Mundo de Dios

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IV

Luego del incidente en el pueblo de Q... y con la ayuda de mis nuevos amigos Daniela y Luis, continué mi viaje por las desoladas carreteras en busca de sobrevivientes. Me daba gusto el hecho de saber que ya no iba solo, sino que ahora venían conmigo un par de compañeros. Luis me ayudaba a conducir la camioneta cuando me sentía cansado al volante y a menudo contaba chistes para reírnos, además de conseguir municiones para las armas y víveres con que alimentarnos. Daniela por otro lado es una mujer muy amable y muy responsable, siempre preocupada de los detalles, incluso se preocupa por Luc, le da de comer todos los días y es muy cariñosa con él, se nota que es una doglover.

En medio de nuestro viaje, dimos finalmente con la carretera principal. Luis nos recomendó que antes de ir a la capital debíamos hacer una parada en el pueblo de Y... que estaba unos cuantos kilómetros al sur para buscar más provisiones y ver si había sobrevivientes. Daniela y yo estábamos de acuerdo y decidimos ir hacia allá.

Al llegar hasta la entrada de la carretera hacia Y... nos topamos con el pueblo de Ca... y nos llevamos una rara sorpresa: Habían vehículos militares abandonados a la entrada del pueblo. Luis llevó a Luc para ver si podía reemplazar las armas que llevábamos por las de los militares y sus municiones, mientras Daniela y yo entrábamos al pueblo en busca de sobrevivientes. No encontramos a nadie, de hecho el pueblo estaba completamente abandonado y no había siquiera señales de algún cuerpo muerto. Lo más raro de todo era que este era el único pueblo que conocíamos que no tenía daños en sus edificaciones como ocurrió en C... y en el pueblo de Q...

 

— Que extraño... —Decía Daniela—. No veo a nadie aquí. Seguramente abandonaron este pueblo antes de que ocurriera la catástrofe o de lo contrario ya habría ocurrido el colapso y habrían saqueado todo.

— Probablemente ya estaban enterados de lo que iba a ocurrir, pero... ¿Por qué solo ellos estaban avisados? ¿Por qué no avisar a las ciudades grandes? —Preguntaba.

— No lo sé Juan, de cualquier forma, espero que estén bien, dondequiera que sigan con vida —Decía con preocupación Dani.

— Sí —Afirmaba.

Después de captar algunas provisiones regresamos a la entrada donde se encontraban Luis y Luc. Venía cargado con unas ametralladoras M6 que retiró de los vehículos militares. Luc, al vernos, corrió de inmediato hacia donde estaba Dani moviendo la cola feliz.

 

— Parece que le caes bien a Luc. —Decía.

— Sí —Decía Luis—. No paraba de gemir esperando a que vinieras.

— Me imaginé que haría eso. Creo que me quiere mucho. Es un perrito muy lindo. —Decía con ternura Dani.

Luego de cargar las armas y las provisiones y llenar el tanque de combustible, proseguimos nuestro viaje. A medida que recorríamos la carretera hacia Y... veíamos la gran cantidad de camiones, blindados e incluso tanques del ejército abandonados en medio de la carretera y eso nos producía duda sobre lo que había ocurrido días atrás. ¿Por qué los militares estaban estacionados aquí? ¿Acaso ellos sabían lo que iba a ocurrir antes que lo supiéramos nosotros los civiles? O peor aún ¿Acaso esta catástrofe apocalíptica no es más que un acto despiadado de guerra desatado en alguna parte del mundo? ¿Cómo es que se explica la muerte de tantas personas? ¿Habrá sido provocado este apocalipsis? Esas eran las preguntas que nos planteábamos los tres.

Finalmente y tras sopesar algunas peripecias, llegamos hasta el poblado de Y..., lugar que estaba completamente en ruinas y destruido, tal vez producto del supuesto cataclismo que suponíamos no era. Con armas en mano, Daniela, Luis y yo salimos a explorar, acompañados de Luc. Queríamos ver si había sobrevivientes, al menos para ver si podíamos ayudar con algunas cosas o ayudar a salvar a alguien. El silencio era sepulcral y temíamos que hubiera fieras salvajes como las que me atacaron cuando rescaté a Luc en la carretera hacia Q..., por lo que había que ser precavidos.

 

— Mantengan los ojos bien abiertos muchachos... —Decía a los chicos—. Si nos descuidamos, podríamos ser atacados por fieras salvajes.

— O por pobladores desquiciados... —Decía Luis.

— ¡Eso es ridículo! No creo que sean tan locos como para matar a otros sobrevivientes. —Decía Daniela.

— No te confíes Dani, en medio de un acabo de mundo las personas se desquician en el caos y empiezan a matar para sobrevivir. Eso se llama actuar por instinto. —Decía Luis.



Arrebol

Editado: 26.10.2019

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