Mundo Animano

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Capítulo 11

-Puedo hacerles el favor más insignificante hasta contactarles con nuestra respetada y venerada emperatriz–fue lo que había dicho Xantel fría y sin titubear.

Kenta se sentó cerca de Lea con las manos apoyadas a los bloques de concreto de la plaza.

Lea y Kenta se miraron con complicidad. Ambos tuvieron la misma idea.

-¿En verdad, puedes contactar con la emperatriz? Justo necesito hablar con ella–le preguntó ilusionada Lea, Kenta la veía de reojo sin decir nada. Solo la escuchaba revelar lo que pasaba por su mente a aquella serpiente que le acababa de dar la llave que necesitaban en bandeja de plata.

Xantel no cambió su inexpresión pero se sorprendió que quisiera ver a su gobernante.

-Por supuesto, tal vez por tu inexperiencia en este mundo no lo sabes ratita, pero soy una hermanastra de la emperatriz Yune Isis, la cobra real más venenosa y la más antigua serpiente de este reino ¿Por qué necesitas contactar con ella?–le afirmó y cuestionó fría y calculadora.

Lea la miró a los ojos suplicante.

-Necesito preguntarle si conoce algún caso parecido al mío, quiero volver a mi mundo pero no sé cómo. No sé si fue magia o por un portal como medio de transporte entre mi mundo y este–se justificó insegura si le creía–de alguna manera que desconozco llegué a este mundo al caer accidentalmente por un viejo pozo de donde vivo.

Xantel comprendió su urgencia pese a su inexpresividad, ella era vieja pero Yune ha vivido casi cuatro milenios, es la serpiente más sabia y veterana de todas.

-Normalmente para acceder a ver a la emperatriz Yune, debes pasar tres pruebas de valor. En estas se evalúa cómo te enfrentas a los problemas y si eres digno o digna de ver a nuestra señora soberana. Solo pocos tienen el privilegio de hacerlo sin ni una prueba–explicó Xantel seria–tienes suerte que debo cumplir con la ley, así que puedo ahorrarte pasar las pruebas pero solo a ti por ser la persona afectada por el ahora convicto, Green Plast. El hombre zorro deberá quedarse fuera a menos que envíe una solicitud con el fin de dar las pruebas.

A Kenta no le gustó nada esa condición, si la emperatriz decide atacar a Lea no podría interponerse ni protegerla.

-No estoy de acuerdo, Lea. No conocemos el temperamento de la emperatriz. Si algo pasa estarás indefensa–le manifestó preocupado con los ojos sobre Lea y sus orejas sobre esa mujer de raza anaconda.

Lea sabía que Kenta estaría intranquilo sin saber que está en buenas manos y segura.

-Aun si intentaras proteger a esta pequeña ratita, saldrían ambos lastimados si nuestra señora lo desea. No por nada es la víbora venenosa más mortal y sabia entre todas las serpientes venenosas de este reino–afirmó sin dudar del poder de su emperatriz. Por un instante al mostrar su orgullo hacia su gobernante, sus ojos rojos brillaron, aunque no se dieron cuenta ni Lea ni Kenta.

Xantel tenía años de experiencia en ocultar sus emociones, como fiscal y hermanastra de la emperatriz es vital que fuera así.

Lea lo pensó bien, necesitaba esa información. Tal vez no se le prestaría una oportunidad así de nuevo, incluso estaba dándole el privilegio de saltarse las pruebas y hablar directamente con la emperatriz.

Kenta miraba la expresión pensativa de Lea, esperaba lo que fuera a decidir. Al cumplir con su papel de guardián auto impuesto, estaba a su merced. Decidiera lo que decidiera lo iba a respetar, después de todo, ya le había dicho que ella confiaba en él incluso le confesó que le agradaba su compañía.

Debía confiar en ella también, pues sería inconsecuente sino lo hacía.

Lea no dudó más y aunque no le guste a Kenta no se le volvería a presentar en bandeja de plata una oportunidad así.

-Está bien, acepto tú condición. No quiero que Kenta se quede fuera pero no puedo despreciar esta oportunidad–confirmó con total seguridad y luego miró de reojo a Kenta intranquila de volver a herir al joven zorro que estaba a su lado sin obtener nada a cambio por ayudarla–¿no te molesta verdad, Kenta?

Cuando se lo preguntaba considerando lo que pudiera sentir, él no podía molestarse con la muchacha que estaba empeñado a proteger aunque lo quisiese. Algo en ella se lo impedía, quizás sea porque en el fondo le agradaba la personalidad de Lea.

Soltó un suspiro de resignación.

-Es tú decisión, Lea. Eres tú la que requiere esa información, solo si evita hacer enojar a esa mujer cobra ¿si? Sé lo más respetuosa posible–le respondió y pidió Kenta casi como una súplica, sorprendiéndose a sí mismo, miró a Xantel y luego su mirada regresó a Lea–no me gusta la idea, pero confiaré en que serás cuidadosa. Tampoco pienso estar tan lejos de la capital. No entraré, sin embargo, te esperaré para cuando salgas.

El corazón de Lea latía a mil por hora al oír que la esperaría, el cosquilleo en su barriga se volvió un cálido burbujeo encantada.

Le obsequió una grande y dulce sonrisa agradecida a Kenta.

-Gracias Kenta–le dijo con una extraña felicidad que no lograba esconder.

Xantel al mirar la ropa de Lea, le exigió que se cambiara a una más presentable cuando estuvieran en la capital.

Como ella era muy baja debía buscar ropa nueva, sin embargo, nada le quedaba bien. Las serpientes eran muy altas y no estaba dentro de los estándares, la ropa a la medida era costosa y no estaba dispuesta a pagar por una prenda que solo utilizaría una vez, aún si era para ver a la emperatriz.

Así que Xantel le permitió usar su ropa siempre y cuando se la ajustara mejor.

El viaje fue en un carruaje, verde con escamas de un dragón que ahora se creía extinto, arrastrado por tricepterus, una especie de reptil parecido al triceratop pero más pequeño y más dócil, sería un largo trayecto a la capital. Y una pariente y oficial del gobierno se vería fatal si era vista caminando como un serpentiano normal.

Xantel dejó que Kenta subiera también, se sentó junto a Lea. Estaban tan cerca aue sus brazos se rozaban y ella era consciente de su cercanía, miraba por la ventana fingiendo estar concentrada en el camino, avergonzada de cuan roja estaba su cara en ese momento.



Z4r1s4

Editado: 16.06.2019

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