nobles más adineradas por la comercialización de diversos productos que dependían de la cosecha de lo que sus campesinos cultivaran y sembraran en la época que el agua abundaba más en los pozos y acueductos.

Este problema provocaba que los campesinos tuvieran que trabajar a un más a costa de recibir una miseria de suelo, que por la sequía fue reducida de un 40% al 33%.

Lea Aurina, la primogénita de una pobre y numerosa familia de campesinos, trabaja junto a otros sirvientes dentro del edificio principal de la hacienda, una gran mansión con numerosas habitaciones y cinco plantas más o menos. A ella le asignaron ese mes una cuarta parte del ala suroeste del primer y segundo piso, además como las cañerías escaseaban de agua debía llevar un par de cubos de aproximadamente 5 litros a la cocina varias veces al día desde el pozo que se encontraba a una hora de la mansión pues era la única que podía soportar tal peso.

Al igual que otras siervas, Lea viste el uniforme que Lé Vanillé le exigen usar. Un largo vestido beige oscuro con mangas hasta las muñecas y la falda un poco más debajo de las rodillas, encima un delantal blanco con bolsillos y bordado color verde lima tanto en la parte superior como en la inferior de la blanca tela, medias blancas aunque por el uso debía parchar de vez en cuando los agujeros, unos zapatos negros y un pañuelo blanco que afirmaba con un cintillo negro hecho de cobre y algunos botones de adorno. Además acostumbraba tomarse su cabello castaño en cuatro moños color amarillo, un par a cada lado de la cabeza, dándole un aspecto aún más infantil a su rosado rostro pese a ya estar en la edad adulta, es decir, diecisiete años.

Esa tarde debía volver a rellenar los cubos de cinco litros, sin embargo, el pozo se había vaciado.

Lea intentó unas diez veces llegar al fondo del pozo con el fin de conseguir un poco de agua.

Estaba insatisfecha con los resultados.

La sequía incluso afectó a las napas subterráneas que alimentan a aquel pozo.

Lea recordó que había un viejo pozo en las afueras de un bosque de manzanos y rosales silvestres, ya nadie lo utiliza porque el agua salía turbia.

De la mansión al viejo pozo había un par de horas de distancia, peor no tenía otra opción.

Como no conocía el camino le preguntó a su padre que trabajaba en la granja de la hacienda.

Al principio se negó, pero ella insistió hasta que él cedió.

Fue por un sendero algo irregular, como ya nadie va por allí la naturaleza le estaba devolviendo su forma original.



Z4r1s4

Editado: 16.06.2019

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