Mundo de Dios

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VII

Una persecución se inició en unos instantes cuando mis amigos y yo divisamos a lo lejos a un misterioso individuo cubierto de cara con una capucha, de esas de los anarquistas que tiraban piedras y palos a la policía cuando todavía existía civilización.

Luego de haber aniquilado al enorme y monstruoso gusano, el sujeto al verse descubierto por nosotros, escapó en una motocicleta y salió de la ciudad de Ch..., en dirección al norte. De inmediato Luis, Fran, Dani y yo, en compañía de Luc, entramos en la camioneta y arrancando el motor, salimos a perseguirlo para descubrir su identidad y que sabía de lo que estaba ocurriendo hasta ahora en este mundo ya muerto y desolado.

Tras dos horas de persecución por la desierta carretera, llegamos finalmente a la ciudad de T..., que estaba dividida por la autopista que se ocultaba bajo nivel de sus calles. Accedimos por un camino lateral y entramos en el centro. A diferencia de pueblos como el de Q... y el de Y... que estaban destruidos y la ciudad de Ch..., que estaba en ruinas, la ciudad de T... no parecía tener absolutamente nada de daños. Estaba casi intacta, sin ruinas ni daños que divisar, era como si la ciudad hubiese sido construida de nuevo, con edificios y casas nuevos.

Solo se notaba que había algo de basura en las calles. Probablemente esta ciudad había sido abandonada tras el cataclismo que azotó nuestro país, el mismo que cuestionamos haya ocurrido así como se dice, porque todavía teníamos dudas sobre si efectivamente sucedió así.

Cuando llegamos a la plaza, divisamos la motocicleta del encapuchado en las afueras de una edificación abandonada al frente de la catedral. Detuve la camioneta y salimos.

Esta vez fuimos todos en busca del joven misterioso, armados con rifles y pistolas, pues no sabíamos si era de fiar o si solo se trataba de un asesino desquiciado.

 

— ¡Este lugar me da miedo! —Exclamaba asustada Fran—. ¿Seguro que está aquí?

— Pues supongo que sí... ¿no viste la moto afuera? —Preguntó con ironía Luis.

— Es que... tal vez él sepa dónde puede estar mi hermana, ya me está preocupando mucho la situación. —Decía Fran.

— Dudo mucho que quiera ayudarnos Fran, no creo que sea tan amable como para decirnos donde está tu hermana —Afirmaba Dani.

— Dani tiene razón —Afirmé—. En estos momentos no podemos fiarnos de cualquiera. Si hemos sobrevivido es porque confiamos el uno al otro, así que debemos ser cautelosos con los extraños.

— No lo sé Juan... —Me hablaba Fran—. No creo que ese joven sea tan peligroso. Nos salvó de ese gusano allá en Ch..., quizá no sea peligroso.

— Esperemos que así sea Fran. —Dije.

Y en eso un vidrio se rompió, como si una piedra lo hubiera volado en pedazos. De inmediato apuntamos nuestras armas a la habitación donde se escuchó el ruido. No había nadie.

 

— ¡Dios! ¡Me asusté en serio! —Exclamó asustada Fran.

— Tranquila preciosa, yo te cubriré. —Decía Luis.

— ¡Gracias, eres un amor! —Exclamaba sonriente la joven.

De nuevo se volvió a escuchar un ruido como el de un vidrio quebrado. Luc ladró con intensidad hacia el lugar del ruido y corrió hacia allá, mientras nosotros lo seguíamos.

Al llegar al lugar, una mujer se abalanzó sobre Luis y trató de apuñalarlo con un cuchillo cocinero, pero él reaccionó a tiempo y le zafó el cuchillo, tirándolo lejos hacia un lado y empujando a la misteriosa mujer. Todos nos pusimos en medio para defender a nuestro amigo cuando se reveló la identidad de la chica.

Fran fue la primera en reconocerla y la joven también la reconoció.

 

— ¿No puede ser? ¿Vane? —Le preguntó Fran.

— ¿Fran? ¡No puede ser, eres tú! ¡Realmente eres tú! —Exclamó de felicidad la joven.

Y ambas se abrazaron emocionadas al encontrarse nuevamente. En efecto, la joven que reconoció Fran era precisamente su hermana, Vanessa, a quién buscábamos en la ciudad de Ch... Era muy parecida a Fran, pero tenía cara de niña y era más desconfiada que su hermana mayor, pues a nosotros nos miró con cara de ser malas personas, pero su hermana mayor le explicó que nosotros éramos sus amigos y que la habíamos rescatado en el pueblo de Y..., cosa que alegró a Vane, quién de inmediato tomó una actitud más amable y nos agradeció por lo que habíamos hecho con su hermana.



Arrebol

Editado: 26.10.2019

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