Mundo Animano

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Capítulo 7

Lea esperaba que Kenta le respondiera sus inquietudes.
 


 

-¿Te preocupa que no te crean aunque digas la verdad?-indagó Kenta asegurándose de haber escuchado bien.
 


 

Lea asintió como respuesta.
 


 

-Si dices la verdad y no te creen sería un problema, pero tienen un miembro en la corte que puede detectar si mientes con solo mirar tu expresión corporal. Así que no temas decir la verdad, aunque parezca una locura-le contestó tranquilamente con franqueza-¿en verdad vienes de otro mundo? Lo mencionaste cuando te hallé.
 


 

-Es la verdad, vengo de un mundo viejo pero con vida nueva. Extrañamente es culpa de mi especie que casi se muriera la Tierra y otras criaturas-contestó de forma vaga y pensativa.
 


 

Tengo que volver, aunque en realidad no encuentro nada bueno en tener que regresar a mi monótona vida de criada. Me gustaría ser yo misma sin sufrir ninguna consecuencia que afecte a mis padres o hermanos reflexionaba absorta en sus pensamientos.
 


 

-Sí, en definitiva es difícil creer en tu discurso, sin embargo, si les cuentas cómo es tu mundo, ¿la Tierra no?, es más probable que los convenzas-afirmó aconsejándole con sinceridad. Las agudas y peludas orejas de Kenta oyeron pasos acercarse a la enfermería del castillo-alguien viene.
 


 

Una de las enfermeras, una mujer perra de raza Labrador negro, de ojos castaños, apareció por la puerta de la habitación. 
 


 

-Querida,¿cómo te has sentido ahora? -indagó amorosamente la labradora.
 


 

Lea estiró una de las comisuras de sus labios incómoda.
 


 

-Físicamente creo que bien, aunque me pesa el cuerpo un poco-contestó pensativa. 
 


 

-Es natural, dado que durmió un par de semanas enferma. Como ya se encuentra bien, la reina me mandó a mí y a mis compañeras a cambiar su ropa, querida-le informó con sabiduría. 
 


 

Si antes se sentía incómoda, el que otras personas la desnudaran y vistieran no le gustó nada a Lea. 
 


 

-No creo que sea necesario-protestó Lea nerviosa. 
 


 

Kenta solo observaba callado. 
 


 

-Por su puesto que es necesario, querida. Debemos lavar y eliminar los gérmenes que contrajo posiblemente en la ropa, incluyendo la interior-insistió la enfermera labradora-usted por favor, señor zorro, salga de aquí. Una dama no puede cambiarse delante de un hombre que no sea su esposo. 
 


 

Kenta hizo un gesto de disculpa a Lea y se fue a la celda antes que se dieran cuenta los guardias que había pasado el período excepcional que le dieron con autorización de la reina. 
 


 

Lea se ruborizó avergonzada, se levantó temblorosa de la cama mientras una fila de enfermeras se asomaban a la puerta de la habitación. 
 


 

-Creo que puede ponerme la ropa sola, si no les molesta- comentó nerviosa. 
 


 

-No lo creo, querida. Hoy debe reposar un poco más antes del juicio-negó la labradora. 
 


 

Una de las enfermera trajo una bañera con agua caliente.
 


 

-Ah casi se me olvidaba, también vamos a lavarla para eliminar el sudor y los gérmenes que aún permanezcan en su piel-informó despreocupada.
 


 

Tal como había dicho, quitaron y bañaron a Lea, contra su voluntad. No acostumbra que otras personas hagan ese tipo de tareas diarias por ella, en sus pensamientos más profundos solo era para princesas y chicas nobles caprichosas.
 


Le colocaron una larga túnica color crema de fino algodón con mangas que le colgaban, encima de esta lleva puesto una estola marrón sin mangas abierto por la mitad y amarrado por unas cintas negras trenzadas en la parte del busto, sus zapatos fue lo único que conservó de su vieja ropa.

Después de que las enfermeras terminaran de vestirla dejaron que descansara.

-Listo, eso fue todo querida. ¿No fue tan terrible, verdad? Si descansa lo suficiente mañana le daremos de alta-comentó la enfermera labradora y se retiró junto a las demás de la habitación.

Lea mientras se volvía a echar en la cama, pensaba en el consejo que le había dado Kenta, quien parecía cooperar para ser librados de culpas o perdonados por la reina Yaretzi. La cama era bastante cómoda, lograba que ella se relajara y se comenzara a sentir mejor en cuanto a su resfrío y a aliviar el estrés acumulado de años. En el lapsus que meditaba se fue quedando poco a poco dormida, el mundo de los sueños se convirtió en una nube negra producto de sus dudas pese a la calma que invadía cada vez más su mente hasta volverse gris y convirtiéndose en un hermoso cielo estrellado.

Kenta que había vuelto a la celda no pensaba nada en particular, solo esperaba la hora del juicio, sentado en la cama sin sábanas. Era cómoda pero fría, como una advertencia para el sospechoso.

En la mañana, Lea se incorporó de la cama tras una buena noche de sueño. Quiso saber la ubicación del baño, tocó una campanilla que estaba en la puerta de la enfermería y una enfermera se asomó allí, la misma labradora del día anterior.

-Querida, veo que se encuentra mejor ¿qué es lo que necesita?-preguntó con amabilidad la enfermera.

-¿Dónde está el baño?-le consultó avergonzada Lea.

La enfermera abrió una puerta dentro del cuarto que era un baño con lavamanos, ducha, inodoro, espejo y toallas limpias.

-¿Por qué no me trajern aquí ayer? -preguntó pensando en voz alta Lea sin darse cuenta que la enfermera la oía perfectamente.

-Era más rápido y menos agotador para la recuperación de su cuerpo, querida. Mientras dormía le administramos todo lo necesario para su aseo personal incluyendo cepillo de pelo-contestó serena la enfermera perruna.



Z4r1s4

Editado: 16.06.2019

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