Muñecas De Cristal

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Capítulo veintiuno

Lulú
La búsqueda está vigente, no bajamos los brazos, tenemos fe que las encontraremos. Los miedos y las dudas siempre están ahí, pero no nos cansaremos de buscarlas.  
Betsabé ha buscado detectives, pero ninguno de ellos ha encontrado el paradero de las chicas.   


—Señora Lulú, el detective Rozano ordenará un allanamiento esta noche —dijo uno de los policías.  
—¿Pero, el detective Córdoba estará en ese allanamiento? —pregunte mientras tomaba un sorbo de café.  
—Claro, él estará en todo momento. Pero, necesitamos la aprobación de Rozano —responde él, mientras se preparaba para seguir hablando. —Con permiso señora Lulú, pero debo irme, hay otros casos que atender —se despide y sonrió mientras él se aleja del jardín.  
—Ese allanamiento se debió de hacerse la noche anterior —dijo Betsabé a mis espaldas provocando que me asustará y diera un pequeño brinco.  
—¡Betsabé! No hagas cosas eso, tú sabes que me asusta —dije, colocando la taza en la mesa.  
—Algo me dice que no las encontraremos —dijo viéndome a los ojos. —Las encontraremos, tengamos fe —dije tomando sus manos para que dejaran de temblar —No sé qué haría si estuvieran muertas —dijo ella soltando en llanto. —No, no, no digas eso. Las encontraremos vivas, ellas son inteligentes, buscarán la manera de escapar —dije con ojos inundados de lágrimas. —No lo sé Lulú, tu y yo sabemos lo que les pasa a esas chicas —el llanto no se detiene, no ha dormido en días, en espera de una noticia. —Tengamos... —la conversación se interrumpe cuando llega Jorge.  
—¿Qué pasa? —pregunto Betsabé, limpiando su rostro. —Los detectives han llegado —dijo señalando la sala. —Está bien, en su minuto llegamos —responde ella.   
Quedo viéndome y una pregunta salió de su boca —¿Vamos? —dijo ella parándose de la silla.  
En sus ojos se miran el temor, para nadie es fácil esta situación, las chicas necesitan nuestra ayuda. Debemos que actuar rápido.  
—Sí, vamos —le respondí con una sonrisa.  
En la sala están los policías y detectives del caso. Esta noche irán al burdel Paradise; uno de las más caros de la cuidad.  
—Debemos de ir a ese lugar señor Córdoba —sugirió el policía Ramírez.  
—A las once de la noche salimos para allá —responde tomando un trago de whisky.  


Al pasar de los minutos observo como los policías se preparan para el allanamiento. Betsabé conversa con el detective algo asustada, pero yo inventó estar tranquila, sé que la encontraremos.  


Detective Córdoba   
Ver el miedo en estas dos mujeres, me hace investigar más sobre el caso.   
La señora Betsabé apenas duerme, mientras que la señora Lulú se mantiene en su fe.  
—Estamos listos señor —dijo el policía detrás de mí.  
—Esto es lo que haremos señores —respondí conversando a cada una de ellos, tomé un trago de Whisky y proseguí.  
Entraremos tres de nosotros, Lucas, José y yo.  
Ustedes dos irán a la barra de tragos, no hagan contacto visual con los chicos, ellos se la saben todas, mientras que yo estaré sentando en uno de los sofás en espera de una chica.  


En el burdel   
—Hola daddy —dijo una chica con apariencia latina, unos ojos grandes y color negros, una melena larga negro que llegan hasta su trasero.   
Su vestimenta es provocativa, una mini falda, y un top.  
—Hola —respondí sonriendo.  
—Que guapo estas —dijo ella metiendo su mano en medio de mis piernas —ella humedeció sus labios. —Si quieras vamos a una habitación —dijo mientras se descubría sus senos.  
—¿Sabes? Me parece espectacular —conteste mientras tocaba su pierna.  


Toma mi mano, y me lleva a una habitación cerca de la barra de tragos, ella empieza a quitarse las prendas hasta quedar en lencería, es inevitable admirar su hermoso cuerpo, pero la evite obligándola taparse con la sábana.  


—Ella me observa y ríe. —Él típico gay —dijo con media sonrisa.  
—No soy el típico gay —respondí cruzando los brazos.  
—¿Y entonces? ¿Qué quieres? —pregunto sentada en la cama envuelta en sabana.  
—¿Cómo te llamas? —pregunté.  
—¿Eso importa? —Pregunta molesta.  
—Soy detective encubierto niña —respondí acercándome hacia ella.  
—¿Qué? —pregunto frunciendo el ceño.  
—Si —respondí.  
—¿Me crees estúpida? Yo no te creo —responde con enojo.  
—Levante una ceja y saque la placa del pantalón —¿Ahora me crees? —pregunte.  
—¿Cómo entraste? Ellos te matarán si se dan cuenta —dijo recogiendo sus prendas.  
—Tenemos rodeado todo el lugar, hay policías dentro y fuera de aquí —respondí —Debes venir conmigo —dije en voz alta para llamar su atención.  
—Tengo miedo. Ellos buscarán a mi familia y las matará, si se dan cuenta que te ayude en esto —responde alterada mientras se vestía.  
—Ellos no sé darán cuenta —dije caminado detrás de ella.  
—Tú no sabes, está red es grande —voltea y me queda viendo a los ojos. —Tengo miedo de salir, tengo años de no ver a mi familia. Ellos me secuestraron cuando tenía trece años —dijo entre lágrimas. —Tú no sabes nada —dijo empujándome para luego irse de la habitación.  
Tomo el teléfono y marco a uno de los policías avisando que estamos listos para el allanamiento.  


Me quedo en la habitación, y unos gritos se escuchan en el interior de este, salgo para buscar a la chica, pero el bullicio no me deja concentrarme, las chicas corren de un lado a otro, mientras que los hombres encargados del burdel, están detenidos.  
Cuando el burdel se llena de policía busco a la chica, buscaba en cada habitación, pero no hay ningún rastro de ella. Hasta que uno de los policías informa que hay una chica en la cocina, llorando y me apresuro hacia el lugar.  



Genesis Bonilla

Editado: 26.11.2019

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