Mundo Animano

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Capítulo 6

Una jauría de soldados perro de distintas razas peleadoras y sabuesos había sido invocada por el aullido del sargento Aquiles Rock, un hombre perro de raza Pitbull de piel y cabello rapado color azul grisáceo y ojos azul zafiro, quien descubrió a Lea y a Kenta por los matorrales tóxicos cercanos a la frontera ilegal con el reino Klaue y los captura al considerarlos intrusos.

Kenta al verse rodeado instintivamente busca la empuñadura de su espada para defenderse si alguno de los perros lo ataca, su poder Black Fire sería inútil con tantos sabuesos rastreadores por lo que no tenía de otra que obedecer hasta encontrar un escape.

Lea se sintió vulnerable con tantos perros mirándola, gruñendo y enseñando los colmillos dando a entender que en cualquier movimiento sospechoso atacarían sin dudarlo si se les ordena.

Aquiles se los llevó a la Corte Real y entregarlos al líder de la guardia Doglock para empezar la sentencia y el juicio de los reyes perrunos. También se llevó arrastrando del cuello en el suelo a Fidel como castigo de insubordinación, pues es el único soldado de menor rango que lo desobedece pese a su poder de terrorismo.

Kenta dijo que si nos capturaban nos tratarían distintos que en el juicio de la reina tigre, pero no veo mucho la diferencia. En vez de encerrarnos en una jaula nos hacen caminar con una correa en el cuello como si fuéramos mascotas pensó Lea escéptica tras haber sido atrapada y tratada como criminal por segunda vez.

Lea y Kenta estaban atados a una larga cadena por el cuello con un grillete como si fuese un collar que los obligaba a permanecer en el mismo lugar y les impedía huir como le hubiese gustado a Kenta.

Estos perros son más astutos de lo que creía pensó Kenta resignándose.

Durante el trayecto Lea comenzó a sentirse mal, el cuerpo le pesaba, su temperatura se elevó hasta sentirse ligeramente mareada y jadeaba de cansancio consecuencia del esfuerzo que debía hacer al ser forzada por el sargento Aquiles Rock a caminar hacia el Palacio Real.

Cuando el camino al Palacio Real empezo a parecerles eterno, la jauría hizo que entraran a una luminosa cueva. Desde la entrada de la cueva se lograba ver un enorme castillo con una puerta levadiza. Tras abrirla obligaron a Lea y a Kenta a entrar al castillo.

Justo en aquel momento los reyes perrunos estaban por utilizar la puerta levadiza con el fin de dar unas vueltas por el pueblo a ver cómo se encontraban, un chequeo diario que realizaban siempre por las mañanas. 
Lo extraño era la absurda diferencias de estatura de ambos reyes, el rey era un hombre de raza Gran Danés la más grande del reino quien poseía una piel castaña de corto pelaje con manchas negras y blancas, orejas largas y también manchadas, ojos castaños, cabello negro rizado corto, una corona danesa decora su cabeza que demostraba ser el rey además de vestir un traje rojo con bordes dorados; en cuanto a la reina era muy enana, una mujer de raza Chihuahua de piel blanca, cabello largo y rubio ceniza, orejas largas y corto pelo rubio, ojos dorados y vestía un vestido blanco adornado de huesos de oro y tesoros de oro parecidos al azteca.

Los reyes se detuvieron frente a los visitantes del castillo.

Aquiles y el resto de los soldados se arrodillaron respetuosamente ante sus gobernantes.

-Buenos días queridos soldados, ¿quienes son las dos caras desconocidas que traen encadenados del cuello?-preguntó el rey con cortesía-y de pie por favor, saben bien que no es necesario que se arrodillen o inclinen para demostrar sus respetos a nosotros.

Los soldados volvieron a levantarse.

-Estos son intrusos que encontramos en los matorrales tóxicos cerca de las fronteras con el reino Klaue, majestad-contestó Aquiles al rey Gran Danés.

Kenta mantuvo su mirada hacia la reina perruna, aunque era de baja estatura y de apariencia débil se sabía que poseía un poder que haría temblar a cualquiera.

-Quítenles las correas, pero dejen los collares en sus collares. Vamos a escuchar sus razones y si demuestran ser peligrosos enciérrenlos en cuanto de la orden-habló de forma autoritaria la pequeña reina-querido ve tú a patrullar, yo los juzgaré.

-Madam, no es por desautorizarla pero creo que no es necesario que gaste su tiempo en estos intrusos-dijo Aquiles respetuosamente.

La reina sonrió de forma maternal.

-Gracias por tu preocupación sargento Aquiles, sin embargo, prefiero ser yo quien los condene o los perdone-contestó ella dando a entender que no iba a discutir el tema.

Lea no pudo soportar más y colapsó sintiendo que caía. Aún tenía la correa que la mantenía atada junto a Kenta del cuello, quien por un pequeño tirón se dio cuenta y por instinto la agarra antes de que se callera, casi causándole un gran dolor de cuello.

-Oye, no es momento para tropezar y caer... -Kenta se estaba quejando hasta que la da vuelta hacia él cuando se percata de que está inconsciente, le toma la temperatura-está hirviendo.

La reina vio claramente como colapsaba Lea.

-Lleven a la niña al salón de enfermos ahora, el juicio lo pospondremos hasta que se recupere-ordenó la reina completamente seria-al joven zorro espósenlo y déjenlo en la sala de detención.

Como lo había ordenado, los súbditos obedecieron.

Trasladaron a Lea a una cama de hospital para ser atendida por los médicos reales.

Kenta fue puesto en una sala parecida a la de una prisión con una reja que impedía la entrada o salida de cualquiera que no estuviese autorizado, aunque tenía un sillón y una litera para pasar la noche.

Escuchó desde allí a la reina conversar con la enfermera en un susurro casi inaudible y pudo detectar que mencionaron el nombre de Lea en medio de esta.

Cuando ella se desmayó y fue dirigida a la enfermería principal del castillo, se preocupó por su bienestar y se moría por saber qué la hizo enfermar tan rápido.

La reina pasó junto a la sala de detención.



Z4r1s4

Editado: 16.06.2019

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