Mundo Animano

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Capítulo 8

Kenta había logrado que al menos que pasara. Eso era un progreso.

Él se preguntaba cuánto era su nivel de conocimiento. No sabía cómo ayudarla a aprender ni cuanta paciencia debía tener.

-¿Qué tanto sabes, en cuanto a lectura y escritura?–preguntó Kenta pensativo mientras buscaba en la biblioteca un libro que le enseñara cómo enseñar a otros.

Lea estaba sentada en una mesa larga que permitía dejar varios libros, pergaminos y otros materiales de estudios. Kenta le dijo que lo esperara allí sentada.

Lo buscó como pudo con la mirada.

-Como ya dije, soy analfabeta. Quizás no sea una buena excusa pero nunca tuve tiempo como para detener a aprender una sola palabra ni siquiera una letra–contestó Lea en un susurro que sabía que él oiría.

Kenta encontró material en un estante, ya que ella no sabía nada debía partir con algo sencillo, nivel de infantes. Llenó un carrito de libros y algunos cuadernos, lápices grafito y tinta que la reina le dio para facilitar el estudio de Lea. Dado que no podía arriesgarse a que manchara la mesa empezaría a escribir con grafito y más adelante le permitiría las tintas.

Se fue a sentar junto a Lea a su derecha y le entregó los cuadernos y los lápices de madera con grafito.

-Ya que no sabes nada, deberás aprender desde el principio. Así que estaremos aquí hasta que puedas leer y escribir no solo una página sino diez sin errores–le explicó Kenta lo más conciso posible–te seré sincero no sé enseñar ni tengo mucha paciencia. Pero como debo hacerlo, voy a ser muy serio y estricto, si te equivocas te haré volver a empezar hasta que se te grabe en tu cerebro y si piensas desistir te obligaré a seguir hasta que quieras aprender, ¿estás de acuerdo con eso, Lea?

Ella se sorprendió de que la llamara por su nombre, si bien lo ha hecho un par de veces no lo volvió a hacer.

Aunque por alguna razón la sinceridad de Kenta no le molesta, es más comenzó a agradarle pese a tener siempre un tono algo hostil. Y que fuese estricto desde el principio le demostró cuan comprometido estaba con enseñarle a leer y escribir.

Lea asintió, no pudo reprimir una sonrisa agradecida.

-Está bien, no me molesta que me exijas. Kenta–aseguró ella aceptando las condiciones de Kenta.

Kenta se sorprendió pues esperaba que protestara, aunque le era más fácil así.

- Veamos, de acuerdo a este libro para enseñar lo básico durante ocho horas semanales puedes aprender en un mes, si incluimos fines de semana podrías aprender un poco antes de un mes–comentó Kenta mientras ojeaba un libro de enseñanza nivel preescolar–¿no te importa no tener descanso en esos días, verdad?

Lea estaba acostumbrada a trabajar de lunes a domingo, aunque no era de su agrado.

-¿Qué es un descanso, qué es un fin de semana?–se quejó de forma sarcástica antes de soltar un jadeo–ya es costumbre así que no importa.

Kenta asintió.

-Entonces empecemos de inmediato no hay tiempo que perder–concluyó Kenta.

Estuvieron toda la tarde sin pausa en la biblioteca, Kenta debía enseñarle poco a poco y ser insistente cuando le volvían los miedos a Lea.

Ya estaba oscureciendo, Lea bostezó por el cansancio.

Kenta recordó que era de hábitos diurnos, por lo que sería inútil continuar calentándole la cabeza. Con lo que había aprendido hoy era suficiente. Era demasiado pequeña como para pasar tsntas horas sin dormir. Aunque de pronto recordó que no había preguntado su edad, su rostro era muy infantil por lo que intuyó que era más joven que él, pero no sabía cuánto.

-Por cierto, Lea ¿qué edad tienes?–preguntó Kenta con curiosidad.

-Diecisiete, ¿por qué?–le respondió ella.

Kenta se sorprendió pues no se lo esperaba.

-Pensé que tenías menos, como doce o trece–admitió Kenta.

Lea bufó de fastidio. No era la primera vez que se lo decían.

-Ya sé, ya sé mi apariencia suele ser muy infantil pero no es mi culpa ser así–se quejó–¿Tú cuántos años tienes Kenta?

Le sorprendió que preguntara ya que en el reino Musail a nadie le importaba.

-Tengo veintiuno–respondió él–bueno dejamos esto por hoy, no quiero que te pierdas o no no seas capaz de ver el camino.

Ordenaron un poco antes de volver a la recámara de cada uno. Siguieron el mismo camino, dado que ambos dormitorios se encontraban en el mismo pasillo, al lado una de la otra.

Los dormitorios eran lo suficientemente espaciosos como para llenar un closet con ropa, con un escritorio, espejo y una cama individual de sábanas limpias con un cobertor amarillo con bordes blancos.

Lea se puso un camisón que la reina le había prestado durante su estancia en el reino Inu. Era de algodón rosa y un suave color azul, algunas pequeñas dalias y cempasúchiles bordadas en el cuello y las terminaciones de las largas mangas y de la falda del camisón.

Al sujetar los pliegues de las sábanas y el cubrecama se le salió una sonrisa al sentir la suavidad de la tela bajo su mano. Normalmente dormía sin cama ni colchón y siempre despertaba adolorida.



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Editado: 16.06.2019

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