Mundo Animano

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Capítulo 2

Sin casi nada de esfuerzo, era posible oír el ruido de una nueva comunidad moviéndose, en una selva nueva y recargada de energía. Aves cantando, el rugido de algunos pequeños monos y ratones, insectos piteando, el balanceo de las hojas y las ramas de los gigantescos árboles chocando unos con otros, en definitiva una nueva biodiversidad en una nueva región de un nuevo continente que emerge dentro de un nuevo mundo.

En el interior de esta selva, en alguna parte de ella un hombre joven con una apariencia un tanto extraña, se aproxima a un lago con la finalidad de sacar agua y hallar algún pez o sapo gigante cerca de allí.

Este hombre no es humano o al menos algunas partes de su cuerpo no son parte de la especie humana que los terrícolas conocen.

Lo que más sobresale son unas orejas y una cola (la base roja y la punta negra) de algún mamífero cánido y unos ojos heterocromáticos, es decir, un ojo posee un color distinto del otro (izquierdo verde, derecho gris). En su espalda descansa una katana envainada (de mango y funda roja) sobre una capa gris, cuyo amarre se ve en el torso de este muchacho pasando alrededor de su cuello, y debajo una camiseta vieja de mangas largas y gruesas en el torso y los brazos tiene unas franjas negras sobre una superficie verde musgo). En su parte inferior un viejo pantalón de lana (marrón), por último unas gastadas sandalias con amarre (marrones) protegían sus pies de las asperezas del suelo. Este hombre es Kenta Magnius, un hombre-zorro de más o menos veinte años.

Las aguas de este lago poseen la particularidad de ser completamente transparentes, lo llaman "lago Cristal", con una superficie de 567 kilómetros al cuadrado. Su volumen varía de la orilla a su núcleo, es decir, el nivel del agua es mayor mientras se va acercando al interior del lago, su máximo es de 324 metros de profundidad.

Ya en la orilla del lago, Kenta se agacha y con la cara hueca de sus manos acerca a su boca la cantidad máxima de agua que sus manos pueden agarrar.

Él detecta un olor poco frecuente en esa área del bosque tropical, un aroma desconocido.

Sigue el olor para encontrar el cuerpo de una persona inconsciente a uno de los bordes del lago.

Inmediatamente corre a auxiliar a quien fuera esa persona. Esta estaba boca abajo, con la cara en la tierra húmeda y el resto del cuerpo empapándose en el agua del lago.

Kenta se arrodilla y da vuelta a esa persona con suavidad, se percata que es una chica cuya apariencia era bastante infantil, era Lea.

Lea escupe el agua que le impedía respirar, sin embargo, no volvió en sí permaneciendo más bien dormida.

"Uf... menos mal, por un momento temí que estaría muerta" pensaba Kenta aliviado de que la joven respirara.

Carga a Lea en su espalda y la lleva con él cerca de su refugio.

Su intención era alejar a la muchacha del frío hasta que volviera a despertar.

La ropa de Lea estaba completamente empapada, era más agua que persona. Sin embargo, se la dejó puesta para evitar malos entendidos.

En vez de eso, la tiende en el suelo acobijándola con la capa y prende una fogata en un sector con poca vegetación para calentarla sin provocar innecesariamente un incendio.

"Me pregunto quién será ella y de dónde vendrá no parece ser de por aquí" pensaba Kenta mientras observaba a Lea.

En la mente de Lea, ella recordaba cómo fue arrastrada por la corriente del pozo y seguía siendo arrastrada por esta, hacia un lugar que jamás iba a encontrar pues se hallaba en un vaivén sin fin o al menos es lo que el subconsciente de Lea le hacía pensar en sus sueños.

Kenta se levantó a comprobar una trampa que había dejado anteriormente en la mañana para atrapar algún animal salvaje por si regresaba a su refugio con las manos vacías.

Un pequeño jabalí unicornio permanecía dentro de la trampa, el que murió al momento de ingresar a esta. Lo sacó y desarmó la trampa lo más rápido posible pues pronto se pondría el sol por el Este para dar rienda suelta a la noche.

-Perdona si tuviste que acabar de este modo-murmuró al cuerpo muerto del jabalí apoyándolo en su hombro mientras se incorporaba para volver donde dejó el fuego y a la chica que desconocía por completo.

Por otro lado, Lea había recuperado la consciencia y se sentó con tal brusquedad que se mareó.

Se sobó un poco en la zona del mareo, observó detenidamente a su alrededor. El ruido de la selva y árboles que en su vida nunca ha visto la desorientaron.

"¿Dónde estoy? Esto no es el bosque de manzanos y rosales, ¿qué me pasó? Yo estaba..." pensaba Lea, frunció el ceño confundida.

Estornudó unas dos veces.

Su ropa aún conservaba algo de humedad en su interior.

Sintió el calor de una fogata y se dio cuenta que alguien la había cubierto con una capa al bajar la vista hacia sí misma.

Se irguió asustada al oír unos pasos aproximarse a ella.

Kenta regresó a su refugio.

Dejó caer al jabalí muerto en el suelo.

-Despertaste, que bueno creí que debía cuidarte hasta mañana-dijo Kenta algo fastidiado.

Lea tragó saliva asustada, nunca antes había visto a una persona con orejas sobre su cabeza como las de algunos animales que viven en la hacienda de sus empleadores.

-¿Quién eres tú?-preguntó Lea desconcertada

-Eso es lo que debería preguntar yo-respondió Kenta con hostilidad.

Frunció el ceño molesto.

-¿Quién eres tú? Parece ser que no eres de por aquí-preguntó Kenta cruzándose de brazos.

"Yo pregunté primero" pensó Lea girando los ojos e hizo una mueca de fastidio.

Suspiró resignada.

-Soy Lea Aurina-responde ella.

Estornudó de nuevo.

Sacó un pañuelo de su delantal, pero no serviría de nada pues al igual que su ropa estaba empapado.

Suspiró fastidiada.

-¿Dónde estoy?-preguntó Lea mirando a su alrededor.

-En un sector de la selva Nahuel en el reino Klaue-responde Kenta sin dudar.



Z4r1s4

Editado: 16.06.2019

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