Mundo de Emociones

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El Mundo

 

En un mundo distante y en su mayor parte desconocido, donde solo gobiernan los sueños y pesadillas, imaginación e ilusión y donde el tiempo parece no tener influencia alguna, existe un bosque grande y frondoso, los árboles que allí permanecen son enormes, con muchas hojas y ramas, sus hojas son de colores intensos que varían en todas las tonalidades posibles, entre las raíces de los gigantescos arboles crece una variedad  increíble de plantas, de todos tamaños y tipos, y el musgo hace acopio de los espacios vacíos, en el suelo el pasto es húmedo y suave además de abundante.

Al no haber noción del tiempo, el día y la noche se reparten la extensión del bosque, justo en la mitad donde la luz de la luna y del sol se encuentran existe el atardecer, la combinación tanto del sol como de la luna le dan a este lugar un cielo casi negro con nubes anaranjadas. Justo en el  medio del bosque donde todo está iluminado por la luz naranja que se proyecta desde el cielo a la tierra, vive una niña de no más de 10 años de edad, su cabello es largo y negro, sus ojos son completamente grises sin rastro de color en ellos, la ropa que lleva es un camisón verde que le queda demasiado grande ya que llega a cubrir sus pies, pero lo que más llama la atención de ella es su actitud, neutra, sin emociones, sin expresión, y es que en realidad ella no tiene emociones.

La niña vive en una pequeña casa justo en la intersección del día y la noche, la casa está hecha de madera, con solo un dormitorio y un baño, el dormitorio tiene una cama y una extraña lámpara que proyecta figuras de criaturas bastante raras, el resto de la habitación está relativamente vacía, con unos libros amontonados en un rincón, juguetes empolvados, y otros cachivaches más esparcidos por la habitación. La niña siempre anda agarrada de un peluche que parece ser una especie  de cocodrilo rosa, tiene un montón de remiendos y parches hechos por ella misma, ella vivía sola, completamente sola en la inmensidad del bosque, solo con la compañía del cocodrilo de peluche con el cual hablaba en voz baja. La niña tenía una pequeña huerta de donde recogía vegetales para comer todos los días, la huerta parecía renovar sus vegetales cada día, así que no pasaba necesidades y por alguna desconocida razón el baño de su casa siempre tenía agua disponible.

La casa y sus alrededores se encontraban dentro de la zona del atardecer, más allá se encontraban el bosque de la noche y del día, la niña nunca se acercaba a estos, por la advertencia que había en un desvencijado letrero de madera escrito con una letra temblorosa, en el letrero se leía: No entrar en los bosques, animales peligrosos más adelante. En un principio la niña no sabía lo que significaba “peligrosos”, por lo que al terminar de leer el letrero se dirigió a casa a revisar un viejo libro grande y gordo donde se encontraba el significado de varias palabras, sin embargo no pudo encontrar esa palabra, lo más cercano que vio fue  peligro, pero no entendió del todo el significado de la palabra pero decidió que era mejor no acercarse, tampoco tenía alguna razón para hacerlo.

Los días pasaban con normalidad, cada día de la niña era siempre el mismo, una rutina total y pura, pero había algo especial que pasaba en su rutina , la niña despertaba cuando dejaba de tener sueño, comía algo que preparaba ella misma, salía al jardín a leer un libro, regresaba para comer  algo nuevamente después volvía a leer, finalmente si tenía hambre de nuevo comía algo rápido y se iba a dormir si estaba cansada, lo especial era que cada vez que acababa un libro aparecía uno nuevo, eran libros de todo tipo, biología, matemáticas, química, cocina, etc. Parecía como si cada vez que necesitaba aprender algo o saber algo el libro exacto aparecía  en casa, no tenía ni idea de cómo llegaban ahí, simplemente aparecían cuando despertaba, de esta forma el dormitorio se llenaba cada vez más y más de libros, pero simplemente los leía, no le evocaban ninguna emoción.



Gerson B. P.

Editado: 14.01.2019

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